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Parece Covadonga, pero está en Andalucía: la desconocida joya de solo 4 habitantes con castillo, cueva y santuario

Andalucía
Cueva del Agua en Tíscar. Foto: Edmundo Sáez en Wikimedia Commons.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Quizás no sea tan popular, pero en la provincia de Jaén está la «Covadonga andaluza». Se trata de una aldea pegada al municipio de Quesada y se ha ganado ese apodo porque los paralelismos estéticos, históricos y espirituales son irrefutables. Con apenas cuatro habitantes censados, es uno de esos lugares de Andalucía donde la historia pesa mucho más que la demografía.

Se accede desde Quesada por una carretera que serpentea entre los farallones de Peña Negra y la Sierra de Cazorla, a unos 13 kilómetros al sur. El paisaje se va endureciendo a medida que se avanza: los olivares ceden ante la roca viva y los barrancos. Entonces aparece el protagonista de este artículo, recostada contra la montaña como si siempre hubiera formado parte de ella.

Así es la «Covadonga de Andalucía»: tres monumentos en la misma ladera

El nombre de este rincón imperdible es Tíscar. En 1319, este pequeño enclave fue el último castillo árabe en caer en esta franja de Andalucía. Las circunstancias de su rendición, ligadas a la aparición de una virgen en la cueva del río, dieron lugar a una leyenda que todavía hoy define la identidad del lugar.

Como en Covadonga, el resultado fue una mezcla indisoluble de fe, naturaleza y memoria histórica que convierte el sitio en algo difícil de clasificar.

Según la tradición, ese año la Virgen de Tíscar se apareció ante Mahomad Abdón, el señor musulmán del enclave, instándolo a rendirse para evitar más derramamiento de sangre. Lejos de ceder, los defensores arrojaron la imagen desde lo alto de Peña Negra hasta la cueva del río, siete veces.

Siete veces, según el relato popular, la imagen volvió a aparecer intacta en el santuario. Cuando los cristianos tomaron el castillo, encontraron la figura hecha pedazos.

El castillo de Tíscar, mencionado en crónicas desde el siglo IX

El castillo de Tíscar aparece en documentos escritos desde el año 896, cuando ya se lo nombraba como la fortaleza «Tískar». El término procede del bereber (los colonos que se instalaron en el lugar durante el siglo VIII) y significaría «paso entre montañas», una descripción precisa del punto estratégico que el enclave dominaba.

Castillo de Tíscar.
Castillo de Tíscar. Foto: Francisco Durán Ceacero en Wikimedia Commons.

Fernando III lo conquistó en 1224 y pasó a integrarse en el Adelantamiento de Cazorla, aunque la zona siguió siendo disputada hasta la rendición definitiva de 1319.

Hoy sus ruinas se alzan por encima del santuario, en parte cubiertas por la vegetación que crece entre los sillares. Desde lo alto, la vista sobre el valle del río Tíscar y los picos de la Sierra de Cazorla es de las más amplias de la comarca.

La cueva del agua, un rincón de Andalucía declarado Monumento Natural

Por debajo del santuario, el río Tíscar se mete entre las rocas y atraviesa una cavidad kárstica conocida como «Cueva del Agua», declarada Monumento Natural.

Para entrar hay que agacharse por un túnel angosto; al otro lado hay cascadas y pozas de agua transparente que dan al lugar un aspecto de otro mundo. Su belleza se aprecia en la imagen destacada y también se la conoce como Gruta de las Maravillas, aunque los lugareños simplemente la llaman «la cueva».

Entre 1993 y 2017, la cavidad tuvo un uso poco habitual: su acústica sirvió para celebrar conciertos de música andina, andaluza, sefardí y celta. El ciclo se convirtió en cita habitual para los aficionados a la música de raíz.

El santuario de Tíscar, la coronación y los versos de Antonio Machado

El santuario de la Virgen de Tíscar, patrona de Quesada y de la Sierra de Cazorla, ocupa el lugar donde la tradición sitúa la aparición de 1319.

El edificio actual, proyectado en el siglo XX por el arquitecto Jacinto Higueras, conserva azulejos mudéjares del siglo XIV y una puerta de arco ojival que da paso a una nave de interior austero. La imagen fue coronada canónicamente el 29 de septiembre de 1954 por el cardenal Pla y Daniel, en una ceremonia que reunió a miles de peregrinos de toda la comarca.

Por último, para cerrar con un broche de oro, entre quienes se sintieron atraídos por el lugar estuvo Antonio Machado. El poeta le dedicó versos en los que la sierra y la Virgen aparecen entrelazadas, la piedra como fondo de lo sagrado.

Lo escribió durante los años que vivió en Baeza, a menos de 80 kilómetros de allí, cuando la provincia de Jaén se había convertido en el paisaje central de su obra.

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