EEUU-venezuela

Delcy fulmina a Vladimir Padrino, que concentró un poder sin precedentes al controlar el ejército chavista

Controló también sectores económicos corruptos clave como el contrabando de combustible o la minería ilegal

La decisión es otra concesión al proceso de apertura hacia la democracia en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro

Vladimir Padrino Venezuela
Vladimir Padrino, (derecha) y Delcy Rodríguez. (Ep)
María Ruiz
  • María Ruiz
  • Portadista. Especialista en 'breaking news' y noticias de nacional e internacional. Nací al periodismo en Abc, ayudé a fundar La Razón y viví en Las Provincias.

Delcy Rodríguez, presidente encargada de Venezuela designada por EEUU para dirigir la transición en Venezuela, ha destituido al general Vladimir Padrino del Ministerio de Defensa, cargo que ocupaba desde 2013. La decisión es otra concesión al proceso de apertura hacia la democracia en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por parte de EEUU el pasado enero. El alto mando militar Vladimir Padrino había acumulado un poder sin precedentes dentro de la narcodictadura venezolana.

Vladimir Padrino encarnaba el dogma militar chavista ya que durante más de una década consolidó un control casi absoluto sobre la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), asegurando lealtades a través de ascensos, privilegios económicos y una narrativa de «defensa de la patria» que lo posicionó como intocable.

Su figura se fortaleció especialmente tras las sanciones internacionales contra la Venezuela del narcodictador Maduro, ya que controlaba no solo las operaciones militares, sino también sectores económicos corruptos clave como el contrabando de combustible, la minería ilegal y redes de distribución que beneficiaban a la cúpula chavista.

La destitución llega en el contexto más delicado posible. Tras la operación estadounidense que capturó a Maduro y a Cilia Flores, Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada con el respaldo inicial del Tribunal Supremo de Justicia y de sectores militares.

Padrino, en sus primeras declaraciones, cerró filas: reconoció a Rodríguez como comandante en jefe, condenó el «secuestro» de Maduro y llamó a la unidad. Sin embargo, su discurso fue percibido como tibio por algunos mandos medios y duros del chavismo, que criticaron la falta de respuesta militar efectiva durante la incursión extranjera. Rumores de descontento circularon en cuarteles: ¿por qué no hubo resistencia real? ¿Por qué el alto mando parecía más preocupado por preservar estructuras que por contraatacar?

Ha sido reemplazado por Gustavo González López, un general con trayectoria en inteligencia y seguridad, cercano históricamente a sectores pragmáticos del chavismo y con menos arraigo en el dogma militar tradicional.

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