Paleontología

Los paleontólogos no dan crédito: encuentran fósiles marinos de hace 450 millones de años en el monte Everest

Fósiles marinos en el Everest. (Representación)
Fósiles marinos en el Everest. (Representación)
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Resulta difícil imaginar que la cordillera más alta del mundo, el monte Everest, estuviera sumergida alguna vez bajo un cálido océano. Sin embargo, la ciencia ha confirmado que las rocas de esta formación albergan restos de criaturas que habitaron un ecosistema tropical mucho antes de que los dinosaurios pisaran la Tierra. La investigación, liderada por David A. T. Harper desde el Museo de Historia Natural de Dinamarca, sitúa estos hallazgos en la región del Tíbet.

A unos 4.000 metros de altitud, lejos de la cumbre del Everest, pero en pleno corazón de la estructura montañosa, los expertos identificaron estratos correspondientes al periodo ordovícico.

Esta etapa geológica, que concluyó hace unos 440 millones de años, presentaba condiciones drásticamente distintas a las actuales, con días de apenas 21 horas, ya que la Tierra giraba más rápido, lo que resultaba en jornadas más cortas, y una atmósfera con niveles de oxígeno tan bajos que impedían la vida animal en la superficie terrestre.

¿Qué tipo de fósiles marinos hay en el monte Everest?

En la formación Qomalangma los paleontólogos localizaron una variedad asombrosa de especies extintas. En este punto del Himalaya, a más de 4000 metros de altura, el equipo danés identificó un gran número de braquiópodos, cefalópodos y conodontos, además de restos de equinodermos inmóviles. Estos organismos demuestran que el área fue un lecho marino y detallan la existencia de un ambiente marino somero y de temperaturas elevadas.

Según los datos presentados por los investigadores en el 11.º Simposium Internacional sobre el Sistema Ordovícico en Alcalá de Henares, estas especies habitaban los márgenes del antiguo supercontinente Gondwana. La tectónica de placas, mediante un proceso de colisión que duró millones de años, empujó estos sedimentos oceánicos hacia arriba hasta configurar lo que hoy conocemos como el techo del mundo.

Por tanto, los fósiles no «subieron» a la montaña; la montaña se formó elevando el antiguo suelo del océano. Este fenómeno geológico, conocido como orogénesis, explica por qué restos de braquiópodos y cefalópodos reposan hoy a una altitud donde el oxígeno escasea.

Hace 450 millones de años, la placa tectónica que hoy sostiene a la India inició un desplazamiento colosal hacia el norte. En su trayecto, comprimió el antiguo Mar de Tetis contra la placa euroasiática, lo que provocó que el lecho marino se plegara y ascendiera de forma vertical.

¿Cómo era la vida en el periodo ordovícico?

Para entender la magnitud del descubrimiento paleontológico, conviene analizar el contexto del periodo ordovícico. En aquel entonces, la biodiversidad se concentraba exclusivamente en el agua bajo un clima tropical. La ausencia de fauna en tierra firme contrastaba con la explosión de vida en los océanos, donde se gestaron los yacimientos de petróleo y gas que hoy explotamos en diversas regiones del planeta.

Estos restos de trilobites y otros invertebrados, analizados por instituciones como el Instituto Geológico y Minero de España, permiten reconstruir episodios de glaciaciones y cambios en el magnetismo terrestre. La fidelidad de estos registros pétreos es tal que, según publican los medios generalistas, basándose en las investigaciones de Harper, se puede confirmar la transición de un ecosistema marino vibrante a la formación de las grandes cordilleras actuales.

Este hallazgo salió a la luz originalmente en 2011, pero ha vuelto a cobrar una relevancia inusitada en 2026 tras viralizarse recientemente en redes sociales.

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