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Los científicos descubren que el campo magnético de la Tierra se alteró hace 40 millones de años: «Desafía la comprensión»

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Blanca Espada

El campo magnético de la Tierra parece que es algo estable y prácticamente casi invisible. Nosotros no lo podemos ver y tampoco tocar, pero lo cierto es que sin él estaríamos expuestos a la radiación del espacio. De este modo, funciona como un escudo silencioso, aunque lo que no siempre recordamos es que ese escudo no ha sido igual a lo largo de la historia del planeta.

Hace unos 40 millones de años ocurrió algo que ahora vuelve a desconcertar a los científicos. Una inversión del campo magnético, el proceso por el que el norte y el sur magnéticos intercambian posiciones, no siguió el patrón habitual. No fue rápida, al menos en términos geológicos, sino que fue mucho más lenta de lo que se pensaba posible. Y dicho descubrimiento ha sido ahora publicado en la revista Nature, documentando una transición que se prolongó durante miles de años más de lo esperado.

Los científicos descubren que el campo magnético de la Tierra se alteró

Los investigadores partían de una idea que se consideraba razonablemente sólida: una inversión del campo magnético terrestre suele desarrollarse en torno a 10.000 años. Es un periodo enorme para nosotros, pero relativamente breve si hablamos de millones de años.

Sin embargo, al analizar sedimentos marinos del Atlántico Norte, frente a Terranova, el equipo encontró algo que no encajaba. La sección del núcleo extraído era demasiado extensa para corresponder a una transición normal. Al estudiar con detalle la orientación magnética registrada en esas capas, identificaron no una, sino dos inversiones especialmente largas. Una duró alrededor de 18.000 años. La otra se extendió al menos 70.000. Setenta mil años de transición. Eso multiplica por siete la duración que se asumía como estándar.

Qué significa que el campo se invierta

Cuando se produce una inversión geomagnética, el norte magnético pasa a ocupar la posición del sur, y viceversa. No es un giro brusco. El campo se debilita, se fragmenta, puede generar polos temporales en distintas zonas del planeta y, tras un largo proceso, vuelve a estabilizarse. Si algo así ocurriera hoy, no sería cuestión de días ni de meses. Durante miles de años, las brújulas apuntarían de forma inestable hasta consolidar la nueva orientación.

Lo que sorprende ahora no es que existiera una inversión, sino la duración extraordinaria de ese proceso en el pasado. Yuhji Yamamoto, paleomagnetista de la Universidad de Kochi y autor principal del estudio, lo resume con claridad: el hallazgo “desafía la comprensión convencional” sobre cómo funcionan estas transiciones.

El archivo está en el fondo del mar

Para reconstruir lo que ocurrió hace 40 millones de años, los científicos no miran al cielo, sino al suelo. En este caso, al fondo marino ya que es allí donde los sedimentos se depositan capa a capa y, al hacerlo, conservan la orientación del campo magnético del momento. Es como una grabación geológica.

Al perforar frente a las costas de Terranova y extraer el núcleo, el equipo pudo leer esa cinta magnética. Lo que apareció fue un tramo demasiado largo para corresponder a una inversión típica. Ese detalle fue la pista que los llevó a identificar las dos fases prolongadas.

Un campo menos estable de lo que pensábamos

El estudio sugiere que las inversiones no siguen siempre el mismo guión. Pueden ser más complejas, más irregulares e incluso más caóticas. La variabilidad detectada apunta a que el geodinamo terrestre, el mecanismo que genera el campo magnético en el núcleo externo del planeta, tiene una dinámica más flexible de lo que indicaban los modelos clásicos. En otras palabras, el interior de la Tierra podría comportarse de manera menos predecible.

¿Qué pasaría si ocurriera hoy?

Cada vez que se habla de inversiones magnéticas surge la misma pregunta. ¿Sería peligroso? Pues seguramente sí, dado que durante una transición prolongada, el campo magnético se debilita y ese podría implicar menor protección frente a la radiación cósmica y al viento solar.

El paleomagnetista Peter Lippert, de la Universidad de Utah, advierte de que en un escenario así aumentarían las tasas de radiación, especialmente en latitudes altas. A largo plazo podrían producirse más mutaciones genéticas o cambios en la atmósfera. No significa que una inversión sea sinónimo de catástrofe inmediata. De hecho, la vida en la Tierra ha atravesado numerosas inversiones a lo largo de su historia. Pero sí supone un periodo de mayor exposición.

Más preguntas que respuestas

Lo que ocurrió hace 40 millones de años no implica que una inversión inminente esté a la vuelta de la esquina. El campo magnético actual sigue activo y funcional. Pero lo que sí cambia es la perspectiva científica, de modo que si una inversión puede durar 70.000 años, los modelos teóricos deben adaptarse a esa posibilidad.

En definitiva, el campo magnético, ese escudo invisible que protege la vida, no es tan uniforme ni tan predecible como parecía. Y cada nuevo dato obliga a mirar hacia el núcleo del planeta con más preguntas que certezas.

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