El español se queda a las puertas de la final

Bautista lleva al límite a Djokovic pero cede en un encuentro de órdago en Cincinnati

Novak Djokovic Roberto Bautista en un partido espectacular y se clasifica para la final del Masters 1000 de Cincinnati, en la que se medirá a Milos Raonic. Bautista remontó un 5-2 en el tercer set al número uno y sirvió para ganar, pero un último arreón inverosímil de Nole le otorgó el triunfo

Bautista Djokovic
Djokovic y Bautista. (AFP)

No quedan palabras para elogiar a Roberto Bautista Agut. La constante lucha del castellonense, uno de los guerreros por excelencia dentro de la élite circuito ATP estuvo a punto de encontrar su gran recompensa en forma de la victoria de mayor mérito deportivo de su carrera. Bautista luchó con su mejor tenis y una mentalidad a prueba de bombas ante Novak Djokovic, y a punto –a dos puntos, en concreto–, estuvo de quebrar la imbatibilidad del número uno del mundo en 2020. Rober llevó contra las cuerdas a Nole en la mejor batalla del tenis post-confinamiento, pero acabó cediendo en el tie break del tercer set, quedándose a un suspiro de la final del Masters 1000 de Cincinnati.

El resultado del partido (6-4, 4-6, 7-6(0)), ejemplifica casi a la perfección lo sucedido en Nueva York, sede de la burbuja donde se celebra el Masters 1000 de Cincinnati y lo hará también el US Open. Bautista y Djokovic lucharon de poder a poder durante tres horas de ritmo frenético, aparentemente incompatible con la inactividad competitiva a la que obligó el coronavirus. Rober se adelantó con la sobriedad como camino, ante un irregular Djokovic que se quejó de problemas físicos y estomacales durante prácticamente todo el encuentro.

El segundo parcial, también muy igualado, sirvió para comprobar que el gen ganador del número uno permanece intacto a pesar de un 2020, por el momento, en el que no ha tenido rival. Nole supo acelerar en el momento justo para quebrar a un hasta entonces infranqueable Bautista –había recuperado el break inicial del serbio– y forzar una tercera manga en la que tenía todas las de ganar, y no sólo por comenzar al servicio.

La relajación llegó al cuerpo de Djokovic, quien no dio con la tecla del saque en las primeras dos horas, alternando casi con la misma frecuencia saques directos con dobles faltas, estas últimas aparecidas como bendición para un Bautista que pudo contraer ventaja, pero de inmediato se encontró con la versión atronadora de la gran pesadilla del circuito. Nole se colocó con 5-2 y todo a favor para citarse con Raonic en la final, pero la mentalidad de Bautista, siempre en silencio, remando sea cual sea el resultado y el rival, le otorgó una más que merecida recompensa con tres juegos seguidos que equilibraban la balanza.

La remontada de Bautista despertó a la bestia

Rober caminaba en el alambre como si de una autopista se tratase y lanzado por la inercia y una derecha, un día más, majestuosa, se permitió el lujazo de volver a romper a Djokovic para servir a un juego de la final. Ganó el primer punto, pero sin saberlo, había desatado la tormenta perfecta, mucho más estruendosa, dañina y real que la –aún inexistente– que había provocado juegos atrás el cierre de la pista y la conversión del partido en indoor –más rápido, favorable para los tiros de Nole–.

Djokovic no sólo igualó la contienda a base de líneas con su derecha, sino que comenzó el tie break con su servicio, ese en el que no había hallado irregularidad, para sumar tres aces y dos restos de otro planeta que hicieron arrodillarse a un épico Bautista y condecorar, un día más, a Nole como ganador de un partido y en esta ocasión también flamante finalista del Masters 1000 de Cincinnati. Honores para un sobresaliente Roberto, pero la victoria de nuevo lleva la firma del número uno.

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