El pueblo de la Comunidad Valenciana con 133 habitantes donde se ha comprado una casa Violeta
Violeta Mangriñán se ha convertido en una de las influencers del momento
La empresaria se ha comprado una casa en el pueblo de su familia
Mangriñán ha cumplido el sueño de su abuela
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Violeta Mangriñán ha anunciado la adquisición de una vivienda en el interior de la provincia de Castellón, un gesto que trasciende lo inmobiliario para convertirse en una declaración de raíces y memoria familiar. Con más de dos millones de seguidores en redes sociales y una trayectoria empresarial que incluye proyectos como Maison Matcha y colaboraciones con firmas de lujo, la joven ha consolidado una imagen de éxito que también se refleja en su creciente patrimonio.
La nueva propiedad se encuentra en Aín, un pequeño municipio del interior castellonense con apenas 133 habitantes censados, donde Mangriñán pasó largos veranos durante su infancia. La elección del enclave no es casual: en este pueblo reside su madre y vivió su abuela materna hasta su fallecimiento en noviembre de 2024, lo que convierte la adquisición en un retorno simbólico a sus raíces. La vivienda llevará el nombre de «Casa Pepa», un homenaje directo a su abuela y al deseo de reunir a la familia en un mismo lugar.
Según ha explicado ella misma, el proyecto llevaba años gestándose y culmina una espera prolongada para encontrar una casa adecuada en el pueblo. El nombre elegido refleja la voluntad de mantener viva la memoria familiar y cumplir el sueño de su abuela de ver a hijos, nietos y bisnietos compartiendo veranos bajo el mismo techo. De este modo, la compra se convierte en un gesto de continuidad generacional que conecta pasado, presente y futuro.
Violeta Mangriñán da explicaciones
A través de un vídeo difundido en sus redes sociales, Violeta Mangriñán ha mostrado el estado actual del inmueble, una casa antigua que conserva numerosos elementos tradicionales propios de la arquitectura rural. Entre ellos figuran estructuras originales y detalles vinculados a la vida agrícola, como antiguos anclajes para animales de carga, que evidencian el pasado histórico de la vivienda. Lejos de ocultar estas características, la empresaria ha expresado su intención de preservarlas como parte del carácter del inmueble.
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El proyecto de reforma contempla aumentar la luminosidad, abrir ventanales y adaptar los espacios a un estilo contemporáneo sin renunciar a la esencia de las casas de pueblo. Este enfoque busca equilibrar modernidad y tradición, una tendencia cada vez más presente en rehabilitaciones rurales que pretenden conservar la identidad arquitectónica. La futura «Casa Pepa» aspira así a convertirse en un refugio familiar que combine comodidad actual con memoria histórica.
Una localización muy especial
Más allá del valor sentimental de la vivienda, Aín destaca por su riqueza patrimonial y natural, lo que lo convierte en uno de los pueblos más pintorescos del interior de Castellón. Situado en pleno Parque Natural de la Sierra de Espadán, el municipio conserva un trazado urbano de origen musulmán, con calles estrechas y empedradas que serpentean entre casas blancas adornadas con macetas.

Entre sus principales atractivos se encuentran las ruinas de su antiguo castillo, un lavadero tradicional, un molino y la iglesia parroquial del siglo XVIII, elementos que testimonian su evolución histórica. El entorno natural, dominado por pinares y alcornocales, alberga una notable biodiversidad y sitúa al municipio en una posición privilegiada para el turismo rural y el senderismo. Este contexto convierte la elección de Aín en una apuesta por un estilo de vida más pausado, en contraste con el ritmo urbano.
Una decisión con mucho significado
La compra de esta vivienda se enmarca en un momento de consolidación profesional para Mangriñán, cuya actividad empresarial y presencia digital continúan en expansión. No obstante, la elección de un pequeño pueblo del interior valenciano pone de relieve la importancia de las raíces en su trayectoria vital, proyectando una imagen de cercanía que conecta con su comunidad de seguidores. En definitiva, «Casa Pepa» se perfila como un espacio de reunión familiar, pero también como un símbolo de identidad.
En un contexto en el que muchas figuras públicas apuestan por grandes núcleos urbanos o destinos internacionales, la decisión de invertir en un municipio de apenas un centenar de habitantes adquiere un significado especial. Más que una residencia secundaria, el proyecto representa un legado emocional y cultural que aspira a perdurar en el tiempo. Con esta adquisición, la influencer no sólo recupera un vínculo con su infancia, sino que contribuye a mantener vivo el tejido social y afectivo de un enclave rural que forma parte esencial de su historia.
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