Guerra en las gasolineras de Baleares: hasta 40 céntimos más por litro según dónde repostes
Estas diferencias pueden suponer más de 20 euros extra en un solo depósito

Repostar combustible en Baleares se ha convertido en una auténtica ruleta rusa para los conductores. La creencia de que el precio de la gasolina y el gasóleo es similar en toda la comunidad autónoma se desmorona en cuanto se comparan los carteles luminosos de las estaciones de servicio. La realidad es contundente: llenar el depósito puede salir hasta 40 céntimos más caro por litro dependiendo de la gasolinera elegida, una diferencia que acaba suponiendo decenas de euros de sobrecoste en cada repostaje.
Un análisis realizado por OKBALEARES sobre los precios de las 172 gasolineras existentes en Mallorca confirma una guerra de precios sin precedentes en la isla, con estaciones que ofrecen carburantes a precios mínimos y otras que los disparan hasta niveles que rozan máximos históricos. El mismo combustible, el mismo día y a pocos kilómetros de distancia puede tener un precio radicalmente distinto, sin que el consumidor tenga una explicación clara.
En el caso del gasóleo A, las diferencias resultan especialmente llamativas. El precio más barato de Mallorca se sitúa en 1,249 euros por litro y puede encontrarse en la estación Just Fuel de la calle Puig de Sant Nicolau, en Felanitx, así como en las gasolineras Plenergy ubicadas en la carretera MA-19, a la altura del kilómetro 9 en Campos, y en la calle Samil, en Platja de Palma.
Estos precios contrastan de forma brutal con los de otras estaciones que superan ampliamente la barrera del euro y medio por litro. Las más caras venden el gasóleo a 1,569 euros en dos estaciones Cepsa situadas en Ses Salines y Vilafranca de Bonany, mientras que el récord negativo lo marca una estación Repsol en la Colònia de Sant Jordi, donde el litro alcanza los 1,589 euros.
Traducido a cifras reales para el bolsillo del conductor, la diferencia entre repostar en la gasolinera más barata o en la más cara puede suponer más de 20 euros extra en un solo depósito, una cantidad que muchos usuarios pagan sin ser conscientes de ello, especialmente en zonas turísticas o de paso.
La situación no es mejor en el caso de la gasolina 95, donde la brecha de precios es aún más alarmante. El litro más barato se sitúa en 1,319 euros y vuelve a encontrarse en Just Fuel de Felanitx y en las estaciones Plenergy de Campos y Platja de Palma. En el extremo opuesto, algunas estaciones elevan el precio hasta cifras que rozan lo abusivo.
Cepsa en Alaró, Repsol en el Port d’Andratx y otra estación Cepsa en Vilafranca de Bonany venden la gasolina 95 a 1,599 euros por litro, mientras que la estación más cara vuelve a estar en la Colònia de Sant Jordi, donde una Repsol alcanza los 1,659 euros por litro.
Estas diferencias provocan que llenar un depósito medio de gasolina pueda costar hasta 17 euros más según el lugar elegido, una situación que genera indignación entre los conductores en un contexto de inflación generalizada y encarecimiento del coste de la vida.
Detrás de esta disparidad de precios se encuentra, en gran medida, la estructura del mercado. En España, Repsol, Cepsa y BP concentran el 61% de las estaciones de servicio, lo que reduce la competencia real y deja poco margen a los operadores independientes. Estas gasolineras, conocidas popularmente como low cost, aplican tarifas mucho más agresivas para intentar atraer clientes y competir en un mercado dominado por grandes marcas que juegan con ventaja.
Pese a la desconfianza que aún mantienen algunos consumidores, diversos estudios desmontan el mito de que el combustible barato es de peor calidad. Un informe de la Organización de Consumidores y Usuarios concluye que el carburante de las gasolineras independientes cumple con la normativa europea y no presenta diferencias significativas de calidad respecto al de las grandes cadenas, lo que refuerza la sensación de agravio entre quienes pagan precios muy superiores por el mismo producto.
Con este escenario, repostar en Baleares ya no es una acción rutinaria, sino una decisión que requiere comparar, planificar y, en muchos casos, desplazarse unos kilómetros para evitar pagar el combustible a precio de oro. Mientras tanto, la guerra de precios continúa y los conductores siguen siendo los grandes damnificados de un mercado que castiga la falta de información y premia únicamente a quienes saben dónde parar.