Los investigadores no dan crédito: el hallazgo de una niña de 15 años que cambia la ciencia para siempre
Anna Luísa Beserra Santos ha diseñado con sólo 15 años, un sistema que purifica el agua a través de la luz solar
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La historia de Anna Luísa Beserra Santos puede que sea todavía desconocida para muchos, pero lo cierto es que ha llamado la atención de la comunidad científica por un motivo contundente. Con sólo 15 años, ha sido capaz de desarrollar un sistema con el que potabilizar agua de lluvia utilizando únicamente la radiación solar, una solución que hoy está transformando la vida de miles de personas en Brasil.
Su idea nació al observar un problema cotidiano en varias zonas rurales del nordeste del país. Las familias almacenaban agua de lluvia en cisternas, pero no podían consumirla con seguridad. La alternativa pasaba por comprar agua embotellada o asumir el riesgo de utilizarla tal cual, algo frecuente en regiones con recursos limitados. A partir de esa realidad, Anna Luísa comenzó a trabajar en un dispositivo sencillo, duradero y fácil de usar. Quería una tecnología que no dependiera de electricidad ni de mantenimiento continuo. Así surgió Aqualuz, el sistema que ahora ha captado la atención internacional por su eficacia y por el impacto social que está generando.
El hallazgo de una niña de 15 años que cambia la ciencia para siempre
Cuando se habla de Aqualuz puede sonar a una tecnología compleja, pero la realidad es casi lo contrario. El dispositivo funciona de una manera muy simple. El agua de lluvia se conduce a una superficie transparente donde queda expuesta al sol durante varias horas. Con esa radiación, sumada al calor, se reduce la presencia de microorganismos. No necesita químicos, ni electricidad y tampoco piezas que exijan un mantenimiento constante, algo importante en zonas donde no siempre es fácil acceder a repuestos.
Ese era uno de los objetivos de Anna Luísa. Que la solución durara. Y, de hecho, la vida útil estimada es de unos 20 años, mucho más que otros filtros o sistemas rápidos que suelen quedarse obsoletos en poco tiempo. Además, puede tratar alrededor de 10 litros por hora, una cantidad suficiente para que una familia tenga agua segura sin depender de proveedores externos. Por ello con el paso del tiempo, el alcance empezó a crecer. En 2024 se estima que la tecnología llegó a unas 40.000 personas, y más de 10.000 la utilizan hoy de forma habitual en estados como Bahía, Ceará o Pernambuco. Comunidades donde antes el agua disponible era abundante pero no segura.
Un cambio en su forma de investigar
Hay un detalle que explica bien el rumbo del proyecto. Al principio, Anna Luísa se movía sólo por la parte técnica. Diseños, estudios, pruebas. Hasta que empezó a convivir con las familias que realmente sufrían la falta de agua potable. Ahí entendió que el problema tenía muchas capas. Conoció casos de madres que compraban agua embotellada a precios imposibles para evitar que sus hijos enfermaran y situaciones donde la gente no tenía otra alternativa que beber lo que había.
Ese contacto directo modificó su manera de trabajar. Desde entonces, sus proyectos incluyen formar a técnicos locales, que son quienes se encargan de instalar los equipos y resolver dudas en el día a día. No es una solución que llega desde fuera y desaparece, sino un sistema que la propia comunidad controla. Esa participación hace que cada instalación funcione mejor y se mantenga durante años.
Un catálogo de soluciones que sigue creciendo
Aunque Aqualuz es la tecnología más conocida, no es la única. Después de su desarrollo llegaron otras ideas que buscan resolver problemas distintos pero relacionados. Una de ellas es Aquasalina, que permite desalinizar agua con luz solar. También creó Aquafilter, enfocado a comunidades de hasta 100 personas, y Aquatorre, pensado para escuelas o lugares donde no existe infraestructura adecuada. La clave es la misma en todos los casos. Equipos que duren, que no sean caros de mantener y que puedan manejarse sin conocimientos técnicos avanzados. Las comunidades no solo reciben el dispositivo, también la formación necesaria para usarlo sin depender de terceros.
Reconocimientos y un objetivo que va más allá de Brasil
En 2019 su trabajo llamó la atención de organismos internacionales y recibió el premio Jóvenes Campeones de la Tierra, un reconocimiento del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Fue la primera brasileña en obtenerlo. Para entonces, Aqualuz ya estaba en marcha en varias regiones y había demostrado que una solución sencilla puede generar un cambio enorme.
Ahora su foco está puesto en otros continentes. Latinoamérica, África y Asia siguen teniendo miles de comunidades donde el acceso a agua potable es una dificultad diaria. Su intención es que estas tecnologías no se limiten a Brasil, sino que puedan replicarse allí donde la falta de agua segura siga siendo un problema estructural.
Mientras más de 2.200 millones de personas en el mundo viven sin agua potable gestionada de forma segura, propuestas como Aqualuz muestran que una solución accesible puede marcar la diferencia. Un proyecto que empezó cuando su creadora tenía solo 15 años y que ahora forma parte de un modelo de innovación que continúa expandiéndose.