Historia de vida

Tomás (64 años) lleva más de 12 años viviendo aislado en un pueblo milenario del Pirineo catalán: «Yo no interpreto la soledad como si fuera algo malo»

Tomás, sentado a una mesa de madera. Foto: YouTube - Monxileros
Tomás, sentado a una mesa de madera. Foto: YouTube - Monxileros
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Tomás, de 64 años, lleva más de 12 años instalado en Solanell, un pueblo milenario del Pirineo catalán que se quedó sin habitantes en los años setenta.

La aldea pertenece al municipio de Montferrer y Castellbó, en la comarca del Alto Urgel (Lérida), cerca de la frontera con Andorra. Durante los cinco primeros años fue su único habitante, según contó en un reportaje para el canal de YouTube de Diego Revuelta.

Según el propio Tomás, hoy el pueblo conserva unas 40 casas, pero solo cinco tienen vida. Allí residen hoy cinco personas, tres de ellas de forma fija.

¿Cómo vive Tomás la soledad en un pueblo abandonado del Pirineo?

Llegar a Solanell no es fácil, y el reportaje de Diego Revuelta lo describe como un lugar «completamente aislado». Sin embargo, Tomás no comparte esa idea. Para él, la distancia física es una cosa y el aislamiento, otra muy distinta.

«La soledad yo no la interpreto como si fuera algo malo», explicó Tomás a Diego Revuelta.

Para él, la soledad elegida es «supernecesaria» para reflexionar, despejar la cabeza y mantener la relación con la gente querida. Es «una soledad querida». El aislamiento, en cambio, es quedarse sin vínculos, algo que ve sobre todo en las ciudades, donde hay «muchísima gente aislada pidiendo ayuda», pese a estar rodeada de otros.

En otro reportaje para el canal de YouTube Monxileros, Tomás contó que su hija y sus amigos lo llaman a menudo. Cuando quiere ver gente, baja a La Seo de Urgel o se acerca a Andorra. Y cuando alguien sube al pueblo, él siempre sale a presentarse.

«Lo malo es cuando una persona está aislada y no es este lugar, porque aquí no siento el aislamiento», afirmó Tomás.

Vista general de Solanell, en el municipio de Montferrer y Castellbó (Lérida). Foto: Jaume vía Wikimedia Commons - Dominio público
Vista general de Solanell, en el municipio de Montferrer y Castellbó (Lérida). Foto: Jaume vía Wikimedia Commons – Dominio público

El accidente que llevó a Tomás a cambiar la ciudad por Solanell

Antes de mudarse, Tomás ocupaba un puesto de responsabilidad en una empresa de paquetería. Durante un reparto en Fraga atropelló a un perro, y el hijo de los dueños le dio un puñetazo en el cuello. El golpe le provocó un coágulo en la arteria de la retina y la pérdida de visión del ojo izquierdo.

En lugar de apoyarlo, la empresa decidió despedirlo. Poco después, su hermano le habló de Revivir Solanell (Reviure Solanell, por su nombre en catalán), una cooperativa creada para repoblar el pueblo. En la primera visita, Tomás solo vio ruinas. Sin embargo, tras tres meses de reflexión, decidió instalarse allí y reconstruir una antigua casa de piedra.

Hoy vive con un subsidio de 480 euros. En Solanell no hay bares ni tiendas, así que el gasto que tiene es mínimo. Tomás baja a comprar una vez por semana, llena el congelador y prepara conservas con los productos de su huerto y con las setas que recoge en temporada.

Solanell, un pueblo del Pirineo con más de mil años de historia

Según la Enciclopedia Catalana, el nombre de Solanell apareció por primera vez en una escritura de venta del año 941. Más tarde, la iglesia de San Julián figura en documentos desde el año 971.

Durante la Edad Media, la aldea perteneció a los vizcondes de Castellbó y, en el siglo XIX, el pueblo llegó a reunir unos 200 habitantes, según lo que cuenta Tomás.

Sin embargo, con la industrialización, los vecinos emigraron a las ciudades. Así que en los años setenta Solanell quedó vacío y la vegetación empezó a cubrir las casas.

La repoblación arrancó con Saúl Garreta, un arquitecto de Tarragona que llegó hace 22 años y compró buena parte del pueblo. Su plan era crear un pueblo cooperativo, con la gestión del agua y la producción en manos de la comunidad.

Hasta ahora, el proyecto ha levantado cinco edificios, pero el resultado quedó muy por debajo de sus expectativas. «De lo que yo me había imaginado, si tengo que ser sincero, pues la mitad de la mitad de la mitad», reconoció Saúl Garreta en el reportaje de Diego Revuelta.

Según el arquitecto, hoy en día en Cataluña hay más de 300 pueblos abandonados y en España, unos 4.000.

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