Arqueología

Un equipo de investigadores reconstruye en 3D el rostro del primer Homo sapiens conocido, que vivió en Marruecos hace 315.000 años

Aproximación facial digital del individuo de Jebel Irhoud (Marruecos), de unos 315.000 años, en cuatro vistas: a la izquierda, en escala de grises y sin pelo; a la derecha, con pelo, barba y color de piel. Foto: Moraes et al., revista Heritage
Aproximación facial digital del individuo de Jebel Irhoud (Marruecos), de unos 315.000 años, en cuatro vistas: a la izquierda, en escala de grises y sin pelo; a la derecha, con pelo, barba y color de piel. Foto: Moraes et al., revista Heritage
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un equipo internacional de investigadores ha reconstruido en 3D el rostro de un individuo que vivió en Marruecos hace unos 315.000 años. Según un estudio publicado en septiembre de 2026 en la revista científica Heritage, la reconstrucción parte de los fósiles más antiguos que se conocen de Homo sapiens.

Los restos proceden del yacimiento de Jebel Irhoud, en el país norteafricano. Los autores trabajaron sobre un cráneo digital que combina piezas de varios individuos y obtuvieron dos versiones del rostro, una en escala de grises y otra en color.

¿Cómo reconstruyeron en 3D el rostro del primer Homo sapiens conocido en Marruecos?

El punto de partida fue un modelo tridimensional del cráneo que el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig (Alemania), difundió en 2017 con licencia abierta. A partir del vídeo de ese modelo, el equipo generó una malla digital del cráneo con fotogrametría (una técnica que obtiene medidas y volúmenes a partir de fotografías).

Después, los investigadores tomaron la tomografía de un adulto actual anónimo, que actuó como donante virtual, y la deformaron hasta ajustarla a la forma del cráneo de Jebel Irhoud. Con esta técnica, llamada deformación anatómica, el ajuste del hueso se traslada a los tejidos blandos y da como resultado una cara acorde con la estructura del cráneo.

Reconstrucción digital en 3D del cráneo compuesto de Jebel Irhoud (Marruecos), de unos 315.000 años: a la izquierda, el modelo obtenido por fotogrametría con sus proyecciones lateral y frontal; a la derecha, uno de los ajustes de escala con la mandíbula delineada. Foto: Philipp Gunz (Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva) / Moraes et al., revista Heritage
Reconstrucción digital en 3D del cráneo compuesto de Jebel Irhoud (Marruecos), de unos 315.000 años: a la izquierda, el modelo obtenido por fotogrametría con sus proyecciones lateral y frontal; a la derecha, uno de los ajustes de escala con la mandíbula delineada. Foto: Philipp Gunz (Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva) / Moraes et al., revista Heritage.

Para el grosor de los tejidos blandos, el equipo usó valores de referencia de personas de ascendencia africana, por su cercanía geográfica y evolutiva con el fósil. También aplicó una plantilla para proyectar la nariz, basada en tomografías de personas vivas de distintos orígenes. Todo el proceso se apoyó en programas gratuitos y de código abierto, como Blender.

Un cráneo de Marruecos armado con fósiles de varios individuos

El cráneo reconstruido combina restos de varias personas. La pieza principal es Irhoud 1, el fósil que un trabajador encontró de forma accidental en 1961, durante la extracción de minerales en el yacimiento. Ese fósil conserva la bóveda craneal y la parte superior de la cara de un adulto.

Como a Irhoud 1 le falta la mandíbula, el modelo incorpora la de Irhoud 11, con dientes incluidos. Para la zona del maxilar y los dientes superiores, recurre a Irhoud 10 y a fragmentos dentales de otros dos ejemplares. Todos proceden de la misma capa arqueológica del yacimiento y pertenecen a la misma población.

La edad de estos restos cambió varias veces. Los primeros análisis los identificaron como una variante africana de neandertal de unos 40.000 años. En 1991, la estimación subió a entre 100.000 y 200.000 años. En 2017, dos artículos publicados en la revista Nature los reclasificaron como Homo sapiens de unos 315.000 años.

¿Qué tamaño tenía el cerebro del Homo sapiens de Marruecos?

La reconstrucción permitió calcular el volumen del interior del cráneo, que alcanzó los 1.364 mililitros. La cifra se acerca a los 1.375 mililitros que obtuvo en 2018 otro equipo a partir de la tomografía directa del fósil. Las mediciones de las décadas anteriores lo situaban entre 1.305 y 1.480 mililitros.

Al convertir ese dato en volumen cerebral, los autores obtuvieron unos 1.230 centímetros cúbicos, una cifra muy próxima a la media de un varón adulto actual, de 1.234. El perímetro de la cabeza, calculado a partir de la cara reconstruida, llegó a 60 centímetros, por encima de la media masculina adulta de 56,4.

En cambio, el cráneo era mucho más ancho de lo esperado para las poblaciones actuales. La distancia entre los extremos externos de las órbitas rondaba los 118 milímetros, frente a una media moderna de 96,6.

Un rostro en gris y otro en color para el Homo sapiens de Marruecos

El equipo presentó el resultado en dos series de imágenes. La primera muestra el rostro en escala de grises, sin pelo ni barba, para observar mejor su relación con el cráneo. La segunda es una versión artística en color, con pigmentación de la piel, cabello y vello facial.

Según los autores, los rasgos de la versión en color responden a convenciones artísticas y no a pruebas directas del fósil. Además, no existen datos sobre los tejidos blandos de los homínidos del Pleistoceno Medio, la época de este individuo. Por eso, el equipo advierte que el rostro debe leerse como una aproximación plausible y no como el aspecto definitivo de aquella persona.

Para comprobar la escala, el equipo comparó las medidas del modelo con las publicadas del fósil y halló diferencias mínimas. También lo cotejó con otro cráneo de Jebel Irhoud digitalizado de forma independiente y verificó que ambos encajan.

El trabajo fue firmado por Cicero Moraes, de la empresa brasileña Ortogonline, y un grupo de investigadores de la Universidad Flinders (Australia), la Universidad de Pavía (Italia) y la Universidad de Ciencias de Malasia, entre otros centros.

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