El campo opera en pérdidas: el 60% del cultivo de cereal pierde dinero y la PAC reducirá los pagos un 20%
El modelo convencional arroja un margen operativo negativo de 46 euros por hectárea de cereal

El sector agroalimentario español, responsable del 8,6% del PIB y del 11,5% del empleo nacional, se encuentra ante un punto de inflexión estructural. Más del 60% de las explotaciones de cereal pierden dinero si se descuentan las ayudas europeas, en un contexto donde el 74% del territorio es susceptible de desertificación y la edad media del agricultor se sitúa en los 57 años, con un relevo generacional claramente insuficiente.
A este escenario se suma una reforma profunda de la Política Agraria Común (PAC) que reducirá los pagos directos en torno a un 20% y los vinculará progresivamente a resultados ambientales medibles. El modelo convencional, sostenido en buena parte por subvenciones y altamente dependiente de insumos volátiles, afronta así una presión simultánea económica, climática y regulatoria.
En concreto, el nuevo informe de Transcendent, consultora estratégica especializada en transformación empresarial desde la sostenibilidad y el impacto, parte de una premisa clara: la sostenibilidad es una palanca de rentabilidad estructural para el sector agroalimentario. «Transcendent cuantifica el caso económico de la transición y demuestra que la combinación de agricultura regenerativa y tecnologías de precisión es una transformación estructural del margen», según indica Luca Roncella, Senior Consultant en Transcendent.
Por tanto, este análisis se centra en el cereal de secano, el sistema más representativo del país con 5,7 millones de hectáreas, y demuestra que el modelo convencional arroja un margen operativo negativo de 46 euros por hectárea, mientras que el sistema combinado, una vez consolidado a partir del cuarto año, alcanza un margen positivo de 87 euros por hectárea. La mejora anual es de 133 euros por hectárea, suficiente para transformar la ecuación económica de miles de explotaciones.
De pérdidas estructurales a margen positivo en el cultivo de cereal
El cambio se basa en una reconfiguración profunda de la estructura de costes, con mejoras graduales del rendimiento. En la mayoría de explotaciones agrícolas, más del 70% del coste directo se concentra en fertilizantes, fitosanitarios, agua de riego y combustible. La agricultura regenerativa reconstruye la fertilidad natural del suelo y reduce progresivamente la dependencia de insumos externos, mientras que la agricultura de precisión optimiza cada aplicación mediante datos, sensores y dosificación variable. El resultado es una reducción estructural de fertilizantes cercana al 34%, una disminución del 45% en combustible y un descenso del 19% en pesticidas. La inversión necesaria se recupera en un plazo estimado de cinco a ocho años, que puede reducirse a cinco si se monetizan los créditos de carbono generados por el secuestro de CO2 en suelo.
La dimensión ambiental no compite con la económica, sino que la refuerza. Los sistemas regenerativos consolidados capturan entre 2 y 2,5 toneladas de CO2 por hectárea al año, incrementan la materia orgánica del suelo, reducen la erosión en más de un 80% y mejoran en torno a un 25% la capacidad de retención de agua. En un país que sufrió en 2023 pérdidas superiores a 5.500 millones de euros por sequía, la resiliencia climática se convierte en un factor determinante de estabilidad financiera.
Si el 50% de la superficie de cereal en España adoptara este modelo combinado, el beneficio agregado sectorial alcanzaría 379 millones de euros anuales adicionales respecto a la situación actual de pérdidas estructurales. Por tanto, la magnitud del dato reconfigura el debate: la transición es una oportunidad de creación de valor tangible.
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