Fórmula 1: Gran Premio de Canadá

Hamilton a lo Ali, súper remontada de Sainz y Honda hunde a Alonso

Lewis Hamilton se llevó el GP de Canadá. Alonso fue 11º, Sainz, 9º (Getty)
Lewis Hamilton se llevó el GP de Canadá. Alonso fue 11º, Sainz, 9º (Getty)

El fin de semana en el Gilles Villeneuve parecía ser una trampa metereológica al más puro estilo los Juegos del Hambre. Lewis Hamilton podía pensar que su amenaza más feroz podían ser las nubes, pero una mancha roja le mojó la oreja en los primeros metros. Vettel embragó más hábil que los Mercedes y en la curva uno ya era líder. Se liaron otra vez las flechas de plata, esta vez con Nico Rosberg peor parado. Toque entre ambos y el alemán en un paseo por la hierba para no recordar: 10º.

Los Red Bull también habían desayunado bien de taurina y se colocaban en tercera y cuarta posición. Fernando Alonso era octavo, y en tres vueltas, décimo. Aguantaba el chaparrón que venía por detrás, pero en la recta del Casino se quedaba sin fichas: el motor Honda no aguantaba ni al Force India de Hulkenberg, ni al Mercedes de Rosberg.

Los McLaren iban a tener que entonar algún cántico tribal para hacer caer la lluvia sobre el Gilles Villeneuve: era su única oportunidad de capturar puntos en esta jaula forjada para motores. Alonso y Button formaban un grupo de la muerte donde tenían todas las de caer. Pérez, los Haas y Toro Rosso querían sus puntos.

La forzada maquinaria de Button llegó a la extenuación en la vuelta 11. Su motor Honda se rompía ante la presión trasera y se anclaba en la cuneta. ‘Uno menos’, pensarían los de atrás. Fernando respiraba un poco. Mínimamente. El efímero Virtual Safety Car invitó a la parada de los Ferrari, que montaban el superblando. Estrategia arriesgada, quizá suicida.

Los Red Bull se interponían ahora en su camino hacia los Mercedes. No le costó mucho a Vettel quitarse de encima a Ricciardo y Verstappen: aunque el motor Renault se vista de Tag-Heuer, Renault se queda. Una mala parada de Fernando Alonso le hundía hasta la decimoquinta plaza, a pelearse contra su monoplaza y la nada. Los milagros, a Lourdes.

Sainz remonta; sufre Alonso

Carlos Sainz escalaba posiciones de manera silenciosa, siempre sin parafernalia ni voz a su alrededor. Undécimo, oliendo los puntos, y resistiendo con su Toro Rosso de motor Ferrari anticuado, creado para centellear en circuitos aerodinámicos. Carlos suele brillar siempre, pero algunos optan por cerrar los ojos.

El espíritu de Honda se apoderó del Ferrari de Raikkonen que era un tractor imposible de pasar para Ricciardo, Bottas y Rosberg. Se formaba otro grupo en el circuito con el claro pensamiento personal de ser solistas. Kimi desentonaba demasiado y optaba por repetir parada: esta vez neumático blando.

Massa se retiraba tras seis carreras puntuando, y los neumáticos se desgastaban como un cigarro mal fumado. La calle de boxes parecía un anden de metro en hora punta: muchos monoplazas entrando y saliendo. Carlos Sainz se asentaba en zona de puntos, noveno; mientras que Alonso sufría en la duodécima.

Vettel y Hamilton establecían una guerra fría en la distancia. De ajedrecistas en el muro; de águilas en la pista. La situación de carrera era, por momentos, esquizofrénica. Mirases donde mirases, como en el baile de una boda, siempre había algo interesante. Rosberg peleaba con Bottas por la cuarta plaza; Verstappen era de podio y la lluvia seguía escondida.

El neumático de Lewis Hamilton no terminaba de morir, a pesar de que la cámara hablaba de graining. Vettel esperaba sigiloso detrás, esperando que las gomas del 44 le convirtieran en una tortuga. Por detrás, las paradas de sus rivales colocaban fugazmente a Fernando en los puntos, pero Pérez borraba rápido su esperanza. Carlos no cejaba en su empeño de certificar su súper remontada: noveno.

Rodaba más rápido que Hulkenberg y su Force India de motor Mercedes. Iba a tener 9 vueltas para capturarle y añadir a su museo canadiense la duodécima víctima. Vettel se quemaba en su ansia de alcanzar a Hamilton y la noticia era que no se saltara la última chicane. Bottas podía repetir podio si no pasaba nada raro.

Verstappen daba un clinic sobre defenderse con un coche inferior en prestaciones. Rosberg se subía por las paredes para dar cuenta del niño, que tras dos adelantamientos cantados, erraba en el cálculo final. Se marchaba Max y esta vez parecía que Nico no iba a alcanzarle. La primera curva de la carrera había condenado a Rosberg al infierno para cualquier Mercedes: fuera del podio.

Alonso hablaba en radio de retirada y su ingeniero le replicaba que continuara en pista con un coche de motor inútil, y neumáticos de 44 vueltas. Quizá alguna retirada de los de arriba… Andaba por la pista y, sacando el orgullo, recuperó la posición con Kvyat: undécimo. Una posición mediocre en un circuito imposible para McLaren-Honda.

Nadie puede con Hamilton

Lewis Hamilton se hacía con la carrera para desesperación de Vettel. Continuaba con su homenaje a Muhammad Ali por la radio: «Vuelo como una mariposa, pico como una abeja». Rosberg atacaba a Verstappen con todo lo que le quedaba, y agotaba sus esperanzas con un trompo que, por lo menos, no fue letal. Bottas repetía un podio para saborear un champán añorado por él.

El Mundial se ajusta con el regreso de Lewis Hamilton a su versión devastadora. Alonso y McLaren continúan en la incómoda ausencia de una vulgar rutina. Dos leyendas que se han acostumbrado a perder y ser ninguneadas sin casi sobresaltos. Ya no sorprende la humillación constante que supone el motor Honda en las entrañas del MP4-31. La luz de Alonso se apaga por momentos ante un futuro confuso. Sólo Sainz llena de color un vacío que no tiene pinta de poder ser colmado próximamente.

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