NUEVO PRESIDENTE DE COLOMBIA

Los elogios de Petro a Chávez: «Un hombre inmenso que logró disminuir la pobreza como ningún otro»

Guastavo Petro con Hugo Chávez en 1994
Guastavo Petro con Hugo Chávez en 1994
Luis Balcarce

La tercera fue la vencida. Las elecciones de este 19 de junio de 2022 fueron el tercer intento del comunista y ex terrorista del M-19, Gustavo Petro, por alcanzar la victoria en unas elecciones generales en Colombia.  Nunca antes este ex alcalde de Bogotá de 62 años y admirador confeso de Hugo Chávez estuvo más cerca de ocupar el Palacio de Nariño. Nunca antes el Foro de Sao Paulo tuvo tan cerca extender sus garras a un país que siempre le ha dado la espalda. Colombia era el último bastión que resistía al chavismo en Iberoamérica tras la victoria en Perú de Pedro Castillo, de Gabriel Boric en Chile y de Xiomara Castro en Honduras. ¿Cómo es posible que un país que tuvo que acoger a más de tres millones de refugiados venezolanos haya mostrado un apoyo tan  abrumador por un chavista  como Petro?

Tal era la euforia en el búnker petrista que el candidato de Pacto Histórico estaba convencido de que sería presidente en primera vuelta, una hazaña que sólo consiguió Álvaro Uribe en 2002 y 2006.  Petro ganó con 8,5 millones de votos, un 40% del total de emitidos, -tres veces más votos que toda la derecha- y derribó el muro uribista que durante casi veinte años mantuvo a raya a la amenaza narcoterrorista en Colombia acabando con las opciones  de su máximo rival, ‘Fico’ Gutiérrez. Pero no le alcanzó para evitar la segunda vuelta.  Es más, surgió preocupación en las filas petristas al ver que tendría que enfrentarse a un candidato incómodo como el populista Rodolfo Hernández, apodado El Ingeniero, que no estaba en las quinielas y al que ha vencido en segunda vuelta con el 51% de los votos.

En 2010, cuando se lanzó como candidato por primera vez, Petro acabó cuarto como candidato de Polo Democrático en unas elecciones que ganó cómodamente en segunda vuelta Juan Manuel Santos, ex ministro de Defensa de Uribe. La segunda oportunidad le llegó en 2018 cuando Petro disputó -bajo las siglas del  movimiento Colombia Humana- la presidencia de Colombia en segunda vuelta con el uribista Iván Duque, que lo derrotó sin contemplaciones gracias a carteles con mensajes que decían «vota para que Colombia no se convierta en Venezuela», pese a que ya por aquel entonces Petro hacía denodados esfuerzos por renegar de sus patrocinadores chavistas.

Hasta Diosdado Cabello, número dos de la cúpula chavista, tuvo que recordarle a Petro en 2018 que el colombiano había viajado a Caracas a pedir ayuda económica para su campaña: “Pa’ ca vino una vez Petro a pedir apoyo para su campaña, y ahora los chavistas le hieden; anda, comete un dulce», le recordó desde su programa Con el mazo dando. Algo que fue confirmado por ‘El Pollo’ Carvajal, ex jefe de Inteligencia chavista, al juez García Castellón en un escrito al que tuvo acceso en exclusiva OKDIARIO, cuando afirmó que «el Gobierno venezolano ha financiado ilegalmente movimientos políticos de izquierda en el mundo durante al menos 15 años».

«Mientras fui director de Inteligencia y Contrainteligencia Militar de Venezuela, recibí una gran cantidad de reportes señalando que este financiamiento internacional estaba ocurriendo. Ejemplos concretos, son: Néstor Kirchner en Argentina; Evo Morales en Bolivia; Lula Da Silva en Brasil; Fernando Lugo en Paraguay; Ollanta Humala en Perú; Zelaya en Honduras: Gustavo Petro en Colombia, Movimiento Cinco Estrellas en Italia y Podemos en España. Todos estos fueron reseñados como receptores de dinero enviado por el Gobierno venezolano», declaró Carvajal.

