Te pueden despedir sin un euro y ya están avisando: un abogado explica qué debes revisar antes de que sea tarde
Las sanciones internas pueden sentar la base de un despido por el que no podrás reclamar
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Ser despedido es algo que nadie desea y en muchas ocasiones, cuando se produce, no queda otra que recurrir ese despido en el caso de que se considere que ha sido improcedente. Las excusas que se pueden dar para que se llegue a esta situación pueden ser muchas, aunque también son muchos los casos en los que el cese del contrato está más que justificado y una de las herramientas que tienen las empresas son las sanciones o avisos, ya que de alguna manera, y según ha explicado un abogado pueden ser el paso previo para que te puedan despedir sin un euro.
Todas las empresas suelen tener mecanismos internos para documentar incumplimientos con respecto al trabajo que lleva a cabo cada uno de sus empleados y cuando se produce uno de esos avisos y sanciones, si el trabajador no lo cuestiona por escrito, acaban formando un historial disciplinario que la compañía puede usar más adelante y sin problema para despedir a alguien y además sin un euro, ya que será del todo procedente. Muchos trabajadores no lo revisan, no lo recurren o ni siquiera saben que pueden impugnarlo. Mientras tanto, esa cadena de advertencias va sumando puntos en su contra. Y el riesgo aparece cuando la empresa decide que ya hay suficientes incidencias para justificar un despido disciplinario. En ese momento, si el trabajador nunca recurrió, el relato interno de la empresa queda reforzado. La consecuencia entonces es que la persona se queda sin trabajo y encima sin cobrar nada, por eso algunos abogados están insistiendo en revisar cualquier sanción, incluso las que no afectan al bolsillo, antes de que sea demasiado tarde.
Te pueden despedir sin un euro y ya están avisando
El abogado laboralista Juan Manuel Lorente ha puesto el foco en un punto que muchos pasan por alto: las sanciones menores también cuentan. En uno de sus vídeos, explica que hay empresas que utilizan estas amonestaciones por escrito para construir un expediente disciplinario sin necesidad de aplicar medidas más duras como días de empleo y sueldo. Ese cambio de estrategia hace que el trabajador no perciba un impacto inmediato y, por tanto, tampoco reaccione.
Según detalla Lorente, ese comportamiento pasivo es justo lo que permite a la empresa avanzar. Una amonestación que parece insignificante hoy, otra dentro de unos meses y alguna más a lo largo del año pueden convertirse en la base documental necesaria para un despido disciplinario. Y lo preocupante, según insiste el abogado, es que el empleado suele enterarse cuando ya no hay margen de maniobra.
Además, recuerda que una sanción no recurrida equivale, en términos legales, a aceptarla. Por eso recalca que no se debe dejar sin respuesta ninguna comunicación disciplinaria, incluso cuando no suponga una pérdida económica. Ahí es donde, según su experiencia, muchos trabajadores cometen el error que abre la puerta a un despido sin indemnización.
Por qué las sanciones aparentemente pequeñas pueden acabar en un despido disciplinario
En el ámbito laboral, una sanción no es un simple aviso; es un documento que pasa a formar parte del historial del trabajador. En algunos convenios, incluso las faltas graves pueden resolverse con una amonestación escrita en lugar de una sanción económica. Eso significa que un trabajador puede acumular varias sin notar un impacto en su día a día, pero ese conjunto de advertencias sirve después como argumento para justificar un despido disciplinario.
Desde el punto de vista legal, esa reiteración de conductas sancionadas permite a la empresa sostener que existe un patrón de incumplimiento. Si el trabajador no recurrió ninguna de ellas, impugnar el despido será mucho más complicado. En ese escenario, la indemnización, que podría suponer miles de euros, desaparece. Y esa es la razón por la que los expertos recomiendan revisar, evaluar y actuar ante cualquier sanción por pequeña que parezca.
Qué debes revisar y cómo protegerte antes de que sea tarde
Lorente insiste en que el primer paso es leer detenidamente cualquier notificación disciplinaria. Comprobar los hechos que se atribuyen, el encaje en el convenio y si la empresa ha seguido el procedimiento correcto. Aunque no haya una consecuencia económica inmediata, conviene solicitar asesoramiento y valorar la posibilidad de impugnarla dentro de los plazos establecidos.
También es clave conservar toda la documentación, ya sean correos internos, partes horarios, órdenes de servicio o cualquier elemento que permita demostrar cómo se desarrolló realmente la situación. Si finalmente se acumulan varias sanciones y termina en despido, ese material puede marcar la diferencia entre un despido procedente y uno improcedente. Y, sobre todo, recomiendan no normalizar las amonestaciones. Si algo no cuadra, si el relato no se ajusta a lo ocurrido o si la empresa actúa de forma reiterada sin un motivo claro, conviene ponerlo en manos de un profesional. Porque, como concluye el propio abogado, muchos trabajadores están ante el inicio de un despido y no lo saben hasta que ya no hay vuelta atrás.
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