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Es uno de los pueblos más bonitos de España en invierno y además tiene el carnaval más pintoresco de su provincia

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Recreación de Bielsa, Huesca.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Hacer turismo en invierno es una de esas decisiones que, bien planteadas, suele acabar siendo una buena idea. Enseguida vienen a la cabeza pueblos muy conocidos, como Aínsa, Benasque o Albarracín, esos que siempre aparecen en las listas, pero la realidad es que hay otros lugares menos sonados que, precisamente por eso, se disfrutan mucho más.

Este pueblo está en la provincia de Huesca, en una zona de montaña donde el invierno lo envuelve todo. Las calles se llenan de calma, el frío invita a bajar el ritmo y a sentarse con un café caliente o un vino tinto. Además, justo cuando febrero avanza, llegan sus carnavales, uno de los más singulares y potentes de toda la provincia.

Este es el pueblo español que en invierno gana mucho encanto

El pueblo del que hablamos es Bielsa, un municipio del Pirineo aragonés que en invierno se vuelve todavía más bonito. Apenas supera los 400 habitantes durante el año, lo que se traduce en un ambiente tranquilo, cercano y muy reconocible.

Bielsa se sitúa a más de 1.000 metros de altitud, en un punto donde la montaña destaca. Casas de piedra, tejados de pizarra y calles estrechas componen un casco urbano que en los meses fríos parece detenido en el tiempo. Pasear por el pueblo con frío seco y olor a chimenea forma parte del plan.

Además, Bielsa es la puerta de entrada al valle de Pineta, uno de los grandes paisajes del Pirineo. En invierno, el entorno impresiona incluso sin usar las botas de montaña. Basta con llegar, mirar alrededor y entender por qué este rincón sigue siendo especial.

Cómo es el Carnaval de Bielsa y qué hace tan especial a este pueblo

El gran acontecimiento del invierno es el Carnaval de Bielsa, una fiesta ancestral que nunca dejó de celebrarse, ni siquiera en los años más complicados.

Entre los disfraces están los personajes que dan sentido al Carnaval y convierten las calles del pueblo en una gran fiesta:

  • Las Trangas: son la imagen más reconocible de la fiesta. Jóvenes del valle se disfrazan con cuernos, pieles de choto, esquillas colgadas a la espalda y la cara negra de hollín. Hacen ruido, persiguen y provocan. Representan la fertilidad y el desorden previo al final del invierno.
  • Las Madamas: encarnan el contraste. Jóvenes vestidas de blanco, con trajes llenos de cintas de colores y detalles cuidados al milímetro. Esperan en las puertas de sus casas para ser recogidas y llevadas al baile.
  • El Onso y el Domador: el Onso, el oso, recorre el pueblo cubierto de sacos y hierba seca, moviéndose a cuatro patas. El Domador lo guía con una cadena. Representan la fuerza salvaje de la naturaleza y su difícil control.
  • El Amontato: un disfraz engañoso que simula a una anciana cargando con un hombre a la espalda. Juega con la sátira y el humor.
  • El Caballé: recrea a un jinete montado sobre un caballo ficticio, con cascabeles y movimientos exagerados.
  • La Garreta: viste prendas amplias y muy coloridas, confeccionadas tradicionalmente con pañuelos de seda.
  • La Yedra: cubre todo el cuerpo con hojas cosidas una a una sobre una base negra. Es uno de los disfraces más curiosos del Carnaval, tanto masculino como femenino.

La fiesta termina con el juicio y la quema de Cornelio Zorrilla, el muñeco que carga con todos los males del año. En 2026, el Carnaval de Bielsa se celebra del 12 al 15 de febrero.

Qué más se puede visitar en este pueblo de Huesca

Más allá del Carnaval, Bielsa tiene mucho que merece la pena ver. El Museo de Bielsa, situado en el ayuntamiento, ayuda a comprender la identidad del valle y episodios históricos como la Bolsa de Bielsa durante la Guerra Civil. El propio edificio del ayuntamiento, del siglo XVI, también es un buen punto para detenerse y observar con calma.

Además, a pocos minutos en coche se abre el Valle de Pineta, uno de los accesos más espectaculares al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, un entorno que incluso en invierno se puede recorrer y disfrutar sin necesidad de grandes rutas.

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