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Sin heredero y sin perro de presa: Sánchez sacrifica a Puente a las puertas del 29-N

Puente, el pitbull del sanchismo al que las encuestas mandaron a casa

Sánchez da por amortizado a Puente y lo borra de la campaña del 29-N

Sin heredero y sin perro de presa: Sánchez sacrifica a Puente a las puertas del 29-N
Óscar Puente.
Luis Balcarce

Pedro Sánchez se ha quedado sin su heredero natural. Óscar Puente no era un ministro más del Gobierno: era el único dirigente socialista con instinto de animal político capaz de conectar con las bases del sanchismo, de excitar a la militancia y de encarnar, mejor que nadie, el PSOE de trinchera que Sánchez ha construido en la última década. Este martes, tras cuatro horas de comparecencia ante la Diputación Permanente del Congreso, anunció su dimisión y su renuncia a encabezar la lista socialista por Valladolid en las elecciones del 29N. Lo que no consiguieron Adamuz y sus 46 muertos lo han logrado Urda, con 69 fallecidos más, y una encuesta.

Puente se ha ido, como buen sanchista, con la mentira por delante. Aseguró en el Congreso que decidió dimitir el mismo día de la tragedia, camino del centro de control de Adif, y que sólo se lo comunicó a Sánchez. Pero su propia comparecencia del viernes lo desmiente. Entonces reconoció que puso el cargo a disposición del presidente y que este lo rechazó por considerar «injusto» su cese. Proclamó que no dimitiría «por lo que diga la oposición» y que marcharse no iba con su carácter.

Y en privado, como avanzó OKDIARIO, trasladó al Gobierno que no se iba porque hacerlo equivalía a asumir que era culpable. Lo que cambió entre el viernes y el martes no fue su conciencia, sino los números: como también adelantó este periódico, Moncloa recibió sondeos que situaban al PSOE entre 90 y 95 escaños, y Sánchez decidió bajarle el pulgar. Este martes, el presidente se despidió de él ensalzando su «dignidad».

La réplica que lo cambió todo

Su ascenso tiene fecha. El 26 de septiembre de 2023, en la investidura fallida de Alberto Núñez Feijóo, el Congreso esperaba que fuera Sánchez quien replicara al candidato popular. Pero cuando Francina Armengol dio la palabra al Grupo Socialista, quien subió a la tribuna fue un diputado raso, ex alcalde de Valladolid. Una elección calculada: Puente había ganado las municipales de mayo y había perdido la alcaldía por el pacto entre PP y Vox, y el PSOE quiso ponerle a Feijóo un espejo. «De ganador a ganador», le espetó con sarcasmo. El discurso, mordaz y faltón, entusiasmó a la bancada socialista y a Sánchez, que encontró en él lo que había perdido con la caída de José Luis Ábalos: un perro de presa con olfato político. Dos meses después, lo hizo ministro de Transportes.

No era un recién llegado. Nacido en Valladolid en 1968 y militante del PSOE desde 1990, Puente fue portavoz de la candidatura de Sánchez en las primarias de 2017, cuando proclamó que el partido estaba «con el culo en pompa hacia la derecha». Llegó a la alcaldía de Valladolid en 2015 como segunda fuerza, con el peor resultado del PSOE en la historia de la ciudad, gracias a un pacto con Podemos e IU. Cuando Soraya Rodríguez, su antecesora al frente del socialismo vallisoletano, abandonó el partido en 2019, la despidió con un desdén que retrataba su estilo: «No la vamos a echar de menos».

El pitbull tuitero

En el Ministerio, Puente convirtió X en su verdadero despacho. Su estilo matonil y faltón, casi gangsteril, era exactamente lo que demandaba un PSOE podemizado y entregado a la misión casi evangélica de «frenar a la ultraderecha». Insultaba, provocaba y ridiculizaba al adversario, y la militancia lo aplaudía. Ni las tragedias eran capaces de domar a una bestia desbocada.

El 11 de agosto de 2025, en plena oleada de incendios, respondió a Feijóo por las vacaciones de Alfonso Fernández Mañueco con un tuit en el que ironizaba con que en Castilla y León estaba «calentita la cosa». Después borró el mensaje y aseguró que en ningún caso pretendía frivolizar. Un año más tarde, con los incendios forestales obligando a evacuar a más de 10.000 personas, arremetió contra Isabel Díaz Ayuso por pedir la emergencia nacional: «Si hay una mamarracha, ésa eres tú».

Ese mismo estilo le convirtió en el candidato perfecto para suceder a Sánchez en el imaginario de la militancia. Nadie en el Gobierno movilizaba como él a los sectores más combativos del partido, y nadie infundía tanto temor entre sus propios compañeros. Mientras tuiteaba, su ministerio acumulaba retrasos, averías y polémicas, desde los contratos señalados en la trama de Koldo hasta la influencer pagada por Renfe para elogiar el AVE, cuyo vídeo él mismo difundió como si fuera espontáneo.

Y entonces llegaron Adamuz y Urda. Dos tragedias en nueve meses y 115 muertos en la alta velocidad. Puente se despidió este martes diciendo que «la culpa no puede morir soltera». Una frase mordaz, como tantas suyas, de quien pasó una semana entera negando la propia.

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