¿Es un inmoral Zapatero? Al final va a resultar lo que parece
José Luis Rodríguez Zapatero, ex presidente del Gobierno español, le ha dado una nueva vuelta de tuerca a la sospecha tras su comparecencia el 2 de marzo de 2026 en la comisión de investigación del Senado sobre el caso Koldo. Citado por sus presuntos vínculos con la aerolínea Plus Ultra y el régimen venezolano de Nicolás Maduro, Zapatero negó que hubiera irregularidades en el rescate público de la compañía, pero sus explicaciones no han resultado nada convincentes. El PP lo ve como el «embajador de Maduro en España», vinculándolo a rescates como Plus Ultra (53 millones de euros en 2021) y Air Europa, donde supuestamente medió en ramificaciones venezolanas. Sabemos, también, que viajó a Arabia Saudí después de tener conocimiento de que la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional había detectado en ese lugar el rastro de transferencias vinculadas al rescate concedido a esta compañía aérea.
Ha negado cobrar por sus labores de «diálogo», pese a que una empresa familiar, aparentemente creada ad hoc, facturó sumas millonarias entre 2015 y 2020. Las investigaciones revelan que esta firma involucraba a sus hijas, y aunque la Audiencia Nacional rechazó en febrero de 2026 una querella por blanqueo y tráfico de drogas por falta de indicios, las sombras persisten. No sabemos aún su credibilidad, pero Víctor de Aldama, implicado en el caso Koldo, alega que Zapatero cobró 10 millones en comisiones vía Panamá. Fueron impactantes sus recientes declaraciones en el programa de Ana Rosa. «Patraña es él, corrupto y sinvergüenza. Tiene que estar muy preocupado por Plus Ultra y otras cosas. Va a ir preso y tengo pruebas», dijo. Y le mostró a la presentadora una foto de algo que formaría parte de los cargamentos de los vuelos de Plus Ultra y que la dejó impresionada.
Pero más allá de si se nos ha llevado dinero o en qué ha andado metido, lo que para mí deja meridiana la falta de escrúpulos del ex presidente es su frivolidad valorando a partidos que siempre han buscado lo peor para España. No sólo defiende su relación «intensa, sincera y muy positiva» con Puigdemont. En el basurero cognitivo en el que se encuentra, casi sería lo de menos. Se trata de ETA y de sus grupos herederos. En la comisión, reivindicó a EH Bildu y a sus votantes, afirmando: «Nunca he tenido ocasión de hacerlo en sede parlamentaria, quiero reivindicar a Bildu y a sus votantes, a todos los que trabajaron por la paz». Esta declaración innoble ignora el dolor de las víctimas de ETA, cuya disolución en 2011 no ha resuelto los más de 379 asesinatos sin autor conocido. Bildu, sucesor ideológico de la banda terrorista, se niega a condenar sus crímenes, obstaculizando a la justicia. Zapatero, artífice de ese discutible «proceso de paz» con ETA durante su mandato del 2004 al 2011, siempre ha priorizado el diálogo con verdugos sobre la memoria y reparación de las víctimas. No olvidamos cómo liberó a Iñaki de Juana Chaos, quien tras 3.000 días en prisión por 25 asesinatos, fue excarcelado en 2008 bajo su gobierno, mientras víctimas como las de Hipercor seguían clamando justicia.
Zapatero prioriza sus intereses personales y políticos sobre la ética, y su legado no parece que vaya a ser impoluto. Pero seguro que será recordado por su frivolidad ante el terror, su complicidad con regímenes autoritarios y muy posiblemente que no dijera la verdad cuando negaba importantes conflictos de interés. Su comparecencia en el Congreso no hizo sino confirmar hasta qué punto defiende lo indefendible poniendo por delante una prepotencia a la que el maquillaje de virtud que se gasta aún hace más grotesca.
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