La NASA no da crédito a lo que ha encontrado: llevaba miles de años oculto bajo un glaciar
Científicos de la NASA confirman la aparición de una nueva isla que antes permanecía unida al glaciar Alsek.
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Las imágenes que llegaron este verano desde el satélite Landsat 9 pillaron por sorpresa al equipo de seguimiento de glaciares. Al revisar la secuencia, varios investigadores se dieron cuenta de que algo había cambiado en el mapa del sudeste de Alaska. No se trataba de un fallo técnico de la NASA ni de un reflejo en el hielo. Lo que aparecía en pantalla era un fragmento de terreno que, hasta hace nada, formaba parte del glaciar Alsek y que ahora emergía como una isla independiente. Un cambio que evidencia la rapidez con la que el deshielo está reconfigurando este rincón del planeta.
La confirmación llegó en agosto de 2025, cuando se compararon distintas pasadas del satélite y quedó claro que Prow Knob, una elevación rocosa de unos cinco kilómetros cuadrados, ya no tocaba el glaciar. Ese punto de unión que había resistido décadas se había desvanecido en cuestión de semanas, dejando la montaña rodeada por las aguas del Alsek Lake. La diferencia con respecto a las imágenes anteriores era tan evidente que los especialistas apenas necesitaron análisis adicionales para certificar que la separación era definitiva. Entre quienes llevan media vida estudiando el comportamiento del glaciar Alsek, la noticia generó una mezcla de sorpresa y confirmación. Algunos geólogos ya habían planteado la posibilidad de que la zona terminara desprendiéndose, pero no esperaban que el proceso fuera tan brusco ni que las imágenes obtenidas por la NASA dejaran un testimonio tan claro del retroceso del hielo.
La NASA descubre algo que llevaba miles de años oculto bajo un glaciar
La región donde ha emergido esta nueva isla es una de las más dinámicas del sudeste de Alaska. El glaciar Alsek, que durante gran parte del siglo XX ocupaba el valle en bloque, ha ido retrocediendo a un ritmo sostenido. Los investigadores estiman que ha perdido más de cinco kilómetros en las últimas décadas, una distancia que basta para transformar por completo la geografía local. Si a comienzos del siglo XX el hielo llegaba hasta Gateway Knob, hoy el terreno muestra un mapa distinto con grandes extensiones de agua donde antes había roca congelada y formaciones que ahora quedan al descubierto tras miles o incluso millones de años enterradas bajo el glaciar.
Los datos del Earth Observatory permiten visualizar esta evolución de una forma muy gráfica. Entre 1984 y 2025, la superficie del Alsek Lake pasó de unos 45 kilómetros cuadrados a unos 75. Ese crecimiento no es fruto de precipitaciones ni movimientos tectónicos, sino del propio deshielo progresivo. A medida que el glaciar retrocede, va dejando tras de sí un gran lago proglaciar que avanza, abraza nuevas zonas y revela partes del paisaje que nadie había podido estudiar en detalle. Es en ese contexto donde aparece Prow Knob como una isla recién salida a la luz, pero presente desde tiempos remotos bajo la capa de hielo.
Un fenómeno anticipado, pero que llegó más tarde de lo previsto
Dentro de la comunidad científica, este hallazgo también tiene un matiz histórico. El glaciólogo Mauri Pelto explicó que él y el investigador Austin Post llevaban años señalando que la separación de Prow Knob era solo cuestión de tiempo. Basándose en patrones de retroceso y en estudios del ritmo de adelgazamiento del glaciar, situaron la ruptura en torno al año 2020. Sin embargo, el Alsek mostró una resistencia inesperada. Aunque continuó encogiéndose, mantuvo durante varios años un último punto de contacto con la montaña.
La situación cambió definitivamente entre julio y agosto de 2025. Las imágenes del Landsat 9 confirmaron que aquel puente helado que aún unía la montaña con la masa glaciar había desaparecido. Con esa pequeña fractura final, Prow Knob pasó de ser una prominencia integrada en el glaciar a convertirse en una isla independiente. La NASA no tardó en validar el hallazgo porque coincidía con todos los indicadores previos: el glaciar no podía sostener su estructura mucho más tiempo en un entorno donde la temperatura media sigue ascendiendo año tras año.
El avance del deshielo también trae nuevos riesgos
Que una isla emerja donde hace décadas sólo había hielo puede parecer un fenómeno casi anecdótico, pero para los investigadores es una señal inequívoca de cambios más profundos. Cada vez que un glaciar pierde masa, aumenta su inestabilidad. Y esa inestabilidad multiplica la probabilidad de desprendimientos repentinos, desbordamientos en los lagos proglaciares y reconfiguraciones abruptas del terreno.
El sudeste de Alaska se ha convertido en un laboratorio natural para entender cómo reacciona la superficie terrestre cuando el hielo retrocede a velocidades inéditas. En un mismo escenario conviven montañas que emergen, lagos que crecen sin pausa y glaciares que se parten en volúmenes gigantescos. La aparición de Prow Knob como isla no es un hecho aislado, sino una pieza más dentro de una transformación acelerada que ya está reescribiendo la historia geológica de la zona.
Los equipos que trabajan en esta zona insisten en que lo descubierto no es un caso aislado. Bajo muchos glaciares quedan todavía relieves, antiguos cauces y formaciones que llevan millones de años ocultos y que sólo empiezan a asomarse ahora que el hielo pierde espesor. Ese retroceso acelerado está permitiendo estudiar terrenos que nunca habían sido observados con detalle y que ayudan a reconstruir cómo era la región mucho antes de la presencia humana. La nueva isla surgida junto al glaciar Alsek es un ejemplo más de lo que puede salir a la luz cuando el hielo retrocede, pero también un aviso de que el mapa de esta parte de Alaska seguirá moviéndose en los próximos años.