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Tensiones en Ucrania, alta inflación y subidas de tipos de la Fed: ¿es momento de invertir en oro?

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Inversión en oro.

El oro vivió su momento álgido en verano de 2020 cuando llegó a superar los 2.000 dólares por onza. Ahora, en los 1.800, gana enteros como activo refugio ante la volatilidad generada en los mercados consecuencia de las tensiones en Ucrania. La alta inflación y el inicio de las subidas de tipos por parte de la Reserva Federal también incrementan su atractivo.

“El oro se encuentra en un amplio rango de negociación desde el segundo semestre del año 2021, cuando tras hacer un acercamiento a los 1.900 dólares, volvió a cotizar entre los 1.750 y los 1.850 dólares, aunque se han producido ciertas roturas de ambos niveles, el mercado siempre ha buscado el retorno al rango mencionado”, explica Diego Morín, analista de IG. En su opinión, “todo el revuelo existente entre un posible conflicto militar entre Ucrania y Rusia y con una inflación que continúa en aumento y donde la Reserva Federal se ve obligada a incrementar las tasas de interés”, podría terminar castigando a las Bolsas “por lo que podría haber un fuerte rotación a activos refugios como el oro y la plata”.

Tomás Epeldegui, director de Degussa Metales Preciosos, explica que el oro no ha tenido un gran desempeño en los seis meses anteriores al arranque de subidas de tipos por parte de los bancos centrales, pero sí ha registrado un buen comportamiento en los seis meses posteriores a esas subidas.  Sobre la inflación, el mismo experto destaca que “no es ni más ni menos que la pérdida del poder adquisitivo del dinero” y “el oro lo podemos considerar como un depósito de valor a largo plazo, lo que nos ayuda a protegernos de esa pérdida de valor que va teniendo el dinero”. Según un estudio del Consejo Mundial del Oro, entre 1971 y 2021, el oro se ha revalorizado un 15% anual de media cuando la inflación ha sido superior al 3% y sólo un 6% cuando el crecimiento de los precios ha sido inferior a ese porcentaje.

Rafael Peña, gestor del fondo Olea Neutral junto con Hernán Cortés y socio de Olea Gestión, destaca el papel del oro como refugio ante la inflación y también como elemento descorrelacionador. Y es que el metal precioso ha demostrado históricamente una escasa correlación, es decir, registra un comportamiento diferente, respecto a la renta variable y la renta fija, por lo que puede resultar un elemento de diversificación útil en las carteras.

La demanda supera la oferta

Más allá de que la coyuntura actual pueda beneficiarle, el oro registra un comportamiento muy favorable, al ofrecer una en los últimos 20 años una rentabilidad media anual del 10,2%. Esa subida del precio va acompañada de un incremento de la demanda. De hecho, según destaca la gestora Invesco, en estos momentos, la demanda de oro, tanto de forma física como a través de productos financieros, sigue siendo muy superior a la oferta.

Actualmente, la demanda de oro alcanza las 1.789,5 toneladas, mientras que la oferta es de tan sólo 1.239 toneladas. Todo ello, a pesar de que algunos de los principales países demandantes, como por ejemplo India, han visto ralentizada su demanda debido al efecto de la pandemia. Más allá de la joyería y el sector financiero, los bancos centrales juegan un papel esencial en la demanda de oro. Sus necesidades de este metal precioso, explica Epeldegui, “ayudan a estabilizar, a mejorar y a generar soportes en los precios” y que no sólo se muevan por periodos de turbulencia económica.

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