Los científicos ponen el grito en el cielo: piden medidas urgentes por el aumento de amebas peligrosas

En los últimos días, expertos en medio ambiente y salud pública han alertado acerca de las amebas libres, que viven en el suelo o en el agua, y no requieren un huésped para completar su ciclo vital, de ahí su nombre. Si bien es cierto que la mayoría de estas amebas no representan una amenaza para los humanos, pero algunas especies sí pueden causar infecciones graves y, en muchos casos, mortales. Uno de los ejemplos más destacados es la conocida como «ameba come cerebros», responsable de una infección cerebral extremadamente rara pero casi siempre letal, conocida como meningoencefalitis amebiana primaria.
La infección se produce al nadar o bucear en lagos, ríos o piscinas con un mantenimiento deficiente, y el agua contaminada entra por la nariz. La ameba asciende por el nervio olfativo hasta el cerebro, donde provoca una inflamación que resulta mortal en el 95% de los casos. Longfei Shu, autor principal del estudio y profesor en la Universidad Sun Yat-sen, explica que «estas amebas pueden sobrevivir a condiciones que eliminan a muchos otros microorganismos. Soportan altas temperaturas, niveles elevados de cloro y otros desinfectantes, y son capaces de vivir dentro de sistemas de distribución de agua que la población considera seguros».
Alerta por las amebas
Uno de los aspectos que más preocupa a los científicos es que las amebas libres pueden actuar como reservorios y protectoras de otros microorganismos patógenos, incluidos bacterias y virus peligrosos. Este fenómeno se conoce como el «efecto caballo de Troya», ya que, en su interior las amebas pueden albergar bacterias como Legionella, Mycobacterium o incluso algunos virus, protegiéndolos de los procesos de desinfección habituales. Un mecanismo que dificulta la erradicación de patógenos y aumenta la resistencia a los antibióticos.
Este mecanismo no solo dificulta la erradicación de patógenos, sino que también podría estar relacionado con el aumento de la resistencia a los antibióticos. Al vivir dentro de las amebas, algunas bacterias desarrollan adaptaciones que las hacen más resistentes cuando infectan a los seres humanos.
«La clave de la persistencia de Naegleria fowleri reside en su extraordinaria capacidad para alternar entre tres estadios fenotípicos que actúan como auténticos «disfraces» de supervivencia: el trofozoíto, que es la forma activa, metabólicamente voraz, responsable de la alimentación, la reproducción y, además, la única fase infecciosa para el ser humano; el quiste, una estructura altamente resistente en la que el organismo se encapsula dentro de una pared protectora que le permite soportar condiciones extremas como la desecación, temperaturas adversas o la presencia de desinfectantes; y el flagelado, una forma transitoria y muy móvil, equipada con dos flagelos que le permiten desplazarse rápidamente en el agua en busca de entornos más favorables, facilitando así su dispersión y adaptación a cambios bruscos del medio», señalan Javier Chao-Pellicer, José E. Piñero y Jacob Lorenzo-Morales, del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias (IUETSPC), Universidad de La Laguna (ULL) y CIBER de Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC).
Síntomas
Cuando el agua contaminada entra por la nariz, la «ameba come cerebros» puede provocar una infección rápidamente. La parte positiva es que no se transmite al beber agua, sino únicamente al nadar o bucear en lugares contaminados. A través del nervio olfativo, la ameba llega hasta el cerebro, donde provoca meningoencefalitis amebiana primaria.
«Los primeros síntomas de la meningoencefalitis amebiana primaria pueden incluir dolor de cabeza, fiebre, náuseas y vómitos. La enfermedad evoluciona rápidamente. La mayoría de las personas con meningoencefalitis amebiana primaria mueren de uno a dieciocho días después del comienzo de los síntomas. Generalmente causa el coma y la muerte después de cinco días», explica el Centers for Disease Control and Prevention.
A pesar de su peligrosidad, las infecciones causadas por estas amebas suelen ser difíciles de diagnosticar. Los síntomas iniciales se pueden confundir con los de otras infecciones más comunes, lo que retrasa el tratamiento. Suelen tratarse con antibióticos, como por ejemplo anfotericina B.
Cambio climático
Tal y como alertan los investigadores, el cambio climático está jugando un papel clave en la expansión de las amebas libres en todo el mundo. El principal motivo es que muchas de las especies más peligrosas son termófilas, es decir, prosperan en aguas cálidas. Por lo tanto, a medida que aumenta la temperatura global, las amebas colonizan lugares donde nunca antes se había tenido constancia de ellas.
Las olas de calor son cada vez más frecuentes, y una de sus principales consecuencias es el aumento de la temperatura del agua en lagos, ríos y embalses, creando condiciones ideales para la proliferación de estos microorganismos.
En los últimos años, se han registrado varios brotes en distintos países del mundo, los cuales han generado una gran preocupación tanto entre los ciudadanos como entre las autoridades. El problema ya no se limita a regiones tropicales, sino que las infecciones causadas por la «ameba come cerebros» pueden ocurrir en cualquier parte del mundo.