Sánchez, un hombre fascinado por el mal

Sánchez, un hombre fascinado por el mal
  • Rosa Díez

Corría el año 2004 cuando Batasuna- organización  disuelta por los tribunales españoles y europeos tras probarse que formaba parte del entramado de la banda terrorista ETA y que está en la lista europea de organizaciones terroristas- , convocó un mitin en el velódromo de Anoeta de San Sebastián.

El escenario estaba plagado de iconografía etarra, carteles de Batasuna, banderas de Batasuna, logotipo de la organización ilegal en el atril de los oradores… En el transcurso del mitin se proyectaron videos sobre la detención de terroristas, concentraciones a favor de los asesinos presos, comunicados de ETA. El acto finalizó con gritos del público asistente coreando “Gora ETA militarra” y “ETA, herrira zurekin” (el pueblo está contigo).

Uno de los protagonista principales de ese mitin fue Arnaldo Otegi. Cuando, años más tarde, Otegi al ser juzgado en la Audiencia Nacional fue preguntado si el partido socialista estaba al tanto de que iba a celebrarse ese acto su respuesta fue un rotundo “sí”. Y añadió que su propuesta ”fue valorada incluso por el presidente del Gobierno”… y que si bien “no existía un acuerdo previo con nadie, pero existía un contexto de conversaciones en que cada parte se comprometía a determinados pasos…”.  Mientras ese acto se celebraba el Presidente del Gobierno de España era José Luis Rodríguez Zapatero.

En su defensa Otegi adujo ante el Tribunal que el objetivo del mitin de Anoeta no era exaltar al terrorismo sino “hacer pública una solución pacífica al conflicto entre Euskalherria y el Estado español”.

Recordemos cómo escenificó Otegi su “solución” aquel 14 de noviembre. Parsimoniosamente cubrió el atril del orador con una kufiya palestina en recuerdo del Yassir Arafat, fallecido tres días antes, y parafraseando la metáfora acuñada por el rais  (“Hoy vengo aquí con mi fusil de combatiente de la libertad en una mano y una rama de olivo en la otra. No dejéis que la rama caiga de mi mano”), dijo: “La izquierda abertzale se presenta hoy aquí con un ramo de olivo en la mano. Que nadie deje que se caiga al suelo”. Sus propios antecedentes y lo que Arafat hizo explícito cuando habló ante la ONU el 11 de noviembre de 1974 hicieron innecesario que Otegi explicara lo qué él llevaba en la otra mano.

Han transcurrido dieciséis años desde que Otegi concluyera aquella intervención en Anoeta agradeciendo a los presentes su asistencia «a un acto ilegal, con un portavoz ilegal de una formación ilegalizada”. La degeneración democrática del PSOE ha llegado a tal extremo que hoy ni siquiera tienen que justificar sus cesiones a los terroristas apelando a la necesidad de evitar que  dejen caer el olivo para levantar la pistola o lanzar la bomba; a Sánchez le basta con apelar a los presupuestos para justificar ante “sus bases” (y quizá ante sus votantes, ya veremos) el pacto con Otegi, alias el Gordo, el  “hombre de paz” de Zapatero.

Los del olivo y la pistola ya no son “ilegales”; ahora son “legales” porque una mayoría del PSOE en el TC los legalizó en una cerrada votación seis a cinco. Ya no son ilegales porque los sucesivos gobiernos se negaron a iniciar un procedimiento de ilegalización amparado en la sentencia del TC que en su punto 15 desarrolla un catalogo de supuestos por los que un partido político declarado constitucional puede ser ilegalizado: la humillación a las víctimas, las actitudes que frente a ellas pudieran ser consideradas un apoyo o reconocimiento de la actividad terrorista, la ambigüedad en la condena del terrorismo, los actos de exaltación de los terroristas o la equiparación del sufrimiento de las víctimas con el de los presos.  Desde que se publicó la sentencia del TC solo se ha  ejecutado la parte que legaliza a los terroristas.

Y como todo lo que puede empeorar, empeora, llegó Sánchez, el gran traidor, un hombre tan fascinado por el mal que en vez de aplicar la doctrina del Constitucional para proteger a la democracia se abrazó a Otegi y le entregó el Gobierno de Navarra y el futuro de España.

Y aquí estamos. De los años de cobardía y sumisión llegaron los de infamia e ignominia. El PSOE ha muerto, sí, pero a la vista está que quiere morir matando, llevarse a la tumba a la democracia.

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