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La mítica isla española con faro y cementerio donde no puede vivir nadie y trató de invadir la Unión Soviética

Isla, turismo, Almería, Andalucía
Isla de Alborán. Foto: Turismo de Almería
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

En el corazón del mar que lleva su nombre, a medio camino entre Almería y el norte de África, se encuentra un territorio inhóspito. La isla de Alborán, una pequeña extensión volcánica de apenas siete hectáreas, custodia secretos que abarcan desde batallas navales del siglo XVI hasta supuestas intrigas de espionaje durante la Guerra Fría.

Hoy, este enclave estratégico permanece bajo estricta vigilancia militar y está prohibido para el turismo convencional.

El misterioso enclave de Alborán: una isla entre Almería y Melilla

Este triángulo de tierra firme, con unos 576 metros de longitud y una elevación de solo 15 metros sobre el nivel del mar, constituye una posesión española fundamental para el control del Estrecho.

Aunque administrativamente pertenece al municipio de Almería por Real Orden desde 1884, su ubicación exacta la sitúa a 47 millas de Adra y a 29 del cabo Tres Forcas en Melilla.

Su origen volcánico le otorga una orografía accidentada, con acantilados de hasta 12 metros de altura que dificultan cualquier acceso. La isla carece de manantiales o cultivos, lo que históricamente obligaba a sus habitantes a depender de aljibes de lluvia y del suministro externo mediante barcos correo.

Debido a estas condiciones extremas, la isla de Alborán no permite la residencia de personal civil, albergando únicamente un destacamento permanente de la Armada española desde 1997.

Su nombre proviene del pirata tunecino Al-Borany, quien utilizó el islote como base de operaciones para asaltar navíos mercantes y atacar las costas peninsulares.

Por qué la Unión Soviética puso sus ojos en este islote español

La posición estratégica de Alborán despertó el interés de diversas potencias a lo largo de los siglos. Durante la Guerra Fría, la importancia del enclave aumentó considerablemente.

En 1967, el Gobierno español decidió dotar nuevamente a la isla de una guarnición militar permanente debido a que su ubicación resultaba «extremadamente apetitosa» para las potencias extranjeras que operaban en el Mediterráneo.

Uno de los episodios más singulares ocurrió en 1942, cuando un farero documentó la llegada de cinco hombres, entre ellos dos rusos, que aseguraban huir de la Segunda Guerra Mundial.

Estos individuos se instalaron en una cueva y comenzaron a construir un supuesto monasterio, aunque diversas fuentes de la época sugirieron que en realidad eran espías disfrazados.

A finales de los años 70, la presencia de flotas pesqueras y el aumento de la actividad naval en la zona reforzaron la necesidad de vigilancia española para disuadir cualquier intento de ocupación.

El faro de Alborán y su cementerio: los únicos rastros humanos en la reserva

Según la Armada, a pesar de su aislamiento, la isla cuenta con infraestructuras esenciales para la navegación y la defensa. El faro de Alborán, proyectado en 1859 y en servicio desde 1876, es la construcción más emblemática del lugar.

Este complejo funcionó originalmente como vivienda para los torreros y sus familias hasta 1964. Junto al faro se encuentra un cementerio con solo tres tumbas documentadas. En él descansan Isabel Espinosa y Antonia Fernández, familiares de antiguos fareros, además del aviador alemán Gerhard Schreiner, cuyo cuerpo arrastró la corriente tras ser derribado en combate en 1943.

En la actualidad, organismos oficiales como la Junta de Andalucía y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación protegen este espacio como Paraje Natural y Reserva Marina.

El entorno submarino destaca por sus bosques de algas laminarias y colonias de coral rojo y naranja, mientras que en su superficie nidifican especies amenazadas como la gaviota de Audouin.

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