Hoy Javier Cárdenas te cuenta lo sucedido con el conductor del autobús de la línea Madrid-Bilbao, que sufrió un desvanecimiento a la altura de Lerma cuando circulaba a 120 kilómetros por hora. Hubo ataques de ansiedad, gente que se quedó en shock. «Creíamos que era el final», decían los pasajeros aterrorizados. Un viaje que, a la altura de Lerma (Burgos), se convirtió en una auténtica pesadilla para los viajeros.
Todo comenzó cuando un autobús ALSA iba rumbo a Bilbao el pasado domingo a las ocho y media de la tarde. En cierto momento de la ruta, los pasajeros se dieron cuenta de que el vehículo pisaba las líneas de la calzada. Al mirar hacia delante comprobaron que el motivo de las extrañas maniobras del bus era que el conductor había sufrido un desmayo. Su cabeza estaba posada sobre el volante. En esos momentos circulaban a 120 kilómetros hora. Tal era el pánico entre la gente que viajaba en ese autobús que algunos pasajeros incluso llamaron a su familia para despedirse. Gracias a dos personas se pudieron salvar. Según cuentan ellos, «agarraron el volante y lograron llevarlo hasta un área de servicio. Si no es por ellos, hubiese sido un accidente gravísimo, no estaríamos vivos».
De momento, el accidente está en fase de investigación. «El conductor dio negativo en la prueba de alcoholemia. Estamos a la espera de los resultados del test de drogas que lleva unos días», explica a NIUS el teniente de la Guardia Civil. Aún sin recuperarse del susto, los pasajeros hacen una petición a la empresa de autobuses: «No sabemos todavía qué le pasó exactamente al conductor y creemos que nos deben unas explicaciones», afirman.