Gobernar no es sólo comunicar
Cada día es más habitual ver como la autoridad en política se ejerce y, sobre todo, se escenifica. Y pocas herramientas de comunicación política son tan eficaces para hacerlo como una comparecencia cuidadosamente escogida.
La reciente intervención pública de Pedro Sánchez para fijar posición respecto a Estados Unidos no puede entenderse como un gesto diplomático exclusivamente, porque sobre todo y gracias a las virtudes que ofrece la buena #compol, es una operación estratégica, diseñada para, lejos de la casualidad, reforzar la imagen de autoridad y poder del presidente del gobierno. Comparecer implica mandar y si en esa comparecencia se echa un pulso a EEUU, además pretende parecer que se manda.
En este caso, la escena estaba cuidadosamente construida. Un presidente que toma la palabra, que fija posición en el escenario internacional y que se presenta ante la opinión pública como interlocutor de peso en el tablero global. El mensaje, en dos direcciones al unísono, trabaja hacia afuera y dentro, erigido como la tribuna desde la que se impone el orden.
Pedro Sánchez ha recurrido a esta fórmula en varias ocasiones durante su mandato. Lo hizo al fijar posición sobre la guerra de Ucrania, cuando España debía alinearse con las decisiones estratégicas de la OTAN y la Unión Europea. Lo hizo también durante los momentos más delicados del conflicto entre Israel y Hamás, donde el Gobierno español trató de proyectar una posición propia en medio de la tensión diplomática internacional. Y lo ha hecho en debates energéticos o geopolíticos en los que el Ejecutivo ha querido aparecer como actor relevante dentro del marco europeo.
En todos esos casos el formato fue determinante, teniendo como único objetivo la primacía de la construcción de la imagen de un presidente que dirige, decide y fija rumbo, otorgándole a la comunicación política la función de ordenar jerarquías.
Pero esa misma lógica revela algo interesante cuando se observa en contraste. Porque el presidente que comparece con rapidez para posicionarse ante cuestiones internacionales no siempre ha elegido el mismo formato cuando las crisis se producen en el ámbito interno.
En diversas polémicas nacionales de gran impacto político —la corrupción que sacude a su familia, el pacto con terroristas, la amnistía de los prófugos, las nefastas consecuencias de la inmigración en la España de a pie, la DANA de Valencia, Adamuz…— el formato ha mutado en declaraciones indirectas, intervenciones en actos institucionales o mensajes trasladados a través de ministros. La comparecencia directa, la que proyecta mando, ni ha estado ni se la espera. Y en política, las ausencias también comunican.
Y es que este contraste no es exclusivo del Gobierno central, repitiéndose un fenómeno similar en distintos niveles institucionales, donde los líderes eligen cuidadosamente cuándo mostrarse en primera persona y cuándo dejar que el foco se desplace. Hemos podido verlo recientemente en un acto autonómico, donde el presidente de la Junta de Andalucía protagonizaba un momento de fuerte carga emocional al recordar a los fallecidos en Adamuz.
Unas lágrimas que aparecen en algunos contextos mientras otros episodios igualmente dramáticos y muy graves para la sociedad no han provocado escenas similares en el escenario público. Las lágrimas, se convertían, por tanto, en un actor más en la escena diseñada para subrayar el lado más humano del poder. Si hay algo que la política contemporánea sabe bien es que la emoción construye un fuerte liderazgo.
La comunicación política moderna combina, de manera sublime, los registros de autoridad, escenificada a través de comparecencias institucionales, liderazgo internacional o decisiones de gobierno y de humanidad, construido mediante gestos simbólicos, empatía pública y momentos de vulnerabilidad cuidadosamente visibles. Y los líderes, adscritos a la estrategia del gabinete, alternan ambos para consolidar su posición.
Unos para proyectar mando. Otros para reforzar cercanía. Y ambos respondiendo a las hipótesis sobre si es el buen o mal hacer del mandatario y equipo es quien realmente gobierna o si, sencillamente, todo queda relegado bajo el vasto dominio del poder la comunicación.
A la vista de las circunstancias, juzguen ustedes mismos.