Seguridad alimentaria

El Gobierno copia al PP de Galicia y prohibirá las bebidas energéticas a menores de 16 años

La decisión se apoya en datos que evidencian un uso extendido entre estudiantes de secundaria

bebidas energéticas
Una muestra de bebidas energéticas.
Diego Buenosvinos

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El Ejecutivo español prepara una nueva regulación para limitar el acceso de los menores a las bebidas energéticas, una medida que responde a la creciente inquietud social y sanitaria por su consumo entre adolescentes. El anuncio ha sido realizado por el ministro Pablo Bustinduy, al frente del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, que trabaja en un marco normativo destinado a impedir que estos productos se vendan a menores de 16 años y a reforzar el control sobre su publicidad dirigida a jóvenes.

Sin embargo, hay que señalar que la comunidad pionera en esta materia es Galicia que ha aprobado una ley específica de protección de la salud de los menores que prohíbe la venta, el consumo e incluso la posesión de bebidas energéticas por parte de menores de edad.

Así, la normativa gallega considera una infracción muy grave vender o facilitar a menores cigarrillos electrónicos o bebidas energéticas. Esto implica que cualquier adulto que adquiera estos productos para entregárselos a un menor podrá ser sancionado. Además, la responsabilidad por la venta de alcohol, bebidas energéticas o artículos vinculados al tabaco recaerá directamente en los propietarios de los establecimientos, no en los empleados. Las sanciones previstas oscilarán entre los 200 y los 600.000 euros, en función de la gravedad de la infracción.

La decisión se apoya en datos que evidencian un uso extendido entre estudiantes de secundaria y en el respaldo mayoritario de la ciudadanía a esta restricción. Informes recientes de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición señalan que una proporción significativa de adolescentes consume estas bebidas con regularidad, lo que ha encendido las alarmas entre especialistas en salud pública. El Gobierno considera que, al igual que ocurre con otros productos potencialmente nocivos, la protección de la población menor debe situarse en el centro de la política preventiva.

La futura normativa no solo afectará a la venta directa en comercios, sino también a las máquinas expendedoras y a las campañas de marketing dirigidas a niños y adolescentes. La intención es limitar la exposición de los jóvenes a mensajes que promuevan un consumo frecuente de bebidas con altos niveles de cafeína, azúcares y otros estimulantes. Con esta iniciativa, el Ejecutivo busca equiparar la regulación española a la de otros países europeos que ya han adoptado restricciones similares en el ámbito de la protección del menor.

Además, la medida pretende abrir un debate más amplio sobre los hábitos alimentarios de la juventud y la necesidad de fomentar alternativas saludables. Las autoridades sanitarias advierten de que el consumo temprano de productos con estimulantes puede consolidar patrones de ingesta poco equilibrados que se mantienen en la vida adulta, aumentando el riesgo de problemas metabólicos y cardiovasculares.

Consumo habitual

El consumo habitual de bebidas energéticas puede provocar alteraciones del sueño, nerviosismo y taquicardias, especialmente en menores cuyo organismo es más sensible a los estimulantes. A largo plazo, su elevada carga de azúcar se relaciona con obesidad, caries y mayor probabilidad de desarrollar diabetes, lo que agrava el impacto negativo sobre la salud pública.

Asimismo, los expertos subrayan que la normalización de estas bebidas en edades tempranas puede fomentar una dependencia psicológica a los estimulantes y reducir la percepción de riesgo entre los adolescentes. Limitar su acceso no sólo busca proteger la salud inmediata de los menores, sino también prevenir hábitos de consumo que, mantenidos en el tiempo, pueden comprometer su bienestar físico y emocional.

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