Parece un pueblo pero no lo es: el barrio de San Sebastián en el que todos los vascos quieren vivir
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San Sebastián es una de las ciudades del País Vasco con mayor número de visitantes y parte de su encanto, reside en barrios como el que ahora os desvelamos que en realidad, parece un pueblo y que es de hecho, aquel en el que desearían vivir muchos vascos. Se trata de El Antiguo, un barrio que como decimos, y pesar a estar integrado en la ciudad, mantiene una identidad tan fuerte que para sus vecinos es como vivir en un pueblo.
Y es una sensación que se nota nada más pisar por primera vez en el barrio. Su ritmo es más pausado, no tiene el mismo bullicio de otras zonas turísticas de la ciudad a pesar de contar con rincones que no te puedes perder. Pero lo cierto es que este barrio invita a la calma, y a darte cuenta que la mezcla entre vecinos de toda la vida y familias jóvenes aporta un equilibrio muy difícil de mantener en zonas costeras con tanta presión inmobiliaria. Ese ambiente, unido a un entorno natural privilegiado, explica por qué tantos vascos lo consideran uno de los mejores lugares para vivir en San Sebastián. El barrio combina mar, historia, tranquilidad y accesos cómodos hacia el centro. Y lo hace sin perder un carácter propio que, en muchas ciudades, ya resulta difícil de encontrar.
El barrio de San Sebastián que parece un pueblo
El Antiguo se extiende entre el Peine del Viento y el Pico del Loro, dos puntos que marcan geográficamente el barrio pero también su personalidad. En medio de ese tramo, las calles interiores siguen contando con mucho comercio local, bares con barras clásicas y sociedades gastronómicas donde se conservan recetas y rituales que forman parte del ADN donostiarra. Las zonas más animadas, como la Avenida de Tolosa, calle Matia y Benta Berri, reflejan además la perfección ese equilibrio entre tradición y modernidad. Son calles donde conviven estudiantes, familias, jubilados y comerciantes sin romper la convivencia. Todo está cerca y el barrio ofrece la posibilidad de vivir una vida urbana sin renunciar a dinámicas que, en otros puntos de San Sebastián, se han ido perdiendo.
La Playa de Ondarreta
La Playa de Ondarreta, con sus toldos blanquiazules, es uno de los iconos del barrio. Es un lugar en el que hay gente que acude a tomar el sol, quienes aprovechan y se dan un baño o quien sencillamente da un paseo. A diferencia de La Concha, más concurrida, Ondarreta mantiene un punto más familiar y más vinculado al día a día de los residentes. El paseo marítimo, flanqueado por jardines, conecta la playa con el Peine del Viento y permite disfrutar de uno de los recorridos más agradables de la ciudad. Es un tramo sencillo, accesible y cargado de historia local.
El Palacio de Miramar
El Palacio de Miramar aparece casi sin buscarlo cuando uno avanza desde Ondarreta hacia La Concha. No hace falta saber que se levantó en 1893 ni que fue residencia de la reina María Cristina para entender por qué sigue siendo uno de los rincones favoritos de los donostiarras, basta asomarse a la balaustrada y ver la bahía desplegada delante. Aunque hoy el edificio se utiliza para cursos y actos culturales, la mayoría de la gente sube simplemente a pasear por sus jardines, y también como no, a admirar las esculturas de Eduardo Chillida que hay repartidas.
Un parque de atracciones anclado en otra época
Otro de los puntos importantes de El Antiguo es Monte Igeldo cuyo funicular, en funcionamiento desde 1912, lleva directamente a un parque de atracciones que parece detenido en la Belle Époque. Allí están la mítica montaña suiza sobre el mar, las casas encantadas, los laberintos y atracciones que mantienen un encanto difícil de replicar hoy. Todo, por supuesto, acompañado de una de las vistas más impresionantes del Cantábrico. Es un plan habitual entre familias del barrio y, al mismo tiempo, una visita imprescindible para turistas que buscan la postal perfecta de San Sebastián.
El Peine del Viento
El paseo del barrio culmina en el Peine del Viento, obra maestra de Eduardo Chillida. Las tres piezas de acero, ancladas a la roca, se enfrentan directamente al Cantábrico. Los días de mar fuerte, los géiseres naturales que brotan del suelo sorprenden incluso a los visitantes más prevenidos. Es, sin duda, una de las imágenes más potentes de la ciudad.
Como vemos, el El Antiguo ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin renunciar a su carácter. Sigue teniendo comercio local, sociedades gastronómicas, vida vecinal y una identidad muy marcada. Y, al mismo tiempo, ofrece calidad de vida, espacios verdes, playa, cultura y algunos de los rincones más emblemáticos de San Sebastián. Esa combinación explica por qué muchos lo consideran un lugar ideal para vivir ya que tiene el espíritu de un pueblo, pero con todas las ventajas de una gran ciudad.