Tetris socialista

Tetris socialista
  • Carla de la Lá
  • Escritora, periodista y profesora de la Universidad San Pablo CEU. Directora de la agencia Globe Comunicación en Madrid. Escribo sobre política y estilo de vida.

Llevo todo el día intentando meter a estos cinco señores en un Peugeot y no hay manera. La culpa es de la UCO, que ha detenido a Cristian Corvillo (señalado como chófer de Pedro Sánchez en las primarias de 2017).

Hasta hoy sólo eran cuatro: Sánchez, Ábalos, Cerdán y Koldo. Y ya era una epopeya; cinco son un Tetris, y España entera se pregunta: ¿cómo cabían? Con la detención de Corvillo se completa una estampa que merece entrar en los manuales de la geometría política. No porque cinco personas no quepan en cinco asientos, sino porque no todas las personas ocupan lo mismo.

Los coches tienen cinco plazas. Es una de esas certezas que parecían a salvo: dos delante, tres detrás, cinturones, reposacabezas y, una bolsa de patatas; pero eso no era un coche. Era un experimento de antropometría, un lavaplatos socialista, donde cada elemento tiene exactamente un sitio y ningún otro.

Veamos, lo sensato es que Pedro Sánchez, doblando las rodillas como una cigüeña institucional, habitara el asiento de honor, el copiloto, mirando por la ventanilla una nube con la silueta de La Moncloa. Corvillo al volante: alguien tenía que concentrarse en la carretera mientras los otros reorganizaban el destino de España entre una gasolinera de las que te dejan el culo helado y un restaurante de menú apestando a multiusos. Es la disposición más jerárquica. Detrás, Ábalos junto a una puerta, Koldo en la otra y Cerdán en el asiento central, su lugar indiscutible: el purgatorio de la tapicería, con los dos hombros en negociaciones multilaterales.

No sé, Sánchez mide 1,90, pesa 94 kilos (lo confesó en El Hormiguero); Koldo roza el 1,90 y pasa de los cien. Ábalos y Cerdán rondarán los 80, a ojo. Corvillo está bajo secreto de sumario. Metan todo eso en un coche de 1,81 de ancho. Algunos cuentan que era un Mercedes: mismo Tetris, mejor tapicería.

Pensemos en una hipótesis ergonómica, por ejemplo: Koldo ocuparía el copiloto, porque los cuerpos grandes también tienen derechos humanos, y Sánchez iría detrás (eso si fuera un verdadero socialista, pero no existen).

Cinco piezas en cinco huecos admiten 120 repartos. Si Sánchez va de copiloto, Koldo va detrás y el coche levanta el morro como una lancha. Si Koldo va delante, Sánchez es buena persona y tiene un narcisismo sano, descartado. Falta lo que más abulta y no sale en la ficha técnica: el ego. Del 1 al 5, sin rigor clínico: Sánchez 5, Ábalos 4,5, Koldo 4, Cerdán 3,5 y Corvillo 2,5. ¿Diecinueve unidades de ego y medio en cinco plazas? No.

Siempre queda el maletero. No como castigo, sino como despacho auxiliar: una oficina itinerante de alta confidencialidad, con luz cenital al abrirse, moqueta… Perfecta para el que tuviera asuntos delicados que atender o debiera desaparecer de una fotografía. Una plaza extraordinaria: sin cinturón, pero sí una enorme proyección de futuro.

Tengo otra solución, y es cuántica. En la física tradicional, cinco hombres ocupan cinco asientos. En la física política, los cinco ocupan todos los asientos a la vez hasta que una periodista abre la puerta. En ese instante, la realidad colapsa. Hasta ser observados, cada uno viaja en todas las plazas simultáneamente, incluido el maletero y la guantera.

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