Fraude

De Wirecard a Deutsche Bank: la tramposa banca alemana daña la imagen del país

Elecciones alemanas Bolsas
Angela Merkel.

Los sistemas de control de Alemania han vuelto a fallar, emborronando la imagen del motor de Europa. Los casos de fraude empresarial se personifican en los últimos días en Wirecard, pero antes de ella fueron Deutsche Bank o Volkswagen, BMV, Daimeler y SAP más allá de los servicios financieros. En el caso de Wirecard, la fintech a la que muchos llaman la PayPal europea, ha confesado un agujero contable de 1.900 millones de euros y se ha declarado en bancarrota en menos de una semana.

Además, su ex consejero delegado ha sido detenido y Bruselas estudia abrir una investigación al BaFin (el regulador bancario alemán), según adelanta el diario Financial Times. El objetivo es saber si el BaFin -responsable de la supervisión de Wirecard Bank, filial de Wirecard-, erró en su labor e incumplió la legislación europea. Por el momento, la ESMA (Autoridad Europea de Valores y Mercados) va a estudiar lo ocurrido y ha reconocido que lo que ha pasado con Wirecard es una auténtica «vergüenza».

El escándalo de Wirecard se ha traducido en el hundimiento en picado de su valor en Bolsa. En menos de dos años la firma ha perdido más de 24.000 millones de su capitalización bursátil. En 2018 valía más de 24.100 millones de euros y en la actualidad sólo 158 millones de euros. Una auténtica hecatombe.

“Llamemos a las cosas por su nombre: la quiebra de Wirecard es un desastre. Un desastre para la cultura bursátil alemana, un desastre para el sistema de supervisión financiera alemana y un desastre para Alemania como centro financiero. Los signos de fraude ahí están, pero los sistemas de control en Alemania han fallado completamente”, dice Robert Zach, experto en mercado alemán de Investing.com, quién se pregunta qué pasará si Visa, Mastercard o JCB cancelan los contratos de licencias a los grandes clientes como Aldi o Ikea abandonan sus relaciones comerciales con la compañía. «No podría sobrevivir. ¿Y quién invertiría entonces en una compañía financiera que tiene un cráter de 1.900 millones de euros en su balance de cuentas, pero siempre ha defendido su inocencia?”, concluye.

No es la primera vez que una compañía alemana está envuelta en un escándalo de grandes magnitudes. Deutsche Bank sabe bien de ello. En los últimos años, el primer banco alemán ha sido condenado por manipular divisas, índices bancarios, blanqueo de capitales y mala praxis. Fue en 2015 cuando las autoridades de Estados Unidos y de Reino Unido condenaron al banco a pagar una multa inicial de 2.320 millones de euros por manipular las tasas de referencias del mercado interbancario, entre ellas, el euríbor y el libor. Una práctica llevada a cabo entre 2005 y 2010 en la que estaban implicados trabajadores del banco de Nueva York, Tokio, Londres y Fráncfort.

Tan sólo un año más tarde, Deutsche Bank tuvo que apagar otro fuego: llegó a un acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos por unas reclamaciones civiles relacionadas con la emisión y suscripción de valores respaldados por hipotecas entre 2005 y 2007. En esta ocasión, la multa fue de 7.000 millones de euros. La imagen pública del banco también sufrió un importante revés a cuenta de la quiebra del grupo de medios Kirch. La justicia condenó a la entidad como responsable de la quiebra ocurrida en 2002. La disputa legal se cerró finalmente con el pago de 775 millones de euros al grupo. La entidad ha pagado miles de millones de euros en multas y acuerdos, impactando fuertemente en sus cuentas.

Volkswagen, BMW y Daimler

El caso de Volkswagen, BMW y Daimler merece mención aparte. Los tres grupos automovilísticos ‘made in Alemania’ han protagonizado varios escándalos relacionados con las emisiones de sus vehículos diésel y las innovaciones anticontaminación. Volkswagen fue el protagonista del llamado ‘Dieselgate’ en 2015. Manipuló durante años las pruebas para las emisiones de contaminación en los vehículos diesel en Estados Unidos. Millones de vehículos se vieron afectados en todo el mundo por la manipulación de los motores y aún hoy, todavía hace frente a muchas reclamaciones abiertas.

Por aquel entonces, la canciller Angela Merkel aseguraba que la imagen de marca de Alemania no se había visto perjudicada por el escándalo y pedía transparencia al grupo automovilístico para resolver lo antes posible la crisis.

Volkswagen, BMW y Daimler también fueron sancionados por el Bundeskartellamt, la autoridad alemana responsable de la regulación de la competencia y de los derechos de los consumidores, por crear un cartel y manipular durante nueve años los precios del acero. En esa ocasión la multa ascendió a 100 millones de euros y supuso un nuevo castigo a la imagen de Alemania, que tan orgullosa ha estado siempre de su industria automovilística.

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