Turismo interior

Parece un cañón islandés, pero está en Jaén: la cascada cristalina de 40 metros en Sierra Morena declarada paraje natural en 1989 y rodeada de buitres y miradores

cascada cristalina de 40 metros en Sierra Morena
Vista aérea de la Cascada de la Cimbarra. Foto: Veinticuatro de Jahén en Wikimedia Commons.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

En el extremo nordeste de la provincia de Jaén, donde Sierra Morena hace frontera con Castilla-La Mancha, se esconde una cascada cristalina cuya estampa recuerda más a los paisajes del norte de Europa que al interior andaluz. Paredes verticales de roca, un río encajonado y una poza de agua transparente al fondo componen una imagen que deja boquiabierto a todos.

Incomprensiblemente, el enclave recibe pocas visitas para lo que ofrece. Y es que, claro, exige recorrer unos kilómetros de pista de tierra, sumado a que en los alrededores no hay servicios ni transporte público. No obstante, lo vale: la recompensa es un salto de agua, rodeado de rapaces, restos de pinturas rupestres y rocas que todavía guardan la huella de un antiguo fondo marino.

La cascada cristalina de la Cimbarra, el gran salto de agua de Aldeaquemada

Nuestra protagonista en esta ocasión es la Cascada de la Cimbarra, en el término municipal de Aldeaquemada, muy cerca del Parque Natural de Despeñaperros. La forma el río Guarrizas al precipitarse por una pared vertical, y su valor natural, le valió la declaración de paraje natural en 1989. El espacio protegido abarca hoy 534 hectáreas, según la Junta de Andalucía.

En lo que respecta a su altura, hay que admitir que varía según la fuente. La ficha oficial del sendero, recogida por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), habla de unos 25 metros, mientras que otras guías la sitúan entre veinte y 40 metros.

Por otro lado, cabe remarcar que se trata de una cascada estacional. ¿Qué quiere decir esto? Pues que lleva mucha más agua después de las lluvias y pierde fuerza en los meses secos, de modo que la primavera y los otoños lluviosos son las mejores épocas para verla.

Simplemente, impresionante: un cañón de 500 millones de años en plena Sierra Morena

El parecido con los cañones islandeses tiene una explicación geológica. La cascada existe gracias a una falla que corta el cauce del río de forma transversal y deja al descubierto una pared de cuarcita muy dura.

Esa roca se formó en el mar hace unos 500 millones de años, quedó cubierta por materiales más modernos y se elevó durante el Carbonífero, hasta que la erosión la dejó a la vista.

Por eso, en los estratos todavía se distinguen ondulaciones fósiles del oleaje y restos de organismos que vivieron cuando aquello era un fondo arenoso. La garganta del Guarrizas está flanqueada por paredes verticales de más de 100 metros, con grandes pliegues de roca bien visibles desde los miradores.

Vista cercana de la cascada de la Cimbarra. Foto: Saul Moreno en Wikimedia Commons.

Y a ese paisaje que vemos en la imagen de arriba se suman las pinturas rupestres de la propia cascada y de las cuevas cercanas.

Recordemos que tres de esos yacimientos (Tabla de Pochico, Monuera y Desesperada) forman parte del arte rupestre declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El entorno, solitario y de difícil acceso durante siglos, sirvió también de refugio a bandoleros, según recuerda la ficha del sendero elaborada por la Junta y la Federación Andaluza de Montañismo.

Buitres, águilas y búhos reales sobre la cascada

Además de paraje natural, la Cimbarra es Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) desde 2002 y Zona Especial de Conservación desde 2015. Las aves son su principal valor natural, según el BOJA, que destaca la presencia de cigüeña negra, águila perdicera, águila calzada, búho real y buitre leonado.

En su día a día, los buitres suelen anidar en las paredes rocosas frente a la cascada y es habitual verlos planear sobre el desfiladero, a veces a la altura de los miradores o incluso por debajo. Para observar las rapaces, basta con unos prismáticos y algo de paciencia en los miradores.

Mientras tanto, en tierra, el paraje alberga ciervos, jabalíes y zorros, y en la unión del arroyo de Martín Pérez con el Guarrizas no es para nada raro encontrar huellas de nutria.

Entre tanto, la vegetación acompaña ese contraste entre roca y agua. En las laderas domina el encinar mediterráneo con jara, lentisco, romero y enebro; en las umbrías aparecen madroños, quejigos y cornicabras, y junto al cauce crecen alisos y fresnos que pueden superar los 25 metros de altura y forman un bosque de galería sobre el agua.

Senderos y miradores conocidos: ¿Cómo se visita la cascada cristalina de Jaén?

El acceso parte de Aldeaquemada por un camino señalizado. A unos 2,5 kilómetros del pueblo está el inicio del sendero La Cimbarra, junto a una zona de aparcamiento.

Según la ficha oficial, es un recorrido circular de 1,2 kilómetros, de dificultad baja, que se completa en unos 30 minutos con solo 42 metros de desnivel. Conviene llevar agua y calzado adecuado, porque la sombra escasea.

El camino arranca en el llamado Patio de las Armas y baja entre jaras, romero y tomillo. Durante el recorrido aparecen varios puntos de interés:

  • Las ruinas del antiguo molino, a mitad de la bajada hacia el pie de la cascada.
  • El mirador frente al salto, al que se llega por un tramo sin pavimentar que conviene bajar con cuidado.
  • El mirador de la Cimbarra, con vistas panorámicas de la cascada, la poza y la garganta.
  • El mirador del Desfiladero, desde donde se ve el Charco del Negrillo y un enorme pliegue de los estratos.

Y muy cerca arranca el sendero del arroyo de Martín Pérez, un trazado lineal de 1,1 kilómetros y unos 40 minutos que discurre bajo fresnos y alisos y pasa por otra cascada más pequeña, el Cimbarrillo.

Al final, remontando unos metros el Guarrizas, aparece el Charco del Negrillo, un salto seguido de un gran remanso en cuyo cauce todavía se encuentran fósiles de antiguos organismos.

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