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Hito sin precedentes de los arqueólogos en Pompeya: la IA reconstruye el cuerpo del romano que quiso huir del Vesubio con un cuenco sobre la cabeza

Recreación del hombre que huía de la erupción en Pompeya. Foto: Parque arqueológico de Pompeya
Recreación del hombre que huía de la erupción en Pompeya. Foto: Parque arqueológico de Pompeya
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un equipo de arqueólogos del Parque Arqueológico de Pompeya ha empleado herramientas de inteligencia artificial para recrear la imagen de un hombre que murió durante la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. La reconstrucción se apoya en los restos de una de las dos víctimas descubiertas fuera de la Puerta de Estabia, en el borde de la antigua ciudad romana.

El protagonista de esa imagen es un varón adulto, de unos 35 años, que trató de escapar con un mortero de terracota sobre la cabeza. Ese recipiente le sirvió como escudo improvisado frente a la lluvia de piedra volcánica. Cerca de él, los investigadores documentaron a un segundo fallecido, un hombre mucho más joven.

El hallazgo y el estudio posterior se recogen en la revista científica del propio yacimiento, publicada en abril de 2026. El trabajo es fruto de la colaboración entre el Parque Arqueológico de Pompeya y la Universidad de Padua.

La inteligencia artificial recrea el rostro de una víctima del Vesubio

La imagen se elaboró al término del estudio arqueológico, con el Laboratorio de Patrimonio Cultural Digital de la Universidad de Padua. Un trabajo coordinado por Paolo Kirschner combinó programas de inteligencia artificial de uso común, como ChatGPT y Adobe Photoshop, para transformar los datos del esqueleto y de su entorno en un retrato realista del hombre con el mortero.

Según el Parque Arqueológico de Pompeya, el resultado es una propuesta experimental, mejorable en muchos detalles, que se somete al público y a la comunidad científica. Su director, Gabriel Zuchtriegel, y el resto de autores defienden que solo una colaboración bien medida entre la máquina y el criterio humano aporta un beneficio real.

Dos víctimas de la erupción halladas fuera de la Puerta de Estabia

Los dos cuerpos aparecieron durante la ampliación de una excavación iniciada en 2024 alrededor de una tumba monumental de época de Augusto, junto al antiguo complejo de San Paolino, en la necrópolis de la Puerta de Estabia. Ambos hombres se encontraban a distinta altura dentro de los depósitos volcánicos, separados por apenas metro y medio.

Su posición indica que llegaron a ese punto en momentos diferentes mientras huían hacia la costa. La zona, fuera de las murallas, funcionaba como un nodo reconocible de la red de caminos y monumentos, un lugar familiar que pudo orientar a quienes buscaban una salida en medio de la oscuridad y la confusión.

Esqueleto del hombre que huía con un mortero en la cabeza. Foto: Parque arqueológico de Pompeya
Esqueleto del hombre que huía con un mortero en la cabeza. Foto: Parque arqueológico de Pompeya

Un mortero, una lámpara y diez monedas para escapar de Pompeya

El romano de más edad fue hallado encogido sobre su costado derecho, con el brazo levantado en el gesto de sostener el mortero contra el cráneo. A su lado, los arqueólogos recuperaron una lámpara de aceite de cerámica, probablemente usada para orientarse con poca visibilidad, y un sencillo anillo de hierro en el meñique de la mano izquierda.

Junto a la cadera apareció un pequeño tesoro de diez monedas de bronce, dispuestas como si hubieran estado dentro de una bolsa de material perecedero que no se conservó. El conjunto dibuja un intento de fuga con lo esencial, ya que el hombre reunió dinero, protección y luz para afrontar una ciudad irreconocible. El más joven calzaba sandalias claveteadas, del tipo conocido como caligae.

¿Qué revela el mortero sobre los últimos momentos en Pompeya?

El mortero mostraba marcas claras de fractura. Para los investigadores, ese detalle indica que la lluvia de fragmentos caída sobre la ciudad entre la tarde del 24 de agosto y la mañana siguiente pudo ser mortal, ya que, además de la pómez ligera, caían trozos de lava más densos, de varios centímetros.

El propio Plinio el Joven, principal testigo y cronista de la erupción del Vesubio, relató que, para protegerse de la caída de piedras, muchos se ataban cojines sobre la cabeza con trapos.

El hombre del mortero murió hacia el final de la primera fase de la erupción, unas dos horas antes que el joven. A este último lo alcanzó después la corriente piroclástica más violenta, entre las siete y las ocho de la mañana del segundo día.

Dentro de la ciudad se calcula un total aproximado de 2.000 víctimas, frente a una población de más de 20.000 personas. Muchas otras pudieron morir fuera del recinto urbano, en el intento de alcanzar la costa, como el propio Plinio el Viejo, quien se supone falleció mientras intentaba rescatar a los habitantes costeros de las zonas amenazadas.

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