Madrid central y la España vacía

Madrid central y la España vacía
  • Diego Vigil de Quiñones Otero

Mientras permanece caliente la polémica generada por la reversión de Madrid central (claramente apoyada por el electorado capitalino), Bruselas ha exigido a España medidas drásticas contra la contaminación y en Barcelona la Alcaldesa ha sugerido poner un peaje urbano.

Al contemplar el problema, no puedo evitar acordarme del papel que ha tenido en nuestro debate público reciente el problema de la España vacía (o vaciada): los estudiosos del problema dicen que lo que está en riesgo ahora es, no ya la supervivencia de los pueblos (a los que se da por muertos), sino de las pequeñas ciudades. Lo saben bien muchos jóvenes de dichas capitales de provincia, que padeciendo la falta de futuro en su lugar de origen, acaban trabajando en Madrid o en Barcelona. El éxodo del siglo XX no se detiene en el XXI: las proyecciones estadísticas dan por hecho que el área de Madrid crecerá más de un 10% en número de habitantes hasta el 2050, mientras otras zonas se vacían. La sobreconcentración urbana que padecemos tiene, además del tráfico y la contaminación, otra consecuencia: la enorme presión del mercado inmobiliario.

Y yo me pregunto, ¿es esto inevitable? ¿Realmente no queda más remedio que vivir así, contaminados, dedicando un tiempo excesivo para llegar a trabajar y pagando por la vivienda más de lo razonable? Al preguntármelo no puedo evitar buscar por el mundo modelos alternativos. En Alemania hay una distribución poblacional mucho más equilibrada: el Tribunal Constitucional y el Supremo están en Karlsruhe, el Bundesbank y la Bolsa en Frankfurt, diversas agencias o entidades estatales están repartidas por todo el país.

Cuenta el hispanista Joseph Pérez que uno de los grandes logros de los Reyes Católicos fue dotar de unas vías de comunicación seguras al centro de Castilla, conectando entre sí las principales ciudades (Valladolid, Medina, Salamanca, Ávila, Segovia, Toledo, Madrid, Alcalá, Cuenca), que en el siglo XV tenían un tamaño parecido. Hoy esas mismas ciudades también están maravillosamente conectadas, con autovía, a veces autopista en paralelo, y Ave. Pero solo una crece.

Comprendo que las empresas deben poder hacer lo que les resulte más eficiente. Y parece que la concentración es lo mejor. Pero, ¿es preciso que el Estado haga lo mismo? Seguramente, no. Seguramente para elaborar estadísticas no hace falta que el INE esté en la Castellana de Madrid. Tampoco es imprescindible la sobre-concetración de Universidades en la capital (pensemos que Madrid fue capital tres siglos sin tener Univesidad, que estaba en Alcalá), ni que los órganos judiciales estén en la capital habiendo ciudades con la solera jurídica de Salamanca, Valladolid o Zaragoza. Incluso no creo que haga falta que Madrid y Barcelona sean capitales de sus respectivas autonomías, visto el precedente de Vitoria, Mérida o Santiago de Compostela, como capitales de sus CC.AA. prescindiendo de las ciudades más grandes. Y aunque lo sean, no sería descabellado descentralizar los principales órganos autonómicos como se hace en otros lugares (por ejemplo, el TSJ de Andalucía está en Granada).

En suma, creo que el Estado podría y debería realizar una política de distribución de organismos y la población que arrastran para tener más ciudades medianas en lugar de dos grandes. Sería un esfuerzo importante para quienes tuviesen que cambiar de lugar de residencia. Pero no un esfuerzo mayor que el que ya vienen realizando los miles de personas que van a Madrid o Barcelona por necesidad. Si se hiciese bien, paliaríamos un poco el problema de la contaminación, del colapso de tráfico, y de los precios de la vivienda, además de frenar el vaciamiento de España.

  • Diego Vigil de Quiñones Otero de Registrador de la Propiedad y miembro del act-tank Qveremos.

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