Historia

Un yacimiento de 1,9 millones de años reescribe la historia: lo que revela contradice décadas de investigaciones

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Blanca Espada

Durante décadas, los historiadores y científicos situaban uno de los enclaves prehistóricos más relevantes de Oriente Próximo en una horquilla de entre 1,2 y 1,6 millones de años. Esa cifra parecía consolidada. Sin embargo, una nueva investigación ha obligado a revisar por completo esa cronología y, con ella, parte del relato sobre la expansión humana fuera de África.

Se ha descubierto que el yacimiento de ‘Ubeidiya, en el valle del Jordán, tiene al menos 1,9 millones de años. El dato no es menor ya que supone retrasar cientos de miles de años la presencia humana en la región y lo coloca entre los enclaves más antiguos conocidos con evidencias de homininos fuera del continente africano. El hallazgo lo sitúa en paralelo con Dmanisi, en Georgia, considerado hasta ahora uno de los referentes clave para entender las primeras migraciones humanas. La consecuencia entonce es clara ya que se supone que los primeros grupos humanos se expandieron por distintas regiones casi al mismo tiempo, mucho antes de lo que se pensaba.

Un yacimiento de 1,9 millones de años reescribe la historia

La Formación ‘Ubeidiya ha sido objeto de interés científico desde hace décadas. El yacimiento conserva herramientas de piedra y una abundante colección de fósiles animales, incluidos ejemplares de origen africano y asiático, varios ya extinguidos. Ese conjunto lo convierte en una ventana privilegiada a los primeros momentos de la humanidad fuera de África.

Uno de los elementos más destacados es la presencia temprana de cultura achelense, reconocible por sus grandes herramientas bifaciales talladas con notable simetría. Este tipo de tecnología implica una planificación y destreza superiores a las industrias más simples anteriores. Que esta tradición tecnológica estuviera ya presente hace al menos 1,9 millones de años en el Levante modifica el calendario de la innovación técnica y de los movimientos humanos asociados a ella.

Tres métodos para poner fecha al pasado

La investigación fue dirigida por el profesor Ari Matmon, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, junto al profesor Omry Barzilai, de la Universidad de Haifa, y la profesora Miriam Belmaker, de la Universidad de Tulsa. Su objetivo era claro: obtener una cronología más sólida basada en mediciones directas y no solo en estimaciones relativas.

Para lograrlo, el equipo combinó tres técnicas de datación avanzadas. Una de ellas fue la datación por enterramiento de isótopos cosmogénicos. Este método mide isótopos raros que se forman cuando los rayos cósmicos impactan en las rocas expuestas en superficie. Una vez enterradas, esas señales comienzan a desintegrarse a un ritmo conocido, lo que permite calcular cuánto tiempo llevan bajo tierra.

Además, los investigadores analizaron la señal del antiguo campo magnético terrestre conservada en los sedimentos de un antiguo lago del lugar. Los cambios en la orientación del campo magnético de la Tierra, registrados en las capas geológicas, funcionan como marcadores temporales. Las muestras indicaron que los sedimentos se formaron durante el Cron Matuyama, un periodo iniciado hace más de dos millones de años.

La tercera técnica se centró en conchas fosilizadas de caracoles de agua dulce del género Melanopsis. Mediante datación uranio plomo, los científicos pudieron establecer una edad mínima para las capas que contenían las herramientas de piedra. La coincidencia entre los tres métodos apuntó a una antigüedad significativamente mayor que la aceptada hasta ahora.

Un cambio profundo en la cronología

El nuevo marco temporal coloca a ‘Ubeidiya en torno a 1,9 millones de años, aproximadamente al mismo tiempo que Dmanisi. Esta sincronía sugiere que la salida de África no fue un episodio aislado y tardío, sino un proceso más complejo y posiblemente más rápido.

Los resultados también indican que al menos dos tradiciones tecnológicas salieron de África en ese periodo: la industria olduvayense, más sencilla, y la achelense, más avanzada. Es probable que distintos grupos de homininos portaran estas tecnologías mientras se expandían hacia nuevos entornos. La imagen que emerge es la de poblaciones humanas capaces de adaptarse a ecosistemas variados desde etapas muy tempranas, con repertorios técnicos diversos.

El enigma de los sedimentos «demasiado antiguos»

El estudio tuvo que resolver un obstáculo importante. Las primeras lecturas isotópicas sugerían edades cercanas a los 3 millones de años, algo incompatible con la evidencia paleomagnética, paleontológica y arqueológica disponible.

El equipo demostró que los sedimentos habían experimentado un largo proceso de reciclaje geológico dentro de la fosa del Mar Muerto y sus márgenes. Es decir, materiales previamente depositados y enterrados fueron posteriormente erosionados y redepositados en la costa de un paleolago en ‘Ubeidiya. Esa historia compleja de exposición y enterramiento explicaba las discrepancias iniciales y permitió ajustar el modelo cronológico con mayor precisión.

Reescribiendo el mapa de la primera humanidad

Más allá de la cifra exacta, el impacto del hallazgo es conceptual. Retrasar la presencia humana en el Levante hasta al menos 1,9 millones de años obliga a revisar las hipótesis sobre cuándo y cómo se produjo la expansión fuera de África. El yacimiento de ‘Ubeidiya ya era considerado clave, pero ahora se consolida como uno de los escenarios más antiguos de ocupación humana en Eurasia. Lo que parecía un capítulo bien asentado de la evolución humana vuelve a abrirse al debate científico.

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