Historia

¿Quién inventó el reloj de arena y cuándo lo hizo?

¿Quién inventó el reloj de arena y cuándo lo hizo?
Reloj de arena

El reloj de arena se define como un instrumento mecánico que se utiliza para medir el tiempo. Su funcionamiento es muy sencillo, y sólo necesita la energía gravitatoria: cuenta con dos receptáculos de vidrios conectados entre sí, permitiendo el flujo regulado de arena fina desde la parte superior a la parte inferior. En la historia, el reloj de arena fue sustituido por el reloj de pulsera, y en la actualidad sólo se utiliza en los juegos de mesa y en algunos temporizadores de cocina.

Historia del reloj de arena

Desde el principio de los tiempos, la humanidad ha tenido la necesidad de medir el tiempo. Las primeras civilizaciones agrícolas crearon los primeros calendarios para fijar los períodos de siembra y cosecha. Sin embargo, pronto se hizo patente la necesidad de tener instrumentos más precisos.

El primer reloj de la historia lo crearon los antiguos egipcios, el cual fue bautizado con el nombre de clepsidra o reloj de agua.  Más adelante, en el siglo II d.C, los sabios del Medio Oriente desarrollaron el reloj de sol.

No se sabe a ciencia cierta dónde y cómo nació el reloj de arena, pero los indicios señalan que su origen data del siglo VII.

Llegada a Europa

Aunque no está del todo claro, todo apunta a que fue el monje Liutprando, que servía en la catedral de Chartres (Francia), quien introdujo el reloj de arena en Europa en el siglo VIII. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIV cuando pasó a ser un elemento común, y la evidencia más antigua es el fresco ‘Alegoría del Buen Gobierno’, de Ambrogio Lorenzetti (1338).

Durante muchos siglos, el reloj de arena fue una pieza clave en la mayoría de embarcaciones. Los marinos lo utilizaban para realizar mediciones, como por ejemplo la distancia del este al oeste. En el viaje que Diego de Magallanes hizo alrededor del mundo, todas las embarcaciones tenían un reloj de arena para medir el tiempo con absoluta precisión.

Anteriormente, se utilizaba la clepsidra para medir el tiempo. Sin embargo, este elemento tenía un gran problema, y es que, cuando las temperaturas eran bajas, solía sufrir condensación en su interior. El reloj de arena, al utilizar materiales granulares, no se congelaba.

Después del siglo XVI, fue poco a poco perdiendo popularidad tras el desarrollo del reloj mecánico, mucho más pequeño, preciso y barato. Sin embargo, se siguió utilizando en las embarcaciones hasta el siglo XIX.

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