Oceános

No es casualidad y los científicos están preocupados: la mitad de los arrecifes de coral del mundo están desapareciendo

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Blanca Espada

En distintas partes del mundo, los equipos que estudian los arrecifes llevan meses comentando lo mismo y de hecho, aunque sean de distintas partes del mundo, todos tienen un mensaje parecido que no es otro el terrible cambio acelerado que sufren los arrecifes de coral los cuáles están desapareciendo. De un año para otro, la temperatura del agua ha subido lo suficiente como para que los corales empiecen a mostrar señales que antes tardaban décadas en aparecer y de ahí la extrema preocupación que genera a la comunidad científica.

Lo curioso es que estos ecosistemas sostienen muchísimo más de lo que solemos imaginar. A simple vista parecen paisajes bonitos, pero de ellos dependen familias que viven de la pesca, negocios ligados al turismo e incluso la estabilidad de muchas costas. Cuando se suma todo, el valor económico es inmenso, y descubrir que cerca de la mitad de los arrecifes ya está afectada ha encendido las alarmas. Para complicar aún más la situación, desde 2023 los registros muestran un calor que no baja, que se queda estancado como una manta sobre el océano. Esa persistencia está provocando un blanqueamiento masivo y, según quienes siguen el fenómeno a diario, es un episodio más intenso que los anteriores. Y lo peor es que no hay señales claras de que vaya a remitir pronto de modo que realmente existe un problema y se teme que los arrecifes de coral sigan desapareciendo a un ritmo nada recomendable.

 La mitad de los arrecifes de coral del mundo están desapareciendo

Aunque mucha gente piensa que el coral es una especie de roca coloreada, en realidad es un animal diminuto que depende de unas microalgas que viven dentro de él. Las algas producen energía gracias a la luz del sol y, a cambio, el coral les ofrece refugio. Esa alianza funciona siempre que el mar se mantenga en temperaturas relativamente estables. Cuando el agua se calienta más de lo habitual, el coral no puede mantener esa relación y expulsa las algas, quedándose completamente blanco.

El problema es que este blanqueamiento no es sólo un cambio de color. El coral pierde energía, se debilita y su capacidad de crecer o reproducirse cae en picado. Si la situación dura poco, se recupera. Si el calor se mantiene, muchos mueren antes de tener tiempo para reaccionar. Y eso, que antes era algo excepcional, ahora se está repitiendo en distintos lugares con apenas meses de diferencia.

Una fotografía global que nadie esperaba

Para comprender hasta dónde llegaba este fenómeno, investigadores de todo el mundo realizaron una evaluación sin precedentes. Reunieron datos de satélites, buceos, vuelos de observación y estudios locales. Más de 15.000 registros que, puestos sobre la mesa, mostraban una escena muy distinta a la que muchos imaginaban, con casi el 80 % de los arrecifes analizados habían sufriendo blanqueamiento y más del 50 % presentando daños importantes. En un 15 % se detectó una mortalidad elevada. Una de las conclusiones más impactantes es que muchos arrecifes experimentaron varios episodios de calor extremo sin tiempo para recuperarse entre uno y otro. Ese patrón se hizo especialmente visible en lugares emblemáticos que antes parecían resistentes.

Los equipos encargados de vigilar estos ecosistemas incluso tuvieron que ajustar los niveles de alerta utilizados en sus sistemas de seguimiento porque el calor superaba los rangos habituales. Es un detalle que pasa desapercibido para muchos, pero que, para los científicos, marca un antes y un después.

El cuarto gran evento global ya está en marcha

Aunque la crisis más recordada es la de 2014 a 2017, lo que está ocurriendo desde 2023 se considera aún más grave. Los océanos han absorbido tanta energía en las últimas décadas que su temperatura sube incluso sin grandes cambios atmosféricos. Se calcula que, en 30 años, el planeta ha perdido la mitad de sus corales. Y ese dato, por sí sólo , ya explica el tono de preocupación de los expertos.

Las mediciones actuales confirman un cuarto evento mundial de blanqueamiento. No afecta sólo a regiones tropicales, sino a áreas donde antes era impensable observar un fenómeno de tal magnitud. Y hay un factor adicional que complica todo y que es la continuidad en el calor extremo que llega, se mantiene, baja un poco y vuelve a subir. Ese vaivén no deja margen de recuperación.

Los investigadores lo describen como un desgaste lento, profundo y silencioso. No es una imagen dramática inmediata, pero sí una pérdida constante de estructura, vida y diversidad que afecta a todo lo que depende del arrecife.

Por qué los científicos insisten en seguir midiendo

A estas alturas, quienes estudian los corales no se limitan a mirar qué les pasa, sino qué consecuencias trae cada cambio para la gente que vive cerca del mar. Porque todo está conectado ya que si un arrecife pierde fuerza, la pesca lo nota enseguida. Y además cuando el coral desaparece, las olas llegan con mucha más violencia a la costa. Es algo que no siempre se ve en el momento, pero sus efectos aparecen antes de lo que cualquiera imagina.

Por eso los investigadores mezclan datos de satélite con lo que ven buceando o anotando en pequeñas estaciones marinas. No hay otra forma de saber qué zonas aguantan mejor, cuáles están al límite o dónde urge intervenir. Esa mezcla de tecnología y trabajo manual es, ahora mismo, la única brújula fiable frente a una problemática de la que se teme que va a ir a más.

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