Musk llama «sucio tirano» y «traidor a su pueblo» a Sánchez por querer silenciar internet

Musk llama «sucio tirano» y «traidor a su pueblo» a Sánchez por querer silenciar internet
  • Carlos Esteban
  • Columnista de Internacional. Quince años en el diario líder de información económica Expansión, entonces del Grupo Recoletos, luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico Alba, escribió opinión en Época, en La Gaceta y ahora como freelance en OKDIARIO.

En su huida hacia adelante en medio del acoso judicial por la corrupción generalizada de su gobierno, Pedro Sánchez ha decidido su estrategia: asegurarse de que su versión de los hechos, de todos, sea la única que llegue a los ciudadanos. Y lo ha hecho en el mejor de los escenarios posibles: el Foro Económico Mundial de Davos, esa conspiración abierta de políticos y empresarios donde hace unos años, precisamente, Ursula von der Leyen anunció que la mayor amenaza que se cierne sobre la humanidad no es la guerra anunciada con Rusia, ni siquiera el apocalipsis climático, sino la «desinformación». Ya pueden estar seguros que su definición de fake news va a ser todo aquello que contradiga la verdad oficial.

Por supuesto, Sánchez no pronunció la palabra «censura», nadie es tan idiota. Ante un público receptivo, el presidente, como la esposa del reverendo Lovejoy de Los Simpsons, solo está preocupado por los niños.

La propuesta de Sánchez no es otra cosa que el absoluto control del gobierno sobre el espacio digital, sobre lo que usted escribe en cualquier red social, en qué peligrosos medios digitales consulta la actualidad y, en definitiva, cada movimiento que haga en internet. Pero se trata, asegura, solo de garantizar que los menores no sufren los infinitos males derivados del uso de redes sociales.

La primera propuesta de Sánchez es acabar con el anonimato online y obligar a que todos los perfiles en redes se asocien a una «Cartera de Identidad Digital Europea» que expedirán las autoridades. Como un carné de conducir para la ciberautopista.

Y ese fue, exactamente, la analogía que usó: si no se puede ir por carretera en un coche sin matrícula, ¿por qué se va a poder circular por Internet sin estar debidamente identificado por la autoridad competente? Y para que se apruebe la prohibición de uso de redes sociales a menores de 16 años, es forzoso identificarse.

Por supuesto, cualquier menor de 16 sabe perfectamente bajarse una VPN que le permita abrir tantas cuentas en redes como desee como si lo hiciera desde otro país, pero es que no se trata de eso, en realidad.

Por supuesto, Sánchez ignora o finge ignorar que nadie es verdaderamente anónimo o irrastreable en Internet, y que si cualquiera comete un delito online la red utilizada está obligada a ofrecer a las autoridades la identidad del perpetrador. Eso destruye su segunda coartada: combatir el «ciberacoso».

Pero aquí no se trata de delitos, sino de «combatir la desinformación», tercera razón esgrimida. ¿Y qué es desinformación? Cualquiera que contradiga la versión oficial, naturalmente. Contradiciendo todo lo que se ha dicho del periodismo en siglos, la profesión no consiste ahora en fiscalizar el poder y desenmascarar sus mentiras, sino en repetir sus consignas y repetir sus mentiras.

La última propuesta de Sánchez, forzar la apertura del algoritmos, demuestra que el fin no es que los usuarios se beneficien de una mayor transparencia, sino que los Estados puedan regular qué se ve y qué no se ve, moldeando la opinión pública con el pretexto de gestionar la conversación pública.

Pero sería un error pensar que aquí Sánchez va por libre, y más aún caer en esa esperanza, tan común en nuestro país, de que «Europa» le pare los pies. Porque aquí el presidente está haciéndole el trabajo sucio a los señoritos de Bruselas, empeñados todos en lo mismo: acallar a una ciudadanía cada vez más enfurecida con sus políticas y negarle el acceso a cualquier información incómoda para su proyecto totalitario.

Así, el martes por la mañana, la fiscalía francesa asaltaba la sede de X en París. Supuestamente, para investigar la difusión de pornografía infantil y los llamados deepfakes (el uso de inteligencia artificial para construir sucesos falsos de forma plausible).

Pero todo el mundo sabe lo que está en juego: Europa está decidida a que X pase por el aro de su Ley de Servicios Digitales y se preste a suprimir toda opinión o información que Bruselas no quiera ver publicada.

En su red, X, el hombre más rico del mundo, ha estallado contra Sánchez, llamándole «sucio tirano» y «traidor a su pueblo». No es la primera vez esta semana que el multibillonario reacciona a las medidas de nuestro presidente. Tras el anuncio de la reciente regularización de medio millón de inmigrantes ilegales, Musk respondió lacónicamente a la noticia con un «wow».

Pero, como en el célebre caso de Sherlock Holmes, aquí quizá lo más significativo sea «el perro que no ladró», toda una profesión periodística que mantiene un silencio criminal mientras el gobierno -los gobiernos, en realidad- anuncian abiertamente el fin de la libertad de expresión.

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