Delcy Rodríguez y la caja de Pandora

Delcy Rodríguez

Decía el general Prim, ese excelente presidente liberal y progresista del gobierno español asesinado en la calle del turco de Madrid el 27 de diciembre de 1870, que «cuando uno gobierna no hace siempre lo que debe, a veces tampoco lo que quiere, sino solo lo que puede».

Algo así debería estar pensando ayer Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU mientras escuchaba con mirada seria, por la responsabilidad que asumía, el vehemente discurso de Trump ante las cámaras de televisión. Una cosa es el discurso mediático del presidente norteamericano y otra muy distinta la realpolitik.

Parémonos un instante a pensar sobre esta aprehensión largo tiempo esperada y que ha conmocionado a la comunidad internacional; estamos ante una captura que, sin duda, desembocará en un cambio de régimen político, pero conviene no perder de vista que, en las transiciones duras, golpes de Estado o cambios revolucionarios, se negocia con aquella persona que puede apagar o prender el incendio o desatar la violencia, y no con quien solo tiene la razón moral o la legitimidad política.

Y hacemos énfasis en esto, porque esta y no otra, es la razón por la que Delcy Rodríguez, chavista de acreditado pedigrí, está sentada hoy en la mesa de negociaciones con la administración Trump. La ínclita Delcy, la del vuelo alevoso y nocturno en Barajas acompañada por el ministro sanchista José Luis Ábalos, y Koldo, cuyo episodio esperamos que algún día nos sea aclarado, irrumpe hoy otra vez en la escena para sorpresa de todos.

Lo cierto y verdad, es que, si uno mira el auto de imputación por narcoterrorismo dictado por el juez ante el gran jurado del distrito sur de la Corte de Nueva York, se encuentra que están encausados Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros tantos imputados, pero no aparece por ningún sitio Delcy Rodríguez. Entonces, como si de un guion de realismo mágico se tratara, todo cuadraba a la perfección, ella es quien tiene la llave de la caja de Pandora.

Es la vicepresidenta convertida en presidenta que va a negociar con la administración Trump. No es un cuento de Alejo Carpentier, es la Epifanía del 2026, no debemos olvidar que el poder real sobre el terreno lo tiene el régimen chavista y no la oposición civil.

Y para Trump, Delcy dispone de algunas golosinas que pueden facilitarle enormemente la vida en el cambio de régimen, a saber: Delcy maneja las cuentas corrientes de los bancos y la hacienda chavista, la petrolera venezolana, enclaves estratégicos como puertos, aeropuertos, ministerios, policías, milicias chavistas, la inteligencia cubana incrustada en el sistema, tiene comunicación directa con los paramilitares, información completa de las personas infiltradas y sus agentes extranjeros.

Delcy ya no manda, es verdad, no tiene el poder real, pero tiene la llave, tiene el conocimiento de quién es quién y puede ser la pieza clave para la desmovilización y desarticulación del chavismo en una primera fase. Basta con recordar el discurso de Delcy llamando a la calle, a la resistencia activa bolivariana y compararlo con su discurso por la tarde, tras conversar con Marco Rubio, apelando a los venezolanos a la calma y la tranquilidad.

¿Por qué Trump no cuenta ahora con Edmundo González o María Corina Machado? Ojo, no hay que caer en el error emocional de pensar que por el simple hecho de que cayera Maduro ahora deberían mandar los buenos. El diplomático Edmundo González es el legítimo ganador de las últimas elecciones generales en Venezuela, goza de la legitimidad del voto popular y María Corina Machado goza de la legitimidad moral, internacionalmente avalada por la obtención reciente del premio Nobel.

Aunque a día de hoy, es muy probable que, desafortunadamente, ni el uno ni la otra estén en condiciones de negociar con el chavismo una auténtica transición pacífica y evitar una gran escalada de la violencia y guerra civil. Ellos no controlan a quienes tienen las armas en el interior del país, ni las minas, ni los enclaves estratégicos ni a la compañía petrolera. Y ahora, en esta primera fase, el objetivo crítico es evitar la violencia y el conflicto armado dentro del territorio.

Esto no significa que en una fase posterior la administración Trump no pueda y deba incluir a estas personalidades y también a algunas otras como Antonio Ledezma, ex alcalde de Caracas, o a Leopoldo López, figura emblemática de la oposición venezolana, todo ello para avanzar en la consolidación de un auténtico régimen democrático para Venezuela.

Este maravilloso país caribeño necesita estabilidad financiera y seguridad jurídica, un Estado de Derecho que se asiente en el imperio de la ley y en el respeto a la dignidad de las personas, así como en la liberación de todos los presos políticos. Se oye con demasiada frecuencia que esta invasión es el principio del fin del Derecho Internacional.

Discrepo de esta opinión como de la mayoría de las frases coronadas por «grandes palabras» que guardan conceptos pequeños. Creo que hay que distinguir con claridad el hecho obvio de que esta operación quirúrgica de captura no goza de legalidad internacional al no haber sido avalada por Naciones Unidas, pero, sin embargo, disfruta de la legitimidad que le otorga una rebelión legítima contra una dictadura tan execrable como la de Maduro. Y si no, que se lo pregunten a los más de ocho millones de venezolanos que están sufriendo el exilio o a los que aún están atrapados en el interior del país sometidos a una autocracia que pisotea desde hace muchos años sus derechos fundamentales.

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