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La empresa Colossal Biosciences ha logrado devolver a la vida al lobo lobo huargo, que sirvió de inspiración para crear el lobo que es el emblema de la Casa Stark en «Juego de Tronos» y que se extinguió más de 12.500 años. La empresa ha logtrado «dar vida» a Rómulo y Remo, dos cachorros de seis meses creados a través de modificaciones genéticas derivadas de ADN hallado en fósiles de hace entre 11.500 y 72.000 años, indicó Colossal en un comunicado.
La entidad, que calificó este proceso como la primera «desextinción» de la historia, explicó que se editaron 20 genes de lobos grises con este ADN (procedente de un diente de 13.000 años y un cráneo de 72.000) para otorgar a los cachorros algunas de las principales características del lobo huargo. Posteriormente, crearon embriones a partir de las células modificadas del lobo gris y los implantaron en hembras caninas que dieron luz a estos animales.
La ‘desextinción’ del lobo huargo
Los lobos huargos habitaron el continente americano durante el Pleistoceno, hace entre 3,5 y 2,5 millones de años, y desaparecieron al final de la última glaciación, hace aproximadamente 13.000 años. Estos animales podían ser hasta un 25% más grandes que los lobos grises, con un pelaje claro y denso.
A raíz del proyecto de Colossal, la comunidad científica sostiene que no estamos ante una «desextinción», sino ante lobos grises genéticamente manipulados. «Los lobos grises y los huargos divergieron hace unos 5 millones de años. Es lógico pensar que, en todo ese tiempo, ambas especies han acumulado miles y miles de mutaciones únicas. Colossal ha cogido apenas 20 de estas miles y miles de mutaciones y han conseguido que un lobo gris se parezca a un lobo huargo», explica el científico titular del CSIC, Pablo Librado.
«Por eso viene la polémica y creo que se han pasado con el marketing. No han resucitado a una especie con solo 20 modificaciones en 14 genes del lobo gris común para cambiar el color del pelaje o la morfología del cráneo. Hay otras miles de mutaciones que controlan el metabolismo o el comportamiento y no se han incluido. Así que no. No han reconstruido o revivido la especie original. Lo único que han hecho es que un lobo gris se parezca lo máximo posible a un lobo huargo», añade.
«Es interesante igualmente, porque todos estos pequeños pasos que va dando Colossal Bioscience, algún día pueden hacer que esta tecnología de edición genética sea mucho más barata. La introducción de las mutaciones de especies extinguidas en sus parientes cercanos, nos están poniendo a punto para una forma de trabajo que quizás en el futuro pueda servir para algo, aunque ahora mismo haya mucho marketing detrás», concluye.
En este contexto, la directora científica del proyecto de Colossal, Beth Shapiro, reconoce que «probablemente existan millones de diferencias entre los lobos grises y los lobos terribles, y la tecnología de edición de ADN no es lo suficientemente robusta como para realizar todos esos cambios simultáneamente sin provocar la destrucción de la célula», ha señalado en declaraciones a la revista Rolling Stone.
Mientras, en declaraciones a la plataforma de recursos científicos Science Media Centre de Nueva Zelanda, el director del Laboratorio de Paleogenética de Otago (Nueva Zelanda), Espic Rawlence, aclara que para «desextinguir» una especie hay que clonarla antes, y el problema es que es imposible clonar animales extintos. Según explica Librado, «en la clonación, básicamente se coge el ADN entero de un individuo y se pone en el óvulo de otro individuo. De ese modo, se reemplaza el ADN y el óvulo acaba dando lugar a un ser idéntico al original, es decir, un clon. Pero para ello, se necesita ADN de altísima calidad, fresco, por decirlo de alguna manera».
Debate ético
¿Es ético modificar una especie viva para cambiar o preservar el ecosistema? Para Emilio Mármol, investigador en paleogenómica en la Universidad de Copenhague, señala que el escenario planteado por Colossal puede llegar a ser «interesante». «Quizás no tanto introducir características fenotípicas de especies extintas, sino en hacerlas a ellas más resistentes a enfermedades o al cambio climáticos», explica a 20minutos. «Con el mamut no se sabe muy bien cuál fue la causa final de su extinción, si fue una combinación entre el cambio climático y la caza o solamente debido al cambio climático. En el caso del tilacino o del dodo fueron los humanos los que los exterminaron. Creo que tenemos una responsabilidad mayor en cuanto a intentar no tanto revivirlos como tal, sino a tratar de reintroducir alguna alguna especie que pueda cubrir ese nicho», opina.
Por su parte, Eze Paez, filósofo del Centro de Estudios de Ética Animal de la Universidad Pompeu Fabra, tiene una visión distinta: «Cuando alguien decide llevar a cabo una intervención genética en un individuo, la cuestión más importante es: ¿Va a ser beneficiosa para este individuo? ¿Qué riesgos tiene llevarla a cabo? Esto debemos preguntárnoslo tanto con humanos como con animales».