Un Goya para el ayatola

Irán, Goya, EEUU

Hay que lamentar los pocos reflejos de los guionistas de la gala de los Goya, a los que el ataque a Irán les pilló con las pancartas impresas y con las camisetas serigrafiadas. Los activistas, es decir, los intervinientes a título de presentadores, de premiados o de invitados, apenas si consiguieron improvisar alguna referencia; pero claro, los televidentes estaban, al mismo tiempo que veían la pelmada del Fórum, recibiendo whatsapp con videos de la zapatiesta de misiles a un lado y otro del golfo Pérsico, y por eso lo de la flotilla de Gaza les parecía un recurso de fondo de armario que hedía a naftalina.

No pasa nada, para el año que viene Luis Tosar tendrá actualizado el aquelarre antiyanqui y antisemita con las nuevas atrocidades que vayan cometiendo Trump y Netanyahu. Seguro que éstos le darán motivos para volver a decir que ‘es un día nefasto’; algo que, por lo visto, no pensó cuando Rusia atacó Ucrania, o por el ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, o cuando el 16 de septiembre del año anterior Mahsa Amini moría en un hospital de Teherán víctima de los golpes que sin duda mereció por no usar correctamente el hijab, o incluso cuando, y mira que el asunto está fresquito, hace mes y medio el régimen iraní acabó con la vida de decenas de miles de jóvenes que se manifestaban en favor de la libertad.

Se entiende que esta desmemoria selectiva es un peaje que tiene que pagar el bueno de Luis para asegurarse el derecho a seguir saliendo en, al menos, la mitad más una de las películas que se hacen en España. Un derecho que se ha ganado con el comprensivo y olvidadizo acercamiento a las impúdicas razones y argumentos del terrorismo etarra, y que renovó el sábado pasado utilizando un video con las manos blancas de José Luis Borau (que éste exhibió por el asesinato de Alberto Jiménez Becerril y Ascensión) para condenar selectivamente los conflictos actuales sin referir que era la banda terrorista ETA la destinataria de aquel rechazo.

Para no desentonar con el cargante ambiente pijiwoke, sazonado con todos los mensajes del relato sanchista (había el sábado más ministros que en las sesiones de control del Congreso), se han traído este año a Susan Sarandon, que así podía verse con los más mejores amigos que hizo en el crucero de la flotilla. La actriz neoyorkina, mitad progre y mitad tetas (a partir de la inspirada descripción de Rosa Belmonte), tiene un historial de incondicional y sectaria adhesión a las causas de la izquierda y se comprometió a soltar el panegírico de costumbre, incluyendo la loa expresa al presidente Sánchez.

Lo cierto es que no es solo a los titiriteros del cine español a los que el bombardeo de Irán ha dejado fuera de cámara, aunque claro, a éstos es a los que, por deformación profesional, más les fastidia que les retiren los focos. También porque montar el guirigay de protesta progre y atacar al liberalismo democrático y a los EEUU en la medida que lo representa, se antoja como la verdadera razón de ser de la gala; lo de los reconocimientos y premios cinematográficos cada vez parece más una mera excusa.

Claro, que la culpa es nuestra por poner oídos a un colectivo que presume de una altura moral e intelectual que, si alguna vez tuvieron, se perdió en un sectarismo irredento y en el obsceno disfrute de unas inequitativas ayudas que ni rentabilizan ni agradecen. Un colectivo, sobre atendido como un niño mimado y sobrevalorado como un crack argentino, que no vale lo que nos cuesta y que nos perdona la vida con su complejo de superioridad. Mejor nos iría si les dejamos claro que sus opiniones valen, por bien o por mal, lo mismo que la de cualquiera; si los bajamos del pedestal y elevamos a su lugar a otros muchos que de verdad lo merecen y que, hoy mismo, podrían ser los científicos, los médicos, los agricultores o los conductores de trenes.

Pero es verdad, la magnitud del conflicto que se nos viene en Oriente Medio retira a cualquier otro de la escena mediática, y aunque de partida dejó descolocados a muchos, la indiscriminada respuesta de Irán, disparando a cualquier lugar que puede alcanzar, ha posicionado junto a EEUU e Israel tanto a las potencias regionales como a las europeas. Como se podía esperar, el más desorientado de todos es nuestro Gobierno: y es que se puede decir que estos ataques van a desestabilizar la región, que van a causar víctimas entre la población o que van distorsionar la economía y los mercados; pero lo único que no se puede hacer es apelar al derecho internacional para defender a un régimen que lleva años ciscándose en cada uno de sus preceptos y que, sosteniendo al terrorismo internacional, ha violado, desde el primero hasta el último, los derechos humanos de propios y extraños. ¡Pero aquí, en vez de combatirlo, le damos un Goya!

Lo último en Opinión

Últimas noticias