La primera jornada del Mad Cool se celebra sobre un estanque de tormentas y bajo lluvias torrenciales

Dave Grohl, integrante del grupo estadounidense Foo Fighters, fue lo mejor de la primera jornada del Mad Cool 2017. Foto: EFE
Dave Grohl, integrante del grupo estadounidense Foo Fighters, fue lo mejor de la primera jornada del Mad Cool 2017. Foto: EFE

Hace un año, la polémica envolvía al Mad Cool incluso antes de haber celebrado su primera edición. Uno de los periódicos más leídos en España advertía de que el suelo bajo el festival madrileño podría hundirse según informes del Ayuntamiento de Madrid. Todo quedó en agua de borrajas. El sol brilló con fuerza y, salvando los problemas con el sistema cashless y los errores de novato típicos de la primera edición de un festival, el Mad Cool terminó su primera edición mejor de lo que empezó. Pero el agua de borrajas del año pasado no es la misma que la que cayó ayer en Madrid.

Pero aquel titular resuena con fuerza este 2017 tras las trombas de agua que ayer inundaron metros, centros comerciales y hospitales de la capital española. Y es que el aparcamiento de La Caja Mágica de Madrid, donde bailarán desenfrenados más de 40.000 abonados al Mad Cool durante tres días, se levanta sobre un estanque de tormentas. Una estructura donde se filtran los excesos de agua tras lluvias copiosas. Y lo de ayer no fue copioso, fue torrencial.

El festival Mad Cool se celebra en el aparcamiento de la Caja Mágica, sobre el Estanque de Tormentas de la China.
El festival Mad Cool se celebra en el aparcamiento de la Caja Mágica, sobre el Estanque de Tormentas de la China.

El Ayuntamiento de Madrid negó rotundamente, el año pasado, que existiera riesgo alguno para los asistentes al Mad Cool, tal y como publicaba El Mundo. Pero los informes estaban ahí. Tanto la Dirección General de Gestión del Agua y Zonas Verdes como el Servicio de Relaciones Institucionales del Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento desaconsejaron la celebración del festival en 2016 por un peligro potencialmente catastrófico: el derrumbe de la cubierta que cubre el Estanque de Tormentas de la China (bajo la zona norte del parking de La Caja Mágica, justo donde se levantan los escenarios del Mad Cool). Esta cubierta se diseño para aguantar un determinado peso, pero el paso de los años y diversas circunstancias han propiciado la aparición de daños estructurales y filtraciones en la cubierta en cuestión.

Según relataba, el año pasado, la directora de Gestión del Agua (firmante de uno de los informes que dudaban de la seguridad del Mad Cool) , el festival se celebra sobre todo el aparcamiento del recinto municipal, 30.000m2 aproximadamente. Casi la mitad de esa superficie se encuentra sobre el estanque de tormentas. Las alarmas saltaban entre los expertos cuando la organización del Mad Cool planeaba que la parte sur del parking fuera una zona de esparcimiento, mientras el grueso del montaje se levantó sobre la zona del estanque que acumula el exceso de agua durante las lluvias. Y ayer (y hoy se prevé más de lo mismo) llovió como nunca en Madrid. Tanto que en redes sociales uno de los hashtags más usados de ayer fue #MadPool (un juego de palabras en inglés con el nombre del festival y la palabra piscina en ingles)

A festival is a festival even if it’s in Spain 🌨😂 #mudfest #madcool #madrid

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La organización del Mad Cool pidió asesoramiento, previo a la celebración de su primera edición, a la empresa Intemac, que ya había inspeccionado con anterioridad la estructura del Estanque de  la China. Y obtuvo todos los permisos, y certificaciones de seguridad, necesarios para celebrarse. Se desconoce si este año han realizado las comprobaciones necesarias. Y las líneas del festival se encuentran inactivas para poder consultárselo desde hace dos días. Nadie responde a los mails ni atiende las llamadas.