Petro se rinde a Chávez

En un libro autobiográfico que publicó el año pasado cuenta que él y sus compañeros fueron quienes trajeron al futuro dictador Hugo Chávez de Venezuela por primera vez a Colombia, luego del golpe de Estado que intentó dar en su país al gobierno elegido democráticamente. Dice Petro que «Chávez aterrizó en Bogotá el 25 de julio de 1994. Recién había salido de la cárcel y no tenía mucho dinero, así que lo alojamos en la sede de la Juventud Trabajadora de Colombia (JTC)». Agrega que Chávez «me dejó una muy buena impresión, hacía parte de la estirpe de militares nacionalistas. Poco tiempo después del regreso de Chávez a Venezuela, se volvió presidente elegido por el pueblo y logró convocar una Asamblea Constituyente. Se convirtió en un líder latinoamericano hasta su muerte. Chávez fue mi amigo y respeté su proceso, pero me sembró muchas dudas el hecho de que en la fase final tratase de imitar el modelo cubano».

Por más que Petro lleva años fingiendo moderar su discurso, su apasionada admiración por el sátrapa venezolano le persigue allí donde vaya. «Viviste en los tiempos de Chavez y quizás pensaste que era un payaso. Te engañaste. Viviste los tiempos de un gran líder latinoamericano», tuiteó al conocer su muerte en marzo de 2013.

“Yo conocí a Chávez hace 19 años, él no era presidente y yo tampoco alcalde, caminábamos por la carrera Séptima y hablábamos de los sueños del libertador, construimos una ilusión política de cómo se construye una justicia social y cómo Bolívar puede revivir uniendo la diversidad Latinoamericana. Voy a despedir a un hombre inmenso que logró disminuir la pobreza como ningún otro gobernante latinoaméricano”, dijo Petro antes de viajar a Caracas a despedir al tirano bolivariano. Hacer una afirmación así cuando en Venezuela el 94,5% de la población vive en la pobreza y más de tres cuartos en la pobreza extrema requiere altas dosis de cinismo. Más cuando desde el 2015, una quinta parte de la población ha abandonado el país, lo que convierte a Venezuela en una de las mayores crisis de refugiados del mundo.

La política del amor

Las contorsiones semánticas de Petro para ocultar su pasado ideológico rozan el absurdo. Pese a la innegable herencia chavista que carga sobre sus espaldas, Petro tiene el cuajo de decir que no es socialista. Para ese lavado de imagen cuenta con la inestimable ayuda del diario El País, que para blanquear su pasado terrorista defendió que Petro «nunca fue un verdadero hombre de armas» y que «su papel en el M-19, una guerrilla con vocación democrática (sic), fue secundario». Petro se confiesa en la intimidad de su avión privado ante PRISA, grupo mediático con importantes intereses económicos en Colombia: “Las necesidades de la sociedad colombiana no son las de construir el socialismo, sino construir democracia y paz, punto”. ¡Y lo dice tras  afirmar que sus referentes políticos son dos socialistas de tomo y lomo como Lula da Silva y Bernie Sanders!

Los dos periodistas de El País que le entrevistan insisten: «Desde la derecha le acusan de ser castro-chavista…», preguntan. “Desde la derecha”, que quede claro; no ellos que jamás se atreverían a una comparación semejante. Business as usual. Respuesta de Petro: «El chavismo es una retórica socialista tradicional sin socialismo, porque una economía que vive del petróleo no es socialista».  ¿A qué Petro hay que creer? ¿Al que asoma su pata indigenista cuando dice que —La élite blanca que domina Colombia es española. Sus apellidos eran españoles. Realmente eran esclavistas, en el origen, y nunca han perdido esa mentalidad? ¿O al que finge criticar a Maduro al decir Maduro, contrariamente a todo lo que yo propongo para el progreso latinoamericano, ha hundido más a Venezuela en el extractivismo?

Petro recuerda al mismo Chávez que simpático y afable, impecablemente vestido de traje y corbata, afirmaba como presidente electo de Venezuela que su gobierno “no sería ni izquierda ni de derechas, sino un gobierno humanista, justiciero y de renacimiento nacional”. Al igual que Petro, Chávez negaba ser socialista. Al igual que Chávez, Petro lleva el embuste tan incorporado que lo da por descontado.

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