Doctor en Biología Celular

Jordi Olloquequi: «El envejecimiento funcional del cerebro sí es modulable»

"El cerebro es plástico, se remodela con la experiencia, y responde a nuestros hábitos como un órgano sensible al estilo de vida"

cerebro
Jordi Olloquequi.

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Envejecer es inevitable, pero el deterioro cognitivo no tiene por qué serlo. La neurociencia lleva años demostrando que el cerebro es un órgano plástico, sensible a nuestros hábitos y decisiones diarias. Con motivo de la publicación de Antiaging para el cerebro (Paidós), desde OKSALUD entrevistamos a Jordi Olloquequi, doctor en Biología Celular, para profundizar en qué ocurre realmente en nuestro cerebro con el paso del tiempo y, sobre todo, qué dice la ciencia y qué no, sobre cómo mantener una mente joven, ágil y sana.

Para profundizar sobre el tema, OKSALUD ha entrevistado a Jordi Olloquequi, doctor en Biología Celular, profesor del Departamento de Bioquímica y Fisiología de la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Barcelona, investigador del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Barcelona y del CIBERNED. Tras más de quince años dedicados a la investigación y la docencia, ha publicado Antiaging para el cerebro, una obra de divulgación científica que aborda el envejecimiento cerebral desde la evidencia científica.

PREGUNTA.- Jordi, el título de su libro es muy directo: Antiaging para el cerebro. ¿De verdad podemos hablar de «antiaging» cuando se trata del cerebro?
RESPUESTA.- Podemos hablar de «antiaging» si entendemos bien de qué estamos hablando. No es magia ni un botón de “pausa” del calendario: el envejecimiento cronológico es inevitable. Pero el envejecimiento funcional del cerebro —cómo rendimos, cómo nos adaptamos, cómo resistimos el desgaste—sí es modulable.

La neurociencia ha demostrado que el cerebro es plástico, se remodela con la experiencia, y responde a nuestros hábitos como un órgano sensible al estilo de vida. Lo que buscamos no es «no envejecer», sino envejecer mejor: mantener la memoria, la atención, el estado de ánimo y la autonomía el mayor tiempo posible.

P.- En el libro insiste mucho en diferenciar la ciencia real de las falsas promesas. ¿Por qué es tan importante este punto?
R.- Porque el bienestar se ha convertido en una especie de mercado donde la charlatanería está ganando predicamento. Es vital diferenciar la evidencia científica sólida —aquella probada en estudios rigurosos— de la pseudociencia, porque lo que está en juego es nuestra salud. En el libro intento ser ese filtro: separo el grano de la paja para que el lector no gaste dinero ni esperanzas en cosas que no funcionan, y se centre en lo que sí impacta en su fisiología.

P.- Habla del concepto de inflammaging. ¿Qué papel juega la inflamación en el envejecimiento cerebral?
R.- A pesar de que la inflamación en sí misma no es un fenómeno nocivo (de hecho, es una respuesta del sistema inmunológico necesaria para defendernos de factores lesivos), se vuelve peligrosa cuando se mantiene activada durante demasiado tiempo. Y a esto es a lo que se refiere el término inflammaging: con la edad tendemos a desarrollar una inflamación crónica, de bajo grado, que acaba dañando a nuestros propios tejidos.

En el cerebro, esta inflamación constante activa a las células de la glía (las «compañeras» de nuestras neuronas) y las vuelve agresivas, afectando a las conexiones neuronales y favoreciendo el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.

Por eso, cuando hablamos de «antiaging» cerebral, muchas estrategias razonables van por ahí: reducir el combustible que alimenta esa inflamación perpetua.

P.- ¿Por qué la microbiota intestinal es tan relevante en este proceso?
R.- Porque el intestino y el cerebro están «chateando» constantemente. La microbiota influye en el sistema inmune, en el metabolismo y en las señales que llegan al cerebro por varias vías: metabolitos (como los ácidos grasos de cadena corta), mensajería hormonal, mediadores inmunes y también el nervio vago, que actúa como una línea telefónica directa.

Ahora bien: aquí conviene ser muy honestos. Mucha evidencia en humanos es asociativa: vemos patrones de alteración en la microbiota (lo que se conoce como disbiosis) relacionados con el envejecimiento, la fragilidad o el deterioro cognitivo, pero eso no implica que la microbiota sea la causa única o principal. Es un sistema complejo, con muchas piezas que poco a poco vamos desentramando a base de estudios científicos.

Lo que sí tiene sentido práctico es que, ya que la microbiota se alimenta de lo que comemos, entonces conviene darle lo que le gusta: una dieta rica en fibra, productos fermentados, legumbres, frutas, verduras, frutos secos y baja en ultraprocesados tiende a favorecer un ecosistema intestinal más compatible con buena salud metabólica e inflamatoria… y eso, indirectamente, es buena noticia para el cerebro.

P.- El estrés y la falta de sueño son habituales en nuestra sociedad. ¿Cómo afectan al cerebro?
R.- Son dos aceleradores del envejecimiento brutales. El estrés sostenido puede afectar a procesos como la atención, la memoria y la regulación emocional. Y el sueño es una especie de taller de mantenimiento para nuestro cerebro: permite consolidar la memoria y el aprendizaje, a la vez que elimina basura molecular que se acumula durante el día. Si no dormimos lo suficiente o lo suficientemente bien, este mantenimiento no se produce de manera adecuada.

Debemos buscar estrategias saludables y sostenibles a largo plazo que nos ayuden a vivir más relajados y descansar mejor. La idea es no obsesionarse, pero sí entender que controlar el estrés y dormir bien son importantísimos para mantener una mente joven el mayor tiempo posible.

P.- ¿Qué hábitos avalados por la ciencia ayudan realmente a mantener un cerebro joven?
R.-Además de explicar de forma accesible y lo más amena posible las consecuencias fisiológicas del envejecimiento, en el libro desgrano estos hábitos uno por uno, relacionándolos con la evidencia científica que los apoya. Si tuviera que escoger una regla sencilla con tres ideas clave, diría: haz actividad física diaria, come comida de verdad y nunca dejes de aprender cosas nuevas.

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