El truco para bajar la tripa después de Navidad no es el ejercicio, sino la alimentación: lo afirma Johns Hopkins Medicine
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Es difícil no comer de más durante las fiestas y la tripa suele quedar como un recuerdo persistente de aquellas cenas. Vuelves a la rutina, piensas en moverte más y en la posibilidad de ir al gimnasio, pero algunos expertos le dan más importancia a la alimentación que a salir a correr.
La clave está en elegir ciertos alimentos frente a otros durante los primeros días luego de las comidas pesadas. Desde Johns Hopkins Medicine indican un primer ajuste que no pasa por recortar grasa a toda costa, sino por frenar los carbohidratos. A partir de ahí, el cuerpo empieza a responder de otra manera.
Cambio en la alimentación: Menos carbohidratos en lugar de menos grasa
Los especialistas de Johns Hopkins Medicine explican que reducir carbohidratos tiene un efecto más directo sobre la grasa abdominal. Pan blanco, bollería, refrescos, zumos y productos azucarados disparan la insulina, una hormona que facilita que el cuerpo acumule grasa, especialmente en el abdomen.
Al bajar la cantidad de carbohidratos refinados, el organismo empieza a usar más grasa como fuente de energía y la pérdida de peso es más eficiente. No solo baja el número en la báscula, también mejora la proporción entre grasa y músculo.
Esto no significa vivir a base de proteínas ni eliminar grupos enteros de alimentos. Significa priorizar verduras, legumbres, proteínas de calidad y grasas saludables, como el aceite de oliva o el pescado.
Además, este enfoque no exige estar contando calorías todo el día. Se basa en decisiones sencillas y sostenibles, algo clave cuando lo que quieres es mantener el cambio más allá de enero.
Otros hábitos que ayudan a reducir la grasa abdominal después de Navidad
Una vez ajustas la alimentación, otros hábitos pueden empezar a sumar y reforzar el proceso. Estos son algunos de los más importantes:
- Muévete con regularidad: caminar a buen ritmo, nadar o montar en bici ayuda a reducir la grasa visceral, la que no se ve pero afecta a la salud.
- Incluye algo de fuerza: el entrenamiento con pesas o ejercicios con tu propio peso ayuda a mantener músculo, lo que hace que gastes más energía incluso en reposo.
- Lee las etiquetas: muchos productos bajos en grasa esconden azúcares y harinas refinadas que juegan en tu contra.
- Reduce los ultraprocesados: snacks, salsas y platos preparados suelen combinar sal, azúcar y grasas poco saludables.
- Mira tu entorno: comer y moverte mejor es más fácil si la gente que te rodea hace lo mismo. Busca a alguien con quien compartir tus objetivos de pérdida de peso, así el camino se hace más sencillo y entretenido.
- Duerme bien: dormir poco altera las hormonas que regulan el hambre y favorece la acumulación de grasa abdominal.
Todo esto funciona mejor cuando se combina. No es cuestión de hacerlo todo perfecto, sino de intentar mantener una base coherente.
Lo importante es no creer en soluciones rápidas ni en castigos. Así entenderás mejor cómo responde tu cuerpo a lo que comes y podrás ajustar el rumbo. El ejercicio ayuda, claro, pero la palanca principal está en la comida.
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