Un factor de bienestar

El sexo no se acaba en la tercera edad

Sexualidad
Casi un tercio de las personas con más de 70 años son sexualmente activas.

La salud sexual es pertinente a todo el ciclo vital de las personas, sean jóvenes o mayores, y no solo en los años de edad fecunda, según ha declarado la Organización Mundial de la Salud (OMS), que reclama reconocer la sexualidad como un factor de bienestar en las personas mayores. Entonces, ¿por qué hablamos de tabú en el sexo en esta etapa de la vida? Clara Fernández Porta, cofundadora de Rosita Longevity, sostiene que según nos vamos haciendo mayores nos sentimos más inseguros a la hora de practicar relaciones sexuales.

«Es curioso que aunque cada país y cada cultura tiene su propia idiosincrasia, en el terreno sexual entre adultos mayores hay determinados lugares comunes. En el imaginario colectivo, el sexo está considerado como la quintaesencia de la intimidad a cualquier edad, pero las limitaciones físicas, fisiológicas e incluso emocionales a las que nos enfrentamos según nos vamos haciendo mayores, incentivan que nos sintamos cada
vez más inseguros a la hora de practicar relaciones sexuales con nuestras parejas», explica en declaraciones a OKSalud.

En este sentido, detalla que «la escasa publicidad que existe en grandes medios para contribuir a dilatar la vida sexual placentera para una persona a partir de los 60 años, frecuentemente es desacertada y termina ridiculizando en sus formas esa mano tendida, resumiéndolo todo a productos para mujeres con sequedad vaginal y hombres que sufren disfunción eréctil». «Y esto, en un país en el que tenemos el chiste constantemente en la boca, no ayuda a verbalizarlo, convirtiéndonos en demasiadas ocasiones en rehenes de nuestros propios tabúes», afirma.

Rosita Longevity, un programa que se define como «una entrenadora de longevidad que, a través de una aplicación móvil, guía a las personas mayores para que puedan vivir muchos más años con salud y energía», se hace eco de una encuesta llevada a cabo en la Universidad de Lieja (Bélgica) y publicada el pasado mes de mayo mediante la que se concluye que un 31% de las personas mayores de 70 años son sexualmente activas en cualquier tipo de práctica carnal, incluidas la masturbación y el sexo anal.

Luego, ¿por qué se da esta circunstancia del tabú en torno a la sexualidad de las personas mayores? «Tenemos todavía arraigado en nuestro inconsciente el principio genético de la fertilidad y vamos a tener que luchar, como lo viene haciendo el colectivo LGTBIQ+, en borrar los límites del erotismo e incorporar a las diferentes franjas de la población dentro del grupo de sexualmente felices», responde Fernández.

«Las limitaciones físicas tienen gran parte de culpa y por instinto de supervivencia o economía emocional, tendemos a discriminar aquello que nos hace sentir inseguros. Por lo que terminamos huyendo en vez de enfrentar el problema, de conocer lo que lo causa y barajar las diferentes soluciones. No se trata de derribar barreras imaginarias sino de construir puentes tangibles. Y para ello debemos apoyarnos en las ciencias de la salud.
Sin embargo, apenas existen expertos en fisioterapia o terapia ocupacional que entiendan o propongan a sus pacientes cómo compaginar una vida sexual activa y placentera, si por ejemplo, llevan una prótesis de cadera o de rodilla», denuncia la cofundadora de Rosita.

El problema no se da sólo entre las personas mayores, sino también entre los profesionales sanitarios, que, constata la experta, tienen la misma concepción errónea de la sexualidad de las personas mayores que la población en general. Y así la experta invita a «reflexionar seriamente sobre cómo es posible que un determinado juguete sexual haya sido capaz de abrir la caja de Pandora de la masturbación femenina y trasladar el debate a la calle e incluso empezar a liderar un movimiento y que los profesionales sanitarios no hayan/ hayamos logrado utilizar todo nuestro conocimiento para contribuir a ello».

«Asignatura pendiente»

Con todo, Fernández asevera que «la educación sexual sigue siendo una asignatura pendiente a nivel global» y aconseja la comunicación y la exploración continua como claves en la sexualidad, a la vez que explica el Plan de Longevidad Saludable de Rosita: «El impacto que tiene a diferentes niveles una vida sexual activa entre las personas mayores es algo que merece ser hablado, tratado y comunicado. Y desde luego no todo se soluciona con una pastillita o un gel».

Otro consejo pasa por asegurarse de tener una vida independiente y darse el espacio para que surja ese deseo natural. En este punto explica que hay un hito común entre todas las personas a partir de los 65 años: la jubilación. «Esa fase en la que se pierden rutinas, se comienzan a pasar muchas horas en casa, sin obligaciones, sin vidas paralelas, sin misterio. Tener a tu pareja en pijama en el sofá todo el día es una receta para la pérdida de la lívido. Varias sexólogas nos han comentado durante estos últimos años que han empezado a entender más este problema a raíz de la pandemia, ya que les han llegado a consulta muchos pacientes jóvenes con el mismo dilema», advierte.

El estudio liderado por Adina Cismaru-Inescu en la Universidad de Lieja se realizó mediante entrevistas en los hogares o en centros de cuidados para la tercera edad sobre 511 personas mayores de 70 años, de las cuales 200 tenían más de 80 años y 29 ya habían cumplido los 90. Los investigadores hallaron, además, que el 31% era sexualmente activo y el 47% había tenido actos de ternura con una pareja, como caricias, besos y abrazos. De los sexualmente activos, el 74% estaban satisfechos con su vida sexual y, de los no activos, el 60% estaba igualmente satisfecho con el nivel de intimidad compartida. A partir de este trabajo, se concluyó que después de los 70 años, para que la unión sexual sea satisfactoria, debe darse en una dimensión esencialmente emocional y que, aunque no hay límites en la edad para la sexualidad, tampoco debe verse como una obligación.

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