Preocupación máxima en la zoología española: la anguila está más cerca de extinguirse que el lince o el oso polar
La anguila europea vive una situación realmente alarmante en nuestro país. Mientras que el imaginario colectivo de España sitúa al lince o al oso polar como los grandes ejemplares de la lucha por la supervivencia, este pez enfrenta un panorama mucho más sombrío y desolador.
Esta realidad coloca a la anguila europea en una posición de vulnerabilidad extrema, superando con creces la gravedad de otros mamíferos mucho más mediáticos. De hecho, aunque el lince ibérico y el oso polar figuran catalogados como vulnerables (VU), la anguila ya se encuentra en el escalón de peligro crítico (CR), previo a rozar la extinción definitiva.
¿Qué ocurre con la anguila europea?
Lo situación de la anguila europea no es una exageración de los biólogos españoles. Se trata de una realidad avalada por organismos internacionales. La lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica a la anguila europea como un animal En Peligro Crítico de extinción a nivel global.
Esta triste etiqueta supone el último escalón antes de la desaparición definitiva en libertad. A pesar de su importancia biológica, la falta de relevancia visual respecto a otras especies, como apunta la ambientóloga María Ángeles García de Alcaraz de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), hace que el gran público ignore su declive.
«Quizá su aspecto de serpiente y viscosa que tiene, que a mucha gente no le agrada, pueda hacer que se le preste menos atención», apunta García de Alcaraz según información compartida por Cadena SER.
Causas que llevan a que la anguila europea esté en peligro crítico de extinción
Las causas de su reducción poblacional son variadas. La fragmentación de los cauces fluviales impide sus movimientos naturales, a lo que se suma la degradación constante de los hábitats y la llegada de especies exóticas invasoras.
Además, el cambio climático y la presión pesquera terminan por sumarse como condiciones peligrosas para este pez. Según datos de ANSE, la presencia de este animal ha mermado drásticamente en los humedales del sureste ibérico, llegando a desaparecer de muchos puntos donde antes era común.
La prioridad de proteger la anguila europea
La laguna costera y sus humedales adyacentes son fundamentales para la conservación de la anguila europea. Recientemente, ANSE y WWF han liberado 70 ejemplares en estas aguas tras el cierre de la pesquería profesional el pasado 15 de enero. Trece de estos individuos portan emisores de telemetría acústica para que los científicos puedan seguir sus pasos.
Este trabajo forma parte del proyecto GePescArt-2, una iniciativa que busca desentrañar el ciclo de vida de un animal que todavía hoy resulta un enigma. Gracias a este programa, financiado por el programa Pleamar de la Fundación Biodiversidad, se han marcado ya más de 1.011 ejemplares entre el Mar Menor y los humedales del sur de Alicante.
Lamentablemente, la ciencia todavía no ha logrado la reproducción en cautividad de este animal. Por tanto, cada ejemplar que sobrevive en libertad es necesario para la especie, ya que antes de sentir la llamada para reproducirse, estas criaturas pasan entre 13 y 15 años en nuestras aguas, deambulando por cauces como el río Segura, el Delta del Ebro o la Rambla del Albujón.
Aunque suene extraño, lo mejor es la «captura cero»
La gravedad del asunto ha llevado a que el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) recomiende para este año 2026 una captura cero en todas sus fases de crecimiento. Las medidas de protección se han endurecido, prohibiendo en el Mediterráneo la pesca recreativa tanto de angulas como de anguilas. Para la pesca profesional, el Consejo General de Pesca del Mediterráneo ha establecido una veda obligatoria de seis meses.
Es indispensable entender que la anguila funciona como un termómetro de la salud de las aguas españolas. Su capacidad para moverse por distintos ambientes permite a los expertos conocer qué está ocurriendo realmente en el ecosistema.
Por eso, proteger sus ecosistemas de más de 6.000 kilómetros hacia el Mar de los Sargazos debería ser, a día de hoy, prioridad absoluta para evitar que esta especie de nuestra fauna desaparezca para siempre.