Candilazos

Legislatura de convictos

Legislatura de convictos

Como si de una profecía macabra se tratase, los «Presupuestos de la cárcel», término que acuñó Rivera para denunciar las cuentas fallidas de Sánchez en 2019, van camino de materializarse. Pero esta vez con el agravante más triste, el sello de los herederos del brazo político de ETA. Entonces, los separatistas tumbaron la primera intentona de Chiqui Montero al no concretarse el diálogo sobre la autodeterminación ni la situación de los presos, que todavía estaban a la espera de la sentencia del Supremo.

Sin embargo, tras la repetición electoral y la conformación del Gobierno de coalición, los socialcomunistas se preocuparon bien de no tropezar con la misma piedra. El felonazo de Tetuán recibió al xenófobo Torra en La Moncloa con honores de jefe de Estado y los ministros se sentaron con los consellers secesionistas en la mesa de la vergüenza. La otra prebenda llegó más lenta, pero ya está encarrilada con la reforma del delito de sedición o vía concesión de indulto. El objetivo, dejar libres a los golpistas, que ya sólo duermen en prisión, antes de las elecciones catalanas previstas para San Valentín.

Con garantías de que los jefes de los lazis abandonarán los barrotes en breve, los de Junqueras permitirán a Sánchez llevar al BOE sus únicos Presupuestos en tres años y apuntalar la legislatura hasta 2023. Los votos de los rufianes separatistas, en lugar de la vía Ciudadanos, son suficientes para los rasputines de Moncloa, que el jueves ensayaron esta mayoría de convictos (con la abstención de Bildu) en el trámite de la polémica Ley Celaá antes de pasar al Senado. Los 177 escaños de PSOE, Unidas Podemos, ERC, PNV, Más País, Compromís y Nueva Canarias bastaron al Ejecutivo, que no obstante tratará de incorporar a los proetarras, al BNG y otros minoritarios para engordar su propaganda.

Lo de pactar por primera vez en democracia unas cuentas estatales con quienes no condenan expresamente la violencia de ETA y su reguero de 857 víctimas mortales ha sido encomendado al vicepresidente Pablenin, que se conoce el paño en lo de blanquear a los malos. La moneda de cambio para el apoyo batasuno ha sido acelerar el acercamiento de pistoleros de la banda y la concesión de beneficios penitenciarios como sacar a estos reclusos de los módulos de aislamiento. Más convictos en la ecuación.

Estas perversas cesiones han sido adoptadas con la vista puesta en el horizonte de la liberación de todos los presos etarras, previa transferencia de la competencia de Prisiones a País Vasco y Navarra. Un plan en absoluto improvisado que une al zapaterismo con el sanchismo con Iglesias como pegamento y cooperador necesario de la infamia. Es el líder podemita el que hace ahora las veces del siniestro Eguiguren y despacha con Otegi, de cuyos planes se puso al día el propio ZP en septiembre de 2018 durante las seis largas horas en que estuvieron reunidos en el tétrico caserío Txillarre, de Elgoibar. Así se entiende que Sánchez, sabedor del peligro de este triángulo de las Bermudas, no quiera que ni su vicepresidente ni el de León, tan compenetrados ellos, le marquen la agenda. De ahí su inquietud y silencio sobre Bildu, cada día más ensordecedor.

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