Los Joaldunak: el ejército de hombres-oveja que sólo verás en Carnaval en estos pequeños pueblos
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Todos conocemos las tradiciones que siempre acompañan al Carnaval, que además se celebra de forma muy especial en muchos lugares de España. Pero al margen de disfraces o de actos como el entierro de la sardina, hay otros que puede que no sean tan populares, pero están también cargados de mucho simbolismo. Es el caso de los Joaldunak, el ejército de hombres-oveja que sólo verás en Carnaval en dos pueblos vascos.
Ituren y Zubieta, dos pueblos que son vecinos de Navarra comparten una de las celebraciones más singulares del Carnaval europeo. Allí nacen los joaldunak, unos personajes tan hipnóticos como enigmáticos que desfilan cubiertos con piel de oveja, un gorro cónico coronado con plumas y dos enormes campanas atadas a la cintura. Su sonido marca el ritmo ancestral de una fiesta que ha sobrevivido siglos sin perder ni fuerza ni sentido.
A simple vista, los joaldunak pueden parecer una comparsa folclórica más, pero basta con verlos avanzar para entender que detrás de su indumentaria late algo más profundo. No lo parece pero cada paso, cada salto y cada golpe de cencerro tiene un propósito. No se disfrazan para entretener, sino para despertar, para avisar a la naturaleza de que el invierno empieza a retirarse. Es una ceremonia llena de simbolismo que se repite siempre en las mismas fechas: el lunes y el martes siguientes al último domingo de enero, cuando Zubieta visita a Ituren y al día siguiente Ituren devuelve la visita. Dos pueblos, un mismo rito y un vínculo cultural imposible de separar. Quienes conocen bien la zona explican que esta tradición forma parte del alma del valle de Malerreka. Aquí no hay escenarios ni horarios estrictos, solo un orden que se transmite de generación en generación. Y es precisamente esa continuidad la que hace que el desfile conserve una autenticidad casi intacta. Muchos lo describen como un ejército viejo y solemne que avanza con paso firme, un ejército que no lucha contra nadie, pero que arrastra siglos de memoria compartida. Una fiesta que, una vez que se entiende, ya no se olvida.
Los Joaldunak: el ejército de hombres-oveja que sólo verás en Carnaval
La palabra joaldunak se pronuncia ioaldunak y significa literalmente los que llevan cencerros. Son los protagonistas absolutos del Carnaval de Ituren y Zubieta. Vestirse como joaldun no es ponerse un disfraz, sino pasar por un ritual minucioso que requiere la ayuda de varias personas. El traje se compone de camisa blanca, enaguas, abarcas, calcetines de lana y pantalón azul. A este se le añade, lo esencial que es el ttuntturro, el gorro cónico decorado con cintas de colores, y la piel de oveja que cubre el torso en el caso de los joaldunak de Ituren. Los de Zubieta, en cambio, sólo llevan la piel en la cintura, una de las pocas diferencias visibles entre ambos pueblos.
La pieza más importante del atuendo son los dos grandes cencerros de cobre que se ajustan a los riñones mediante una cuerda de cáñamo. Colocarlos no es sencillo. Deben ir tan firmes que no dañen la espalda, pero lo bastante sueltos para sonar al unísono con cada movimiento de cadera. Junto a ellos, dos cencerros pequeños decorativos completan la imagen. En la mano derecha, los joaldunak llevan un isopua, un hisopo hecho con crines de caballo que marca la cadencia del desfile. Todo esto forma una figura imponente que, vista de cerca, explica por qué esta tradición impacta tanto a quienes la contemplan por primera vez.
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El ritual que une a Ituren y Zubieta
El lunes la comitiva parte de Zubieta y se dirige hacia Aurtitz, uno de los barrios de Ituren. Allí les esperan los joaldunak locales y juntos recorren el camino hacia el centro del pueblo siguiendo un ritmo que ambos comparten cuando marchan unidos. Antes de llegar, hacen una parada para tomar caldo de gallina, una costumbre que se repite cada año y que muestra cómo la celebración es también un acto de hospitalidad. En paralelo, los mozorroak, enmascarados de aspecto burlesco, recorren las calles con sus carrozas, que suelen representar oficios tradicionales o escenas satíricas.
Ese mismo martes, la escena se invierte. Los joaldunak de Ituren son quienes parten hacia Zubieta y allí repiten el encuentro bajo el mismo esquema. Dos pueblos que comparten una frontera geográfica y cultural, que mantienen una relación de vecindad estrecha y que han hecho de este intercambio una de las manifestaciones más antiguas de cooperación festiva del País Vasco y Navarra. La fiesta no tiene un origen documentado, aunque sí abundan los estudios etnográficos. Lo que sí se sabe es que su función primitiva estaba ligada al despertar de la naturaleza y a la protección frente a espíritus malignos, una creencia común en otras culturas europeas.
Más personajes que completan la fiesta
Además de los joaldunak, el carnaval cuenta con la figura del hartza, un oso cubierto de pieles y con cuernos que corre detrás de los niños y se mueve entre la comitiva. Su presencia simboliza el momento en que el oso despierta de la hibernación y examina si debe volver a dormir o empezar la temporada nueva. También están los mozorroak, enmascarados que se dedican a molestar y manchar a los visitantes, una función caricaturesca muy típica de los carnavales rurales. Las carrozas que exhiben suelen estar construidas por los propios vecinos y pueden ir desde representaciones de un caserío hasta barcos o escenas humorísticas.
Finalmente, los danbolin nagusiak o giltzeruak son los encargados de coordinar los aspectos prácticos de la fiesta. Organizan la música, las comidas y mantienen el orden dentro de una celebración que, aunque parezca espontánea, está sujeta a un esquema transmitido de generación en generación. El desfile termina en la plaza de cada pueblo con una mezcla de música, baile y bertsuak improvisados, además de pruebas de deporte rural que completan la jornada.
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