La migraña también afecta a los niños: cómo identificarla y prevenir sus crisis desde la infancia
Puede presentarse con crisis cortas de dos a tres horas, acompañadas de náuseas, vómitos e hipersensibilidad a estímulos externos

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La migraña no es una enfermedad exclusiva de los adultos, ya que puede aparecer antes de los 10 años, con crisis cortas de dos a tres horas, y acompañadas de náuseas, vómitos e hipersensibilidad a estímulos externos. Así se recoge en el documento que ha elaborado la Fundación Española de Cefaleas (FECEF) dirigido a pacientes y familiares con el objetivo de ayudar a dar respuesta a algunas de las cuestiones más frecuentes acerca de esta enfermedad neurológica en la infancia y adolescencia.
Aunque puede manifestarse antes, la edad de aparición de la migraña en la infancia se sitúa entre los siete y 10 años, teniendo un mayor riesgo, de aproximadamente el doble si uno de los progenitores la sufre, los hijos de padres con migraña.
Tal y como señala la autora de la información, la doctora Nuria Pilar Riesco, miembro del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (SEN) y del Comité Científico y Publicaciones de FECEF, «la migraña en niños y adolescentes es una enfermedad neurológica frecuente que requiere atención específica. Por lo que su reconocimiento temprano, la identificación de antecedentes familiares y la aplicación de medidas preventivas pueden reducir significativamente su impacto en la vida diaria. Si se actúa de manera adecuada desde la infancia, nos podemos anticipar a las crisis y mejorar el bienestar de estos pacientes y sus familias».
Los niños con migraña presentan episodios de fuerte dolor de cabeza, denominados crisis de migraña. «Estas crisis, si bien pueden tener una duración de hasta 72 horas, lo habitual es que en la infancia sean mucho más cortas, de unas dos horas, especialmente en los más pequeños», matiza la doctora Riesco. El dolor se localiza en la región frontal (uno o ambos lados) o en la región temporal (las sienes), siendo en los adolescentes más frecuentemente hemicraneal (medio lado de la cabeza).
Puede describirse como punzante, palpitante u opresivo y frecuentemente se acompaña de náuseas o vómitos, así como de intolerancia a estímulos intensos como luces brillantes, fuertes ruidos u olores. Es característico que la cefalea empeore con la actividad física o simplemente con los movimientos cefálicos.
También puede presentarse con aura, lo que incluye síntomas transitorios antes de la aparición de la cefalea o al inicio de la misma, fundamentalmente visuales (destellos o visión borrosa), y menos frecuentemente hormigueos en un lado del cuerpo o dificultad para el habla.
Diferenciar la migraña de otros dolores de cabeza
En este documento se insiste en la importancia de distinguir la migraña de otras cefaleas. «Diferenciamos la migraña de la cefalea tensional, que es otra de las más frecuentes, teniendo en cuenta, además de la existencia de antecedentes familiares de migraña, la intensidad del dolor y discapacidad que ocasiona, la localización, la duración, el empeoramiento con la actividad física y la asociación con náuseas, vómitos e hipersensibilidad a estímulos que es algo típico de la migraña», matiza esta experta.
Los principales signos de alarma son la fiebre, el mal estado general, la disminución del nivel de conciencia (somnolencia), la aparición de crisis epilépticas o la progresión de la cefalea (cada vez más intensa y persistente, llegando incluso a dificultar el sueño nocturno).
Diagnóstico, prevención y tratamiento
El diagnóstico es a través de la entrevista y la exploración física que se realizan en la consulta, y en la mayoría de los casos no es necesario realizar pruebas complementarias. En cuanto a su prevención, la doctora Riesco destaca las estrategias no farmacológicas, como parte fundamental de su abordaje y que consisten en mantener unos adecuados hábitos de sueño, alimentación e hidratación, así como de controlar el estrés, y realizar actividad física de manera regular.
Respecto al tratamiento, señala que «la migraña puede y debe tratarse en los niños y adolescentes. Para ello es necesario una valoración médica indicando un tratamiento farmacológico adecuado para controlar las crisis de migraña cuanto antes». En algunos casos, será necesario un tratamiento de mantenimiento denominado terapia preventiva, que tiene por objetivo lograr un mejor control de la enfermedad, disminuyendo el número de ataques de migraña, su gravedad y la discapacidad asociada a los mismos.
Compromiso con la educación sanitaria
La divulgación de este tipo de información forma parte del compromiso de la SEN y FECEF con la educación sanitaria: «nuestro objetivo es ofrecer a las familias y a los profesionales herramientas sencillas y claras que les ayuden a identificar la migraña en los niños y aplicar estrategias de prevención eficaces. Entender la migraña desde la infancia es el primer paso para reducir su impacto a largo plazo», concluye la doctora Riesco.
Esta información, disponible en la web de la Fundación, busca fomentar la concienciación sobre la migraña infantil y proporcionar pautas prácticas para su manejo en el hogar y en la escuela.