OPINIÓN

Sánchez quiere un tuit de Trump con su nombre

Sánchez quiere un tuit de Trump con su nombre

Estados Unidos ha comenzado una guerra, junto con Israel, contra Irán, que dispone de todo tipo de armamento, salvo el nuclear y el bacteriológico, y está dispuesto a usarlo. Y en esta crisis, a Pedro Sánchez, surgido de los burdeles, perito en pucherazos y hundido en la corrupción, le brotan unos escrúpulos morales y veta a nuestro principal aliado militar el uso de unas bases fundamentales para su campaña. ¡La que nos va a caer para que Sánchez pueda mirarse en el espejo!

En cuanto se conoció en EEUU la solemne prohibición de Moncloa de emplear las instalaciones de Rota y Morón, surgieron una serie de declaraciones por parte de figuras de peso en Washington que a cualquiera sensato en España debería preocupar. En Rabat, por el contrario, deben de estar brindando con champán.

El republicano Lindsey Graham, uno de los senadores que con más entusiasmo ha apoyado estos años los envíos de dinero y armamento a Ucrania para “matar rusos” y que lleva años pidiendo el derrocamiento del régimen islámico, ha calificado al gobierno socialista como “modelo de un liderazgo europeo patéticamente débil, que ha perdido el rumbo”.

Y el periodista Marc Thiessen, descrito por el corresponsal español David Alandete, como “uno de los columnistas de referencia de Trump, que suele hablar con él, que escribe en el Washington Post”, ha propuesto en X expulsar a España de la OTAN.

Al día siguiente, Trump arremetió contra España, nos calificó de “aliado terrible” y declaró: “Vamos a cortar todo el comercio con España”. Junto a él, el canciller alemán, Friedrich Merz, añadió en su turno que el gobierno español debe cumplir con el acuerdo del 5% de gasto en defensa.

El PSOE, esa banda resucitada en los años 70 por los servicios de información del franquismo, la CIA y los técnicos de la socialdemocracia alemana, llegó al gobierno en 1982 como un coco para señoras burguesas. Al final, Felipe González ni nos sacó de la OTAN en la que nos había metido Leopoldo Calvo-Sotelo, ni cerró las bases “hipoteca heredada del franquismo”, ni amparó a los saharauis. Parte de la misión del PSOE era domesticar a una izquierda seducida por la Cuba castrista y la pana y llevarle a votar “sí” en el referéndum sobre la permanencia en la OTAN.

El siguiente presidente socialista, Rodríguez Zapatero, empezó retirando las tropas destinadas en Irak bajo mandato de la ONU y concluyó en 2011 cuando le llamó Barack Obama para ordenarle que dejase de remolonear y acometiese severos recortes en unas cuentas públicas derrochonas.

El tercer presidente socialista, sin embargo, inició su gobierno recibiendo en Moncloa a George Soros, una de las figuras del “establishment” progresista de Estados Unidos. Más tarde, acogió una cumbre de la OTAN en 2022 y destinó tropas a proteger las fronteras, no las de España, sino las de Letonia o Rumanía. En 2023 la ministra de Defensa de Sánchez firmó con la embajadora de Estados Unidos el acuerdo para el despliegue de dos destructores adicionales de la Marina norteamericana en la base naval de Rota, donde hasta entonces sólo podían atracar cuatro. El acuerdo, encima, no se votó en el Congreso de los Diputados.

Durante la anterior campaña de bombardeos sobre Irán, la Guerra de los Doce Días, Rota y Morón recibieron bombarderos y aviones cisterna, sin que Pedro Sánchez temiese por su decencia como un adolescente por su virtud en las saunas del padre de Begoña Gómez.

A Sánchez no le guían ni la moral ni la compasión, sino la politiquería. Su sueño, compartido con su regimiento de asesores, es un tuit de Donald Trump en el que le insulte, para mostrarlo a su ejército de Charos como la prueba de que él y sólo él es el centinela que para al fascismo y sube las pensiones. Así se presentaría a las elecciones generales, que son las únicas que le importan para sobrevivir, con el lema de: “O Sánchez o Trump”.

Por el momento, el presidente de EEUU, que sabe de relatos (antes llamados propaganda) más que Sánchez, no le ha dado el tuit. Se limita a despotricar de España. Porque, aunque les sorprenda a los socialistas, los gobernantes pasan y las naciones permanecen. En política internacional, todo acto produce consecuencias. Y para los españoles, la bajeza de Sánchez va a tenerlas de una enorme magnitud.

Tanto Estados Unidos como Israel, la OTAN, la UE y hasta la FIFA van a ponerse del lado de Marruecos. La alianza americano-europea tiene que mantener abierto el estrecho de Gibraltar. Y un Marruecos sujeto por la dinastía alauita ofrece mucha más seguridad que una España idiotizada, cuyo gobierno, como estamos comprobando con la regularización de inmigrantes ilegales, realiza al reemplazo demográfico para ganar votos, aunque ello suponga empobrecer a los españoles y destruir el país.

Cuando se ha cumplido el quincuagésimo aniversario de la retirada española del Sáhara, se repite la misma situación. Una España vacilante y un Marruecos fuerte, que reclama a Estados Unidos un trozo de territorio español en precio a su lealtad, y lo recibe.

El sultán Mohamed ya consiguió (no sabemos cómo, pero lo sospechamos), que Sánchez pasase de defender el referéndum de autodeterminación de los saharauis con la boca pequeña a aceptar su autonomía bajo la soberanía marroquí a tambor batiente. Ahora, el rey podría ampliar la lista de peticiones a Washington con las ciudades de Ceuta y Melilla, el archipiélago de las Chafarinas, el peñón de Velez de la Gomera, el monte submarino Tropic, el espacio aéreo y hasta la isla de Alborán. No gozará de otra ocasión mejor.

“O estás en la mesa o estás en el menú” es una de las frases más citadas entre los diplomáticos. Sánchez nos ha puesto a los españoles en el menú para seguir unos meses más en la presidencia del gobierno. Tengamos claro que si nos hierven o nos trinchan, él es el culpable.

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