Suena muy cruel, pero la ciencia lo avala: cuelgan a los rinocerontes de los pies para salvarlos de los cazadores
Los rinocerontes son uno de los animales que viven bajo amenaza constante. En Sudáfrica, donde se concentra la mayor población mundial, matan de media un ejemplar cada 24 horas.
Los cazan por sus cuernos. En el mercado negro, el kilo alcanza entre 50.000 y 65.000 dólares, más que el oro y más que la cocaína. Frente a esa presión existe un recurso extremo: el «plan de extracción» para situaciones críticas, en el que los cuelgan de las patas para alejarlos de los cazadores.
Así se cuelga a los rinocerontes de los pies para salvarlos de los cazadores
La imagen de colgar a los rinocerontes de los pies parece sacada de una película de acción. Sin embargo, es una maniobra real y se utiliza cuando el terreno impide cualquier rescate por tierra o cuando el riesgo de caza obliga a actuar sin perder tiempo.
Primero el veterinario localiza al animal desde el aire. Dispara un dardo con un sedante muy potente y espera. En pocos minutos, el rinoceronte pierde estabilidad y se tumba. Entonces entra el equipo de tierra. Trabajan rápido y con precisión, le cubren los ojos para reducir el estrés, le colocan tapones en los oídos y controlan respiración y pulso.
Después aseguran cada una de sus patas con correas anchas y resistentes, diseñadas para soportar su peso sin dañar articulaciones. Esas correas confluyen en una eslinga central que se engancha al helicóptero, normalmente un Huey con potencia suficiente para elevar casi una tonelada.
El piloto asciende en vertical y mantiene una altura estable. El rinoceronte viaja suspendido entre 10 y 20 minutos, el tiempo justo para sacarlo de la zona de riesgo o llevarlo hasta un camión de transporte. Al llegar, lo bajan con cuidado y el veterinario inyecta el antídoto. En cuestión de minutos, el animal se incorpora, aturdido pero ileso, en un lugar mucho más seguro.
¿Sufren los rinocerontes cuando los cuelgan para trasladarlos?
Los veterinarios insisten en que los rinocerontes no siente dolor durante el traslado. El sedante lo mantiene inconsciente, por lo que no percibe el vuelo ni el ruido de las hélices.
La posición favorece la respiración. Al quedar suspendido, el peso de los órganos abdominales deja de presionar los pulmones. La columna se estira y las vías respiratorias se abren con mayor facilidad. El equipo controla la frecuencia cardiaca y el nivel de oxígeno en todo momento.
Organizaciones como la World Wildlife Fund respaldan este método porque el beneficio supera el estrés fisiológico puntual del traslado. Proteger a un macho o a una hembra reproductora puede resultar decisivo para una población que apenas se recupera.
Asimismo, un equipo de la Cornell University College of Veterinary Medicine analizó la función pulmonar de rinocerontes negros en ambas posiciones y llegó a la conclusión de que boca abajo ventilaban ligeramente mejor que tumbados de lado.
¿Dónde se realiza el traslado aéreo de rinocerontes?
El sur de África concentra estas operaciones. Namibia perfeccionó el sistema en zonas desérticas y montañosas donde la logística complica cualquier movimiento por tierra.
Sudáfrica lo utiliza para mover animales entre reservas privadas y parques nacionales como el Parque Nacional Kruger. Botsuana también ha recurrido al transporte aéreo para reforzar áreas más seguras.
El uso de helicópteros comenzó en los años 90, aunque entonces se empleaban redes y plataformas más aparatosas. A partir de 2011, la suspensión directa por las patas se consolidó por su eficacia y menor coste operativo.
Hoy en día forma parte de los protocolos habituales y suele programarse en los meses más frescos para evitar sobrecalentamientos mientras dura la sedación.
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