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Casi nadie lo sabe pero España tiene la clave para desbancar a China: el secreto está en el subsuelo y podríamos ser ricos sin saberlo

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Blanca Espada

Cada vez que estalla una crisis internacional, el mismo problema vuelve a aparecer y es que todos los expertos coinciden en lo mismo: Europa depende demasiado del exterior. Ha ocurrido con el gas, con el petróleo y ahora vuelve a ocurrir con algo menos visible pero que resulta igual de estratégico y que no es otra cosa que los minerales que hacen posible la transición energética.

El cierre del estrecho de Ormuz tras la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán ha vuelto a tensionar los mercados. Los precios ya comienzan a reaccionar al alza, los inversores especulan y la factura energética vuelve a convertirse en una amenaza para todos. Pero detrás de esa dependencia energética hay otra aún más silenciosa: la de los minerales críticos. Y en ese tablero, España juega una partida mucho más relevante de lo que parece. Porque bajo el suelo español no solo hay cantera o mármol. También tenemos cobre, wolframio, espato-flúor, estroncio y otros recursos que Bruselas considera esenciales para la industria verde y digital. Materiales que hoy marcan la diferencia entre depender de terceros o reforzar la autonomía estratégica europea y como decimos, todo ello lo tenemos en nuestro subsuelo.

Casi nadie lo sabe pero el subsuelo de España tiene la clave para desbancar a China

La minería no suele ocupar titulares. Sin embargo, en 2024 el sector español alcanzó un valor de 3.628 millones de euros y dio empleo a más de 30.000 personas distribuidas en cerca de 2.600 explotaciones. No se trata entonces de algo residual sino que es una industria pesada que además tiene un impacto directo en el PIB.

Además, España no es un actor secundario dentro de la Unión Europea. Es el único productor comunitario de sepiolita y estroncio y no sólo eso, sino que además lidera la producción europea de espato-flúor y yeso. Además es el segundo productor de cobre y también ocupa posiciones destacadas en wolframio, magnesita o sales potásicas. Y a escala mundial, destaca especialmente la pizarra para cubiertas, donde España mantiene un liderazgo consolidado desde hace años.

Lo mencionado puede parecer un inventario técnico, pero tiene implicaciones geopolíticas claras. Mientras China domina buena parte del procesamiento mundial de minerales estratégicos, Europa necesita asegurar suministros propios. Y ahí España, y en concreto su subsuelo, aparece como una pieza que es difícil de ignorar.

Los minerales que sostienen la electrificación

Si la transición energética tuviera un esqueleto, ese esqueleto sería de cobre. Redes eléctricas, transformadores, motores, instalaciones renovables. Todo necesita este metal. Incluso los vehículos eléctricos multiplican su demanda respecto a los modelos de combustión. Por otro lado, el wolframio, tradicionalmente vinculado a la industria militar, se ha convertido también en un componente clave para herramientas industriales de alta resistencia y determinados sistemas tecnológicos avanzados.

El espato-flúor resulta esencial en procesos químicos y metalúrgicos vinculados al aluminio y a materiales presentes en tecnologías energéticas. Y el estroncio tiene aplicaciones en componentes electrónicos y cerámicas técnicas. No son minerales mediáticos o de hecho, no suele hablarse mucho de ellos y tampoco es que salgan a diario en las noticias, pero lo cierto es que sin ellos no hay baterías, ni redes inteligentes, ni digitalización industrial.

Andalucía lidera el mapa minero

La riqueza del subsuelo no está repartida por igual. Andalucía concentra cerca del 34 % del valor total de la producción minera nacional. La Faja Pirítica Ibérica, una de las mayores provincias metalogénicas de Europa, explica buena parte de ese peso. Castilla y León, Cataluña y Galicia completan el grupo de comunidades con mayor actividad extractiva. Entre las cuatro superan la mitad del empleo y de la producción minera española.

En términos de materiales, la mayor parte corresponde a productos de cantera destinados a la construcción. Después vienen los minerales metálicos, fundamentales para la transición energética, seguidos de minerales industriales utilizados en química y tecnología. Es una base industrial que llevaba años funcionando en segundo plano. Ahora el contexto internacional la coloca en primera línea.

No se trata de sustituir a China, sino de depender menos

Hablar de desbancar a China suena tal vez algo grandilocuente, ya que la realidad es más matizada. El gigante asiático continúa dominando el procesamiento y buena parte del mercado mundial de minerales críticos. Pero lo que sí está en juego es otra cosa: reducir vulnerabilidades. Bruselas ha identificado siete proyectos estratégicos en España dentro de su estrategia de materias primas. No solo extracción, sino también refinado, reciclaje y desarrollo tecnológico.

Además, el Gobierno trabaja en un plan específico para el periodo 2026-2030 con un objetivo triple: menos dependencia exterior, más descarbonización y mayor competitividad industrial. Y todo ello es gracias a que nuestro país tiene bajo sus pies recursos que, en un contexto de transición energética acelerada, pueden convertirse en un activo estratégico de primer nivel. Y esa es la parte que casi nadie comenta cuando se habla de crisis energéticas.

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