Pantallas gigantes inútiles y el miedo de The Lumineers a los truenos en #MadPool

No pintaba tan gris el panorama cuando meses atrás se agotó el aforo del II Mad Cool Festival, pero julio ha querido retorcer previsiones con un diluvio en la primera jornada que, con todo, no disuadió a los 45.000 asistentes de disfrutar de los grandes cabezas de cartel de la edición, Foo Fighters. Aprendiendo de los errores pasados, este año el idílico sistema ‘cashless’ ha dado paso al de toda la vida: pagar las consumiciones en barra. Obviamente no ha dado problemas, más allá de las esperas.

«¡Es una noche jodidamente bonita!», gritó su líder, Dave Grohl, ya sin nubes a la vista, incapaz de ocultar su buena estrella después de casi 20 horas de agua sobre Madrid, aunque la organización comunicara desde bien temprano que la suspensión no era una opción y que las camisas hawaianas debían dar paso al menos hoy a los chubasqueros.

Negro como pedernal se desplomaba el cielo en la apertura de puertas de La Caja Mágica al principio de la tarde, cuando se daba acceso rápido a unos pocos valientes para que alcanzaran las zonas cubiertas ante una lluvia que ocultaba incluso la simbólica noria del festival.

No fue hasta las 19,30 horas aproximadamente cuando las nubes dieron tregua, coincidiendo con la llegada masiva de asistentes para disfrutar bajo techo del directo de los españoles Neuman o del del cuarteto femenino de rock Warpaint, este al raso.

Llegado ese momento no se habían registrado tampoco incidencias grandes más allá del apagón de las pantallas, inservibles en toda la jornada para seguir los conciertos multitudinarios, o la media hora larga de retraso en el show de The Lumineers (algunas fuentes indicaron a Efe que la banda no quería salir por los truenos), que apenas actuaron durante 25 minutos para desilusión de sus fans.

«Vamos a hacer un concurso, a ver quién pierde primero la voz»

Nada que ver con la salvaje irrupción de Foo Fighters poco después, con la práctica totalidad de los asistentes pendientes de ellos el día en el que se cumplían 6 años de su último concierto en Madrid, calificado entonces por la prensa y por ellos mismos como una cita para la historia. Cita que a punto estuvo de retrasarse por el atasco que sufrió la banda llegando al recinto.

La lluvia, parece que respetuosa con los fans, dio una tregua durante el concierto de Foo Fighters. Y, aunque el aforo no se vio resentido y fueron pocas las bajas, la gran mayoría de los asistentes tuvo que conformarse con escuchar a la banda, ya que las pantallas no funcionaron en toda la jornada. Solo los más cercanos al escenario pudieron ver algo.

Foo Fighters smashing it at @madcoolfestival last night 💥🎪🙌 @foofighters

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«Va a ser una noche larga», pronosticó Grohl, gran maestro de ceremonias de un show de casi dos horas y media que dio para dejar el cuerpo dolorido entre espasmos, celebrar momentos de emponderamiento personal y exaltación de la amistad y hasta para arrullos románticos en formato semiacústico.

Con la única salvedad de «Cold day in the sun», como siempre con el batería Taylor Hawkins como protagonista, Grohl estuvo omnipresente, desmarañada la melena y presto a dejarse el alma a cada momento, voraz como Cronos o milagroso como Moisés al frente de un sexteto que, con ocho manos a las cuerdas, construyó un muro impenetrable. Decididos a dejar huella en Madrid, hasta subvirtieron el orden y composición de shows previos, arrancando a lo grande con «Everlong», habitualmente su fin de fiesta.

Entre las más de dos docenas de canciones interpretadas cupieron canciones como «Monkey wrench» y «Learn to fly», pasando por las ineludibles «The pretender», «Walk», «Times like these» o «My hero», con el público coreando el estribillo a pleno pulmón.

«Vamos a hacer un concurso, a ver quién pierde primero la voz, yo puedo cantar toda la noche», previno ya al inicio, y no eran pocos los que se sorprendían de que no se dejara la garganta entre notas musicales y berridos sostenidos. Incluso hubo tiempo para su nuevo álbum, «Concrete & Gold», que se publicará en septiembre con la ya conocida «Run» o una pieza romántica a la guitarra que ha dado en llamar «Big me» y que también sonó en el concierto principal de esta primera jornada del segundo Mad Cool.

 

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