Impuesto de sucesiones

El impuesto de sucesiones en España tiene los días contados: la lista de los que no lo van a pagar en 2026

impuesto de sucesiones
Blanca Espada

La campaña fiscal de 2026 va a llegar con cambios relevantes en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones (ISD), un tributo que siempre ha generado debate por sus diferencias entre comunidades autónomas. Aunque su estructura sigue siendo estatal, la gestión autonómica ha provocado durante años que contribuyentes con herencias similares paguen cifras muy distintas, por el mero hecho de vivir en comunidades distintas. Ahora, varias regiones han decidido ampliar bonificaciones y exenciones, lo que reducirá de forma notable la cantidad que deberán abonar muchas familias.

El ISD grava herencias y donaciones según el patrimonio recibido y el vínculo familiar. Su tarifa estatal, sin bonificaciones, va aproximadamente del 7,65% al 34%, pero en la práctica casi nunca se aplica tal cual porque las comunidades han desarrollado sistemas propios de reducciones. En 2026, varias de esas normativas autonómicas darán un paso más con bonificaciones ampliadas y beneficios para grupos que hasta ahora soportaban cargas más elevadas. Los cambios previstos para 2026 responden, en parte, a la necesidad de equilibrar diferencias que se habían acentuado entre comunidades y a situaciones familiares que hoy son mucho más variadas. No siempre heredan sólo hijos o cónyuges; cada vez es más común que los bienes pasen a hermanos o sobrinos, y la normativa empezaba a quedarse corta para estos casos. Al mismo tiempo, las administraciones buscan reducir situaciones en las que familias con patrimonios modestos se veían obligadas a renunciar a la herencia por el coste del impuesto.

Cómo funciona el impuesto de sucesiones y por qué cambia en 2026

El Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones sigue un esquema progresivo: cuanto mayor es el valor heredado y más lejano el parentesco, mayor es la cuota a pagar. En la práctica, este diseño se ha ido modulando según la comunidad. Madrid y Andalucía llevan años aplicando bonificaciones del 99% para herederos directos, lo que deja el impuesto casi en cero. Galicia o la Comunidad Valenciana también han introducido reducciones amplias y mínimos exentos que han servido de guía para otras autonomías.

Lo relevante de 2026 es que este movimiento hacia la rebaja se amplía y alcanza a familiares que tradicionalmente no estaban tan protegidos. Así, cada vez más regiones anuncian beneficios para hermanos, tíos y sobrinos, un grupo que hasta ahora asumía cargas mucho más altas. Este giro coincide con un contexto económico complejo, donde mantener una vivienda heredada o gestionar un patrimonio familiar puede ser difícil para muchas familias. Las comunidades buscan evitar que una obligación fiscal termine forzando ventas o renuncias, algo que en algunos territorios se había vuelto demasiado habitual.

Quién no pagará sucesiones en 2026

La medida más destacada es la incorporación de bonificaciones del 25% para parientes de segundo grado, que podrían llegar al 50% en 2027 si las comunidades lo aprueban. Además, se refuerzan los beneficios para los grupos tradicionalmente protegidos:

  • Hijos, nietos, cónyuges y ascendientes. En muchas comunidades no pagarán prácticamente nada gracias a bonificaciones del 99%.
  • Hermanos, tíos y sobrinos. Obtendrán reducciones que hasta ahora eran inexistentes o muy limitadas, lo que supone un cambio importante en la planificación patrimonial.

Por el contrario, quienes hereden sin parentesco directo o residan en comunidades que no adopten estas mejoras seguirán enfrentándose a un impuesto elevado, especialmente en grandes patrimonios sin bonificaciones.

Herencias y donaciones se deben revisar

Aunque herencias y donaciones tributan en el mismo impuesto, no siempre comparten las mismas reglas. Algunas comunidades aplican reducciones adicionales a donaciones de pequeño importe o a la transmisión de vivienda habitual o negocios familiares. En estos escenarios, donar en vida puede resultar más ventajoso que heredar.

Sin embargo, la base imponible del ISD sigue siendo progresiva: cuanto mayor es el patrimonio, mayor puede ser el impacto si la comunidad no contempla bonificaciones amplias. Muchos asesores recomiendan revisar cada caso individualmente para evitar errores y aprovechar reducciones que a menudo pasan desapercibidas.

Qué supone esto para las familias

Durante años, la desigualdad territorial ha sido uno de los aspectos más criticados del impuesto. Mientras en regiones con bonificaciones casi totales el pago era simbólico, en otras zonas los herederos podían enfrentarse a cifras muy altas incluso tratándose de patrimonios modestos. La extensión de bonificaciones para parientes de grado medio puede aliviar esta brecha y evitar renuncias innecesarias. También acerca el impuesto a las configuraciones familiares actuales, donde a menudo son hermanos o sobrinos quienes asumen la transmisión del patrimonio. Además, con las nuevas reglas, las herencias intermedias, ni muy pequeñas ni excesivamente grandes,  serán más fáciles de asumir sin tener que recurrir a ventas forzadas.

Los especialistas insisten en que estas mejoras no se aplican por defecto. Cada comunidad tiene que incorporarlas a su propia normativa y, después, el heredero debe cumplir las condiciones exigidas en su declaración. Aspectos como la documentación presentada, los plazos o la valoración final de los bienes heredados siguen siendo determinantes a la hora de que la bonificación se pueda aplicar sin problemas.

Con estos cambios, 2026 se convierte en un año clave para planificar la sucesión. Aunque el impuesto no desaparece, sí se reducirá de forma significativa para buena parte de los herederos. La diferencia entre comunidades continuará existiendo, pero el abanico de bonificaciones será más amplio que en ejercicios anteriores.

